TESTIGOS AL ESTILO DE JUAN EL BAUTISTA

COMENTARIO DEL EVANGELIO GABRIEL LEAL

El evangelio nos pone ante Juan el Bautista, precursor de Jesús. Él, como Jesús, ha sido enviado por Dios, forma parte de su Plan de Salvación. Juan ha sido enviado como testigo, para dar testimonio de la Luz, que es Jesús, Palabra de Dios hecha «carne», hombre débil y frágil como nosotros. Juan es consciente de no ser el Mesías, ni Elías, ni el profeta que marcaría el inicio de la era mesiánica. Se presenta con conciencia clara de su identidad, de sus dones y límites, humildemente: ni siquiera se considera digno de desatar la correa de la sandalia, un oficio propio de esclavos. Juan no es la Palabra, sino la voz que clama en el desierto invitando a preparar el camino al Señor y ofreciendo un bautismo de penitencia.

Con palabras del profeta Isaías, Juan nos invita a allanar el camino al Señor, a convertirnos y a descubrir su presencia entre nosotros. Todos estamos llamados a acoger el mensaje de Juan, si queremos recibir la presencia salvadora de Jesús: Juan ha sido enviado «para que por él todos vinieran a la fe». Estamos invitados a ser testigos del Señor para que otros puedan conocer y acoger al que ha venido como Luz que ilumina a todo hombre. Para ello, como Juan, necesitamos conocer nuestra propia identidad, saber que sólo estamos llamados a ser voz de la Palabra y, conscientes de los dones que hemos recibido, ponerlos al servicio de los demás. Y hacerlo humildemente, reconociendo nuestros propios límites. Sólo una actitud de anonadamiento permite ser altavoz de la Palabra y transparencia del Señor que no suplante ni ensombrezca su presencia.

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