Una válvula de escape tras las rejas

Un momento del estreno de la última obra de teatro realizada por Málaga Acoge en la prisión de Alhaurín, 'Las cosas de la vida'. :: sur/
Un momento del estreno de la última obra de teatro realizada por Málaga Acoge en la prisión de Alhaurín, 'Las cosas de la vida'. :: sur

Biodanza, teatro o pintura de mandalas son algunos de los talleres de ocio que realiza la ONG en la cárcel, que sirven también para mejorar la convivencia entre los internosMálaga Acoge atiende cada año a 150 extranjeros a través del programa de prisiones

AMANDA SALAZAR MÁLAGA.

Día de estreno en la prisión de Alhaurín. Sobre el escenario, nervios a flor de piel. Entre el público, los sentimientos también afloran a medida que avanza la obra de teatro. Un guión pensado expresamente para los presos y que plasma en palabras el huracán de pensamientos que muchos llevan por dentro. La música y las coreografías hacen el resto. La responsable de la obra, Rosa Deblas, recuerda esos momentos de la última función llevada a cabo el pasado curso como algo muy emocionante y gratificante. «Ves cómo consigues romper la coraza de algunos internos, que incluso llegan a llorar; les tocamos la fibra sensible porque intentamos que la obra les haga reflexionar, a través del humor y sin ñoñerías, sobre cómo han llegado hasta ahí para que piensen 'vale, soy un gilipollas, he metido la pata', pero siempre con un mensaje de esperanza», señala esta voluntaria del Departamento de Prisiones de Málaga Acoge que lleva ya cinco años realizando este taller dramático en el centro penitenciario.

El teatro es una más de las actividades de ocio que Málaga Acoge realiza tanto en la cárcel de Alhaurín como en el Centro de Inserción Social (CIS) 'Evaristo Martín Nieto'. Clases de español, taller de pintura de mandalas o biodanza son otras de las alternativas que ofrece la entidad y que están abiertas a la población reclusa, tanto en régimen preventivo como penados en segundo grado y residentes en la Sección Abierta de Málaga, donde están en tercer grado. A través de estas actividades de ocio y del programa de asesoramiento jurídico, información y mediación familiar, Málaga Acoge atiende cada año a más de 150 extranjeros privados de libertad.

Clima de respeto mutuo

Pero no solo se destina a internos extranjeros. El objetivo de estos programas es doble, según explica Rebeca Pascual, responsable del trabajo de la ONG en prisiones: «Por un lado, intentamos apoyar a estas personas, que tienen un doble factor de vulnerabilidad, por estar en prisión y por ser extranjeros, con lo que muchos carecen de redes familiares o presentan otras dificultades, como el idioma». Por otro, los talleres tratan de fomentar espacios de convivencia entre las distintas culturas que coinciden en la cárcel para crear un clima de respeto mutuo. «No solo entre los extranjeros con los reclusos españoles, sino también entre las distintas nacionalidades y culturas: marroquíes, nigerianos, gitanos...», dice.

El taller de teatro es sin duda la propuesta de Málaga Acoge más demandada. Cada año, muchos internos solicitan la actividad y tienen que quedarse fuera. «Cuando empezamos, pensábamos arrancar solo con 12 internos y hemos llegado a tener 30 debido a la cantidad de peticiones que nos llegan; a pesar de todo, mucha gente se queda en lista de espera», señala Rosa Deblas. Algo que no viene del todo mal porque la situación de los internos que hacen sus pinitos como actores en este espacio cambia mucho durante los meses que duran los ensayos. «De una semana a otra nos encontramos con que ha habido traslados a otros centros o que les han puesto en libertad; por eso tenemos que trabajar de forma distinta, con obras muy corales y con mucha improvisación para preparar el espectáculo final», indica Deblas, quien señala que todos sus actores deben aprenderse la obra completa por si hay cambios de personajes a última hora.

Durante las dos horas semanales de teatro, los internos llegan a olvidarse de que están en la cárcel. «Trabajamos mucho la expresión corporal y poco a poco ves cómo van sacando cosas de dentro», dice. Una de las razones por las que el taller de teatro es tan esperado es porque es de las pocas actividades mixtas de la prisión. Participan tanto reclusas del módulo de mujeres como presos de los módulos masculinos. «Han surgido verdaderas historias de amor; para ellos este rato es como si volvieran a estar en libertad», dice.

Una válvula de escape para la vida carcelaria que también les ofrece la biodanza, una actividad que la ONG lleva tres años desarrollando en Alhaurín. Javier González, uno de los voluntarios que la imparte, señala que para los reclusos es «un soplo de aire fresco». «Hemos visto personas que han hecho transformaciones revolucionarias como por ejemplo, gente que no hablaba con sus familiares y que aquí han cambiado de actitud; otros que han visto que la cárcel puede ser realmente una oportunidad de acercarse a cosas nuevas», dice.

Desde hace dos años, también se realiza el taller de mandalas. El primer año, en el módulo de mujeres. Este verano se ha celebrado con hombres en la Unidad Terapéutica Educativa (UTE) y sobre camisetas. «Se trabaja la relajación para bajar los niveles de ansiedad, la autoestima, la motivación y también el perdonarse a sí mismos para intentar que lleven la estancia, a pesar de todo, lo mejor posible», añade Rebeca Pascual.

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