«El terrorista no es un loco, sino una persona desesperada y manipulada»

El psicólogo Efrain Beliz ayer en la jefatura de la Policía Local. / SUR

Unas jornadas de la Policía Local analizan como debe ser una actuación en la que hay un implicado con problemas de salud mental

Alvaro Frías
ALVARO FRÍAS

«La idea popular que se tiene es que una persona que comete un atentado terrorista tiene que estar loca, pero esta impresión no es correcta». Así de contundente se mostraba ayer el psicólogo Efrain Beliz, que es supervisor de los programas de formación para la policía en Estados Unidos, quien expuso que los responsables de este tipo de acciones son personas «desesperadas que han sido manipuladas».

Durante la jornada ‘Actuación ante personas con enfermedad mental’, que organizó ayer la Policía Local para sus agentes, Beliz señaló que no hay un perfil establecido del terrorista. Sin embargo, apuntó que sí existe un patrón que suele repetirse, como es el hecho de que son personas «desesperadas» y están en un mundo de marginalidad.

«Si lo ha perdido todo o no tiene esperanza, es más fácil que los cazadores de los grupos terroristas logren manipularles», aseveró el especialista. Por ello, apostó por medidas de prevención, como podría ser prestar especial atención a las comunicaciones de estas personas.

La suya solo fue una de las charlas que se ofreció en la jornada, inaugurada por el edil de Seguridad, Mario Cortés. En ella se analizó la actuación de los agentes en los casos de intervenciones con personas que sufren una enfermedad mental. Andrés López Pardo, psiquiatra que forma parte de la dirección regional de la Fundación Andaluza para la Integración Social del Enfermo Mental, indicó que la persona con una enfermedad mental, en el momento de la intervención policial, tiene la mente en blanco y hace «asociaciones curiosas». Relató un caso real, en el que le expuso a una usuaria que se iba a marchar a una casa hogar ubicada en el Puerto de Santa María: «Cuando acabé le pregunté si me había entendido y me dijo que sí, que yo me dedicaba a vender casas».

Por ello, a la hora de afrontar las intervenciones, López Pardo señaló a los agentes que deben usar mensajes concisos en los que aborden una sola idea, tras lo que tienen que asegurarse de que la persona les ha entendido. No hay que seguirles la corriente, dijo, a la vez que insistió en que no profundicen en la conversación.

«Hay que emplear una forma neutra a la hora de interactuar. Si aseguran que están siendo perseguidos por un extraterrestre, si se le sigue la corriente es malo, pero si se les dice que están locos también. Lo mejor es, por ejemplo, decirles que si tienen ese pensamiento es que están agobiados», añadió.

Otra de las actuaciones que se trataron en las charlas fueron las intervenciones en casos de suicidios. El encargado de abordar este aspecto fue Israel Codina Fuillerat, psiquiatra en el hospital Clínico, quien insistió en la importancia de saber escuchar a estas personas, «que se encuentran en el momento más complicado de su vida».

A la hora de hablar con la persona que esté en situación de riesgo, Codina Fuillerat aseveró que hay que recopilar toda la información posible, «para saber cuales son las minas que no hay que pisar». No juzgar, evitar interrogatorios largos, no usar sarcasmos ni desafiar a la persona, son otras de las claves que hay que tener en cuenta.

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