Las tetas de Málaga

Los enamorados del Monte San Antón lo comparan con los senos de una mujer. Quien no haya coronado estas cumbres, no conoce la ciudad por todos sus costados

Estas dos protuberancias servían a los navegantes para saber que se acercaban a la costa
Estas dos protuberancias servían a los navegantes para saber que se acercaban a la costa / Ñito Salas
Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

Dicen que es uno de los mejores sitios para conocer Málaga. Para ver, 'tocar' y apreciar la capital en toda su plenitud, dicen los que saben, hay que subir al Monte San Antón. Un enclave para subir y contemplar la ciudad. Subir al Monte de San Antón es coronar 'las tetas de Málaga', como las llaman los enamorados de este entorno, o 'los pechos de Málaga', si se quiere ser más fino. Y antaño, estas dos protuberancias servían a los navegantes para saber que se acercaban a la costa de la ciudad. Aunque no tienen mucha altura, unos quinientos metros, su gran atractivo radica en cómo a tan sólo unos pasos del mar se alzan con una gran pendiente. Este lugar, que muchos definen como «el mejor mirador de Málaga», es todo monumento natural.

Ruta senderista

El visitante va digiriendo toda esta información mientras que el paseo se inicia por una senda forestal, a la que sólo se puede acceder andando. La subida es corta, pero dura en verano. Cerca de 1,5 kilómetros con pendiente. El día es soleado, pero el calor se atenúa con una estupenda brisa de levante. El camino tiene un final sensual: las tetas de Málaga. Lo único alto que hay en la bahía de Málaga. En el camino, coscojas, pinos carrascos de repoblación y algarrobos, que han sobrevivido a los incendios que han ido asolando este monte. Como buenos ejemplares del monte mediterráneo han sabido rebrotar y luchar contra uno de los principales males de esta climatología: los veranos secos.

Esparto, lentisco, bolinas (una genista típica de la Axarquía), jaras, tomillares y palmitos salpican el camino que, ahora, con la canícula, no se muestra en todo su esplendor. Entre las citas con más interés de este enclave se cuenta con la visita del botánico suizo Boissier, que dio a conocer a la ciencia el pinsapo de la Sierra de las Nieves. Pues bien, le llevaron a este monte porque consideraban los botánicos malagueños de entonces -y los de ahora- que tiene un gran valor. Entonces, Boissier, citó dos nuevas plantas para la ciencia: el 'Cytisus malacitanus', a la que apellidó con el nombre de Málaga como se puede apreciar; y la 'Fumaria macrosepala', una interesante especie rupícola (de roca).

Vistas desde el mirador de San Antón / SUR

El recorrido es pajizo, el color de los montes andaluces en el estío. Más adelante, la zamarrilla, la de la virgen. Es otro tomillo. Esto también fue un desierto. Sí, se llamaba así a la zona en la que estaban los eremitas. Un último esfuerzo para llegar hasta las cumbres. Arriba apenas hay vegetación porque es una zona muy ventosa.

Llegar al cerro es gratificante. Un fantástico mirador. El Monte San Antón por sus características geomorfológicas, litología caliza dominante y fuertes pendientes, actúa como una auténtica reserva para la fauna y flora en un territorio fuertemente humanizado como son los alrededores de Málaga capital y, en general, toda la Costa del Sol. Y en cuanto a fauna, en este monte se han avistado nidos de águila perdicera, nidifica el búho real y la lechuza común y también se reproduce el malagueño camaleón. Existen 14 especies de reptiles, entre ellas las culebras bastarda, de herradura y de escalera, así como el lagarto ocelado y el eslizón ibérico. Y de las 75 especies de aves se avistan también lechuzas, currucas, tarabillas y mosquiteros, el pico picapinos y el herrerillo capuchino. Entre los mamíferos hay zorros, tejones, ginetas, comadrejas y garduñas. Además, es fácil observar en vuelo grupos de buitres leonados de los Montes de Málaga, que campean por estos riscos; y la presencia del jabalí es ocasional.

La visita termina en las cumbres cuasi gemelas. Al norte, la cadena montañosa de los Montes de Málaga; al este, el pico de la Maroma, en el parque natural Sierra Tejeda-Almijara; al sur, Málaga en todo su esplendor; al oeste; toda la costa hasta Fuengirola y las sierras de Cártama y Alhaurín de la Torre. Todo como si se pudiese tocar con la mano de la mirada. En el mejor mirador de la ciudad: sus pechos. O sus tetas. Sin eufemismos.

Fotos

Vídeos