Aquel verano de hachís y mafiosos de Manuel Expósito

El policía durante el verano de 1997, cuando llegó a Málaga. / SUR
Málaga en Verano

Ha pasado gran parte de sus veranos en la UDYCO, persiguiendo sin descanso a delincuentes y frustrando sus operaciones

A Manuel Expósito le había atraído desde pequeño la policía. Nacido en el pueblo de Alcaudete (Jaén), en el seno de una familia humilde de agricultores, lo que le obligó a compaginar los estudios con el trabajo en la época estival desde muy joven. Aunque probó unos años la carrera militar, pronto su vocación le hizo acabar en la Policía, cuerpo en el que ingresó cuando tenía solo 20 años, en enero de 1980.

Recuerda aquellos primeros veranos en el cuerpo con cariño, cuando pateaba junto con sus compañeros las calles de Madrid detrás de delincuentes. Robos, menudeo de droga y algunas incautaciones de armas, Expósito ya formaba por aquel entonces parte de los grupos de investigación de la Policía Nacional.

Sin embargo su vida iba a dar un giro en el verano de 1997, cuando cambió el calor de la capital del país por la brisa marina que corre por Fuengirola, localidad a la que se trasladó a vivir cuando le mandaron a Málaga. «Pedí este destino porque soy andaluz y quería irme acercando a mi tierra», apunta.

Ingresó en la Policía Nacional en 1980 y ha formado parte de la UDYCO durante gran parte de su vida profesional

Acabó en Seguridad Ciudadana, patrullando en los coches conocidos en el argot policial como zetas, aunque pronto le llegaría una oferta que no pudo rechazar. A este policía nacional le encantaba la investigación y, cuando le ofrecieron entrar a formar parte de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (UDYCO) en la Costa del Sol, no pudo rechazar la propuesta.

«Fui de los primeros en llegar a esta unidad, que se acababa de formar recientemente», explica Expósito. Recuerda que la acogida de los compañeros «fue fabulosa», aunque se abría ante él un importante reto policial, en el que tenía que perseguir a destacados mafiosos internacionales y combatir este tipo de redes criminales.

El policía nacional recuerda todas las horas que pasó fuera de casa: «La familia es la que más sufre este trabajo, ya que te requiere una dedicación muy intensa».

La vida de Expósito había cambiado repentinamente en unos meses. Recuerda con cariño la acogida que tuvo en Fuengirola, localidad en la que sigue manteniendo su residencia, cuando no aprovecha para escaparse a su pueblo. «Pensaba que iba a ser un sitio muy turístico, con mucha gente de paso, y estaba preocupado por mis hijas, por ejemplo, por que no tuvieran amigos», apunta. Pero se equivocaba. Insiste en lo bien que le recibió la gente de la zona, esa misma que nunca le hizo sentir un foráneo.

La delincuencia a la que se enfrentaba también era radicalmente distinta a la que combatía en Madrid. Cuenta que le llamaba mucho la atención, durante los seguimientos que hacía a los mafiosos, ver cómo se movían con guarda espaldas, que presumiblemente iban armados todo el tiempo. «También empecé a ver el lujo en el que se movían y la relevancia que tenían los sospechosos, a los que se buscaba en muchas ocasiones de forma internacional», indica.

«Me impresionó ver el nivel de lujo en el que se movían los delincuentes en la Costa del Sol»

Ese primer verano que Expósito pasó en la UDYCO Costa del Sol realizó importantes operaciones. Recuerda una que le impactó «muchísimo», por la gran cantidad de droga que se incautó. El grupo pilló una furgoneta cargada con 1.500 kilos de hachís, una droga que en aquellos años se intentaba meter en el país casi a diario y que centraba buena parte de sus intervenciones.

«En Madrid habíamos cogido algunos cargamentos de cocaína y de hachís, pero nunca antes había visto tal cantidad de droga junta como en ese verano en el que llegué a la UDYCO. Eso me impresionó muchísimo», insiste el policía nacional.

La espectacularidad de las actuaciones no es lo único que Expósito guarda de aquel verano. También a muchos de sus compañeros, ya que aquel equipo fue «una piña». «Nació una amistad muy grande con el policía con el que trabajaba de forma más estrecha, de echo aún seguimos siendo amigos y estamos planeando algún viaje juntos», asevera.

El policía nacional tampoco puede olvidar sus últimos veranos. En los que, ya formando parte del Sindicato Unificado de Policía (SUP), del que ha sido secretario general en Málaga durante muchos años –entre otros puestos de responsabilidad– ha luchado para reivindicar un mayor refuerzo de las plantillas del cuerpo en la Costa del Sol en verano, cuando un tercio de la plantilla se va de vacaciones y la población se multiplica.

Pese a que el verano es sinónimo de trabajo para Expósito, reconoce que siempre ha aprovechado para escaparse algunos días al pueblo a ver a su familia. «También tenemos la suerte de vivir en Fuengirola y que muchos de ellos aprovechan la época estival para venir a visitarnos», añade.

Ahora este policía nacional ya se ha jubilado. Asegura que su intención es acabar la carrera de Derecho que empezó, pero que eso será después del verano. Por primera vez en muchos años, Expósito dice que quiere descansar y disfrutar de la familia, esa misma a la que insiste que tiene que devolver todas las horas que pasó lejos de ella, persiguiendo delincuentes en la calle.

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