Urbanismo avisa de la dificultad económica de sacar a concurso el edificio de La Invisible

Vista del patio central de La Invisible, que además del bar sirve para acoger actividades. /SUR
Vista del patio central de La Invisible, que además del bar sirve para acoger actividades. / SUR

Considera que al tratarse de un espacio cultural la solvencia de los gestores quedaría «muy comprometida» si tuvieran que costear la rehabilitación del inmueble

Francisco Jiménez
FRANCISCO JIMÉNEZMálaga

El Ayuntamiento de Málaga inició hace un mes los trámites para recuperar el edificio de titularidad municipal de la calle Nosquera que desde marzo de 2007 está ‘okupado’ como sede de La Casa Invisible, pero lo que aún no tiene claro es en qué estado se sacará a concurso la gestión de este deteriorado inmueble para que siga manteniendo su uso cultural. La hoja de ruta marcada por el Consistorio contempla la redacción de un proyecto técnico para rehabilitar el edificio levantado en 1876 y, en función del presupuesto y de las recomendaciones de los técnicos en cuanto a la inmediatez con la que deban acometerse estas obras, ejecutarlas directamente y luego licitar la explotación de este espacio o bien a la inversa, adjudicando primero la concesión del edificio en el estado actual con la obligación de que los nuevos gestores acometan las obras.

Sobre el papel, la jugada más factible sería la segunda opción, ya que las arcas públicas no tendrían que asumir los costes de la rehabilitación que, dando por buenos los planteados en el proyecto que el equipo de arquitectura de La Invisible presentó al Consistorio, rondaría los 1,2 millones de euros. A esto se unen las dudas de sufragar las obras sin la garantía de que posteriormente vaya a encontrar adjudicatario.

Sin embargo, la Gerencia Municipal de Urbanismo, que no se atreve a concretar un presupuesto mientras no se realice un estudio sobre las patologías de la construcción y las obras a acometer, ya ha puesto en duda la viabilidad económica de dejar la rehabilitación en manos de la futura concesionaria, teniendo en cuenta que al ser un espacio cultural sería más difícil la rentabilidad de la inversión que tendría que afrontar.

«Tratándose de un equipamiento que se pretende destinado a uso cultural, la concurrencia de gestores con solvencia quedaría muy comprometida por la proporcionalidad entre ingresos y gastos (sobre todo los derivados de la rehabilitación completa del edificio). Ello requeriría una memoria económica muy exhaustiva», advierten los técnicos de Urbanismo en un informe incluido en el expediente del procedimiento impulsado por el Ayuntamiento para recuperar el inmueble. En este documento, también remarca que, mientras no se encuentre nuevo inquilino, «es el Ayuntamiento en calidad de propietario el que tiene la obligación de mantener el edificio en condiciones de seguridad, salubridad y ornato».

Amparándose en este informe municipal, la portavoz de La Invisible, Amanda Romero, insiste en que la adjudicación directa a la Fundación de los Comunes (entidad creada por el colectivo en 2011 para asumir la gestión) es «la mejor solución». «Sacar a concurso el inmueble es inviable económicamente porque se trata de una inversión que nunca puede ser recuperada si el edificio se destina a usos culturales», afirman. Por ello, a su juicio «queda claro que el uso del inmueble tendría un carácter mercantil y con ánimo de lucro, único modo de recuperar la inversión».

Este es uno de los argumentos que La Invisible pone sobre la mesa para tratar de retomar unas conversaciones que se venían manteniendo con el Ayuntamiento para regularizar la situación de este edificio pero que el equipo de gobierno ha cortado de raíz.

El punto de inflexión

El punto de inflexión fue la polémica exposición del pasado octubre que incluía una bandera de España en forma de horca y la puntilla la puso la organización de unas jornadas el pasado febrero sobre la libertad de expresión en la que estaban invitados dos expresos de la organización terrorista GRAPO. Aunque finalmente fueron canceladas por el revuelo generado, el PP consideró que era la gota que colmaba el vaso y, amparándose en el «incumplimiento sistemático» de la orden de Urbanismo que desde diciembre de 2014 prohíbe la celebración de actos de concurrencia pública en el inmueble debido a su mal estado de conservación, inició hace un mes los trámites para cumplir el acuerdo de pleno alcanzado con su socio de investidura (Ciudadanos) en octubre para recuperar el edificio con la idea de sacar su gestión a concurso público.

Mientras el expediente avanza en los despachos, el Ayuntamiento mantiene precintado el bar de La Invisible (la principal fuente de ingresos del colectivo para desarrollar sus actividades) a raíz del hallazgo de bacterias fecales en el agua del establecimiento, ajena a la red pública de Emasa.

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