Una travesía por el páramo

Viandantes transitan por la explanada de la avenida de Andalucía./J. M. A.
Viandantes transitan por la explanada de la avenida de Andalucía. / J. M. A.
COSAS DE LA CIUDAD

José Manuel Alday
JOSÉ MANUEL ALDAY

Atravesar el tramo de la avenida de Andalucía desde el puente de Tetuán hasta la ahora inexistente plaza Poeta Manuel Alcántara es de auténticos valientes. Y ya no solo porque ese tramo está desde hace demasiados años patas arribas con las obras del metro. También porque quien realice esa travesía en estas fechas, sin agua y sin protección alguna, difícilmente lo olvidará. Es como si de atravesar el desierto se tratara. Una travesía urbana y caótica que conjuga esas dos vertientes que vienen a ser más temidas que lo que se pueda uno encontrar en un páramo desértico. María Dolores Alcalá es una ciudadana que ha reparado en ello. «Es terrible la solana que hay en ese tramo desde Hacienda a El Corte Inglés. El otro día me fije en una señora que llevaba un bebé en un cochecito y que iba pasando por la zona y pensé ¡qué barbaridad ! Y que no se haga nada para evitar esta situación!». Comenta esta ciudadana que el año pasado propuso al Ayuntamiento acabar con ese páramo urbano instalando en la zona unos arcos con yedras y buganvillas, petición que asegura «fue aceptada pero no he vuelto a saber nada más de ella». Mientras tanto, los taxistas de la parada existente frente a los grandes almacenes allí ubicados se refugian como pueden bajo la sombra que da la estructura de entrada al aparcamiento subterráneo. Y los valientes que se atreven a cruzar ese tramo de desierto sin remedio caminan rápido y esquivan como pueden un cartel donde se lee «Recarga aquí», sintiéndose por un instante placas fotovoltaicas andantes.

Mesa y sombrilla junto al seto.
Mesa y sombrilla junto al seto.

Mercado del Carmen: mesas y sillas en zonas verdes

La ocupación de zonas verdes por parte de un establecimiento ubicado en el mercado del Carmen llama la atención de Félix Moral. «En otras ocasiones ya había estado en este bar, y las mesas y sillas ocupaban una pequeña parte del parque y convivían cívicamente espacio libre y el uso de restauración», dice. Sin embargo señala que al regresar de nuevo hace unos días ha comprobado cómo «casi la totalidad del pequeño parque estaba ocupado por mesas y sillas, tanto en sus partes centrales como laterales». «Las banquetas invadían y ocupan parte de la zona de tierra, donde se supone que hubo plantas. Los grandes macetones o jardineras, en vez de estar sobre la zona acerada, se encontraban dentro de los jardines, para ganar espacio para las mesas. El mismo destino que encontraban las sombrillas y sus respectivos soportes de hierro. Los restos de comida y servilletas son frecuentes en las terreras. Todo ello, junto a los sobrantes de bebidas no ayudan a la maltrecha salud de los setos. De hecho, una parte importante de estos setos se encuentra totalmente secos». «¿Cómo se permite la invasión salvaje del espacio público», se pregunta. Y se sorprende de la «ausencia de un control municipal».

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