José Luis Utrera, el juez de las peores batallas que nunca dio clases de Historia

José Luis Utrera, el juez de las peores batallas que nunca dio clases de Historia
Vidas con Huella

El juez del ‘buen divorcio’ y de los 20.000 casos, pionero en impulsar la mediación para sanar la ‘herida emocional’

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Si cuatro personas caminan por la acera y tres son divorciadas, la cuarta bien podría ser José Luis Utrera, juez titular de Familia y con plaza fija en esa estadística sociológica que lo sitúa en el tercio de españoles sólidamente emparejados al primer intento. Además, la probabilidad le tiene acostumbrado a ser una cara familiar para muchas personas separadas con las que a menudo se cruza en cualquier lugar. Es uno de los magistrados del país con más casos tramitados y con más recorrido en asuntos de familia.

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Utrera es de los jueces que no sólo hablan por sus sentencias. Fuera de ellas, su pedagogía en favor de las rupturas acordadas fruto de una mediación le ha convertido en el juez de su ámbito más conocido de Málaga sin que su condición de hombre prudente y discreto le haya jugado nunca una mala pasada en el manejo profesional de ese ingente caudal de secretos, penas y miserias de tantos de sus conciudadanos, aproximadamente los 40.000 hombres y mujeres que se corresponden con esas 20.000 separaciones que han pasado por su despacho a lo largo de las últimas dos décadas.

Pedagogía social

Casado con una compañera de profesión, magistrada de la Audiencia Provincial, su trayectoria jurídica de treinta años –la primera década ejerció como abogado– le ha curtido como un árbitro siempre dispuesto a alejar las peores lesiones de las rupturas emocionalmente intensas y más conflictivas y a evitar que el fuego cruzado de la patria potestad acabe dañando a los hijos. En el oficio se rodó primero como letrado tramitando nulidades ante los tribunales eclesiásticos y procurando esas «medidas para la mujer casada» , recuerda la perífrasis del Código Civil cuando aun faltaban cuatro años para la Ley del Divorcio de Fernández Ordóñez de 1981. Desde 1997 su empeñó es tratar de separar lo mejor posible aquello que no puede seguir unido. Las abundantes lecturas –es un lector constante de novela y ensayo– y la experiencia le convierten en un forense privilegiado de la condición humana con un material de primera cuando llega el momento de dictar las medidas de una separación, acordada o no– para lo que asegura contar con la ayuda de un «magnifico equipo» de funcionarios, profesionales psicosociales que evalúan cada caso. También le queda tiempo para hacer pedagogía social en libros y en los medios, a los que no busca ni rehuye. «En este juzgado entra la gente con mucho dolor y el dolor debe quedar fuera del proceso», sentencia el juez del ‘buen divorcio’, que no se cansa de recomendar la mediación –una práctica que comenzó hace algo más de una década–como el mejor antídoto para canalizar fuera del ámbito jurídico ese torrente de emociones y desgarros que pasan a diario por su juzgado. Ha llevado sus argumentos y su experiencia a tres libros –dos ‘guías’ para un buen divorcio y ‘Mediación Intrajudicial. Práctica para abogados y mediadores’– dirigidos sobre todo a profesionales, unos clásicos del género pero también muy útiles para los protagonistas de las rupturas. No sólo trata de mejorar su oficio con ideas. También ha puesto cifras a su empeño por mejorar la práctica judicial ante las rupturas. Sus tablas para fijar el dinero de la manutención de los hijos, según cada situación familiar, pasaron de ser la herramienta particular de un pionero de provincias preocupado por la equidad a una referencia para los juzgados de Familia, después de que el Poder Judicial –donde sigue formando parte del grupo de asesores en materia de Familia– contara con su aportación para recomendar esa pauta económica y alejar así la discrecionalidad en el asunto que más conflictividad lleva a los divorcios.

Universidad

José Luis Utrera (1952)es el menor de los cuatro hijos de un abogado extremeño y de una farmacéutica abulense –«una de las primeras universitarias del país», precisa–, y se hizo abogado más por obediencia debida al padre que por otras razones, como la vocación temprana: «Yo empecé Filosofía y Letras porque siempre me había visto en el mundo de la docencia, como profesor de Historia, pero mi padre quería algo más práctico, así que también me matriculé en Derecho y parece que él estaba en lo cierto». Ni él ni sus hermanos respiraron en casa resentimiento ni euforia tras la guerra civil en una familia de provincias que se trasladó a Madrid, y que él sitúa como parte de esa ‘tercera España’, burguesía ilustrada y demócrata «que leía el ABC de posguerra, lo más liberal que había». Asomó a la edad adulta en una Universidad Complutense del 69 que andaba en ebullición antifranquista con más grises que blanco y negro. Tuvo compañeras de clase como Esperanza Aguirre y Pilar del Castillo, «que era de las que nos arengaba cada dos por tres para tomar el decanato, y luego vi, menuda sorpresa, que Aznar la hacía ministra de Educación.

30 años activo

Deporte y naturaleza: La lectura, correr –este domingo participa en la carrera urbana– y repoblar de forma anónima zonas quemadas le desconectan.

20.000: Casos han pasado en dos décadas por su juzgado, uno de los tres de Familia en la capital.

Más alla de la sentencia: Casi 5.000 ejemplares vendidos de sus tres libros –dos guías para el ‘buen divorcio y un tercero sobre mediación– dirigidos a profesionales y a público en general.

Tablas orientativas: Su sistema pionero para fijar la pensión por alimentos a los hijos marcó pauta a nivel nacional.

Fueron unos años en los aprendí mucho en el terreno humano e intelectualmente me formé», asegura alguien que pasó alguna noche en comisaría, que se siente «sobre todo demócrata» y que coqueteó con la izquierda pero que no tuvo que divorciarse de ninguna sigla, como tantos de su generación, porque no llegó a casarse aunque partidos precisamente no le faltaran. Ya como magistrado fue miembro de la asociación progresista Jueces para la Democracia, una experiencia temporal cerrada con cierto saldo de decepción:«Las asociaciones profesionales he visto que al final son más peldaños para hacer carrera que una defensa real de la profesión»

«Los divorcios se han estancado, pero es porque la gente se casa menos»

«Los divorcios en España se han estancado, pero es porque la gente se casa menos», resume el escenario actual en el que las rupturas de parejas de hecho toman el relevo a los matrimonios», describe el momento actual, en el que asegura que ha aumentado la litigiosidad por otras razones. «Con la custodia compartida, que en mi opinión sólo debe acordarse cuando hay una buena relación entre los padres, se ha generado una mayor implicación de los dos progenitores en los aspectos que afectan a la educación de los hijos, cosa que antes no ocurría porque el progenitor no custodio no se solía involucrar». Su juzgado, el número 5, puede presumir al igual que los otros dos de Familia de una hoja de servicios muy por encima del rendimiento medio fijado por el Consejo General del Poder Judicial. En casa, prohibido hablar de asuntos de trabajo. Los problemas se quedan en el juzgado. Es de los que sabe desconectar y lo hace por la vía del deporte –hoy domingo correrá la carrera popular– y también con una afición anónima y singular: plantar árboles en la sierra de Mijas, tan castigada por varios incendios cuya cronología recuerda con exactitud. Lo hace desde hace años: camina y planta. «Cuando me jubile, me gustaría ser guarda forestal», sentencia.

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