El vapor Génova, una historia que sale a flote

Encuentran los últimos restos de un barco del siglo XIX que fue desguazado hasta en dos ocasiones

Grabado del ‘Génova’ que muestra el hundimiento, publicado en el ‘El Mundo Pintoresco’ en 1859 / J. Rey
Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

El ‘Génova’ se resiste a marcharse del Puerto. El vapor se hundió por accidente a finales de 1859, y lo hizo en el peor sitio posible, en plena bocana de la dársena del Marqués de Guadiaro (la que está comprendida entre los muelles 1 y 2). Desde entonces, hasta en dos ocasiones se hicieron trabajos para desguazarlo y evitar el riesgo de colisión de los barcos que entraban. Hasta hace unos días se daba por hecho que se había destruido por completo, pero no es así.

Jorge Rey Díaz de Rada es ingeniero industrial y gerente de Esgemar, una empresa malagueña especializada en el estudio de los fondos marinos, sobre todo para obras portuarias, tendidos de tuberías, etc. «En uno de esos trabajos vi una cosa rara, que no debía estar ahí; parecía una roca en el fondo del puerto. Lo estudiamos y vimos que tenía forma de barco». Comenzó a investigar los múltiples naufragios que habían ocurrido en la zona, hasta que descubrió uno que coincidía por la posición y el tamaño. Tenía que ser el ‘Génova’. Posteriormente, durante una salida para otro encargo dieron una pasada con una sonda de alta resolución multihaz. Y allí estaba.

El pecio, localizado en el fondo de la bocana por la empresa Esgemar durante unos trabajos, no suponen ningún riesgo para la navegación

En el año 1859, España libró la guerra de África o Hispano-Marroquí. Para proveer de materiales, municiones y personal, ante la falta de medios propios, el Gobierno decidió arrendar barcos a distintas compañías marítimas. El 29 de noviembre de 1859, el ‘Génova’ amarró en Málaga procedente de Alicante. «Era un buque de hierro de gran porte y llevaba a bordo 44 oficiales, empleados, 159 mulas y otros pertrechos de guerra. Además portaba abundante material explosivo», recuerda.

Batimetría multihaz del pecio hecha el 25 de julio de este año. / J. Rey

Precisamente, apenas arrojó las anclas a unos 180 metros de la Farola, en un fondo de unos ocho metros, se escuchó una fuerte detonación. «Inmediatamente, comenzó a arder la cámara de popa. La tripulación al descubrir las llamas y sabiendo que entre el cargamento iban 250 quintales de pólvora y mil granadas, desalojó el vapor».

El barco se hundió, y aunque Rey insiste en que actualmente los restos no presentan peligro alguno para la navegación, no siempre fue así. Hasta en dos ocasiones –la primera, poco después del naufragio, hacia 1862, y la segunda en los años 60 del siglo pasado– se intentó desguazar. «Los barcos iban ganan calado y molestaba al paso en medio del canal de entrada», de ahí que los responsables portuarios establecieran planes para desmantelarlo.

Piden la ayuda de la Autoridad Portuaria para hacer filmaciones y catalogar el pecio

Pero lo cierto es no consiguieron retirar los restos del todo. «Sería interesante ver lo que queda, porque es parte de nuestra historia», afirma, y reconoce que es un sitio muy complicado para trabajar. «Todavía no se ha bajado con buzos, están constantemente pasando barcos». Por ello, Jorge Rey reclama a la Autoridad Portuaria que financie un proyecto para documentar el pecio, hacer filmaciones y catalogar los restos que queden de aquel viejo vapor que se niega a marcharse de Málaga.

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