Seguí emula a Banderas y renuncia a los concursos públicos

Seguí y Moreno Peralta, ayer./Francis Silva
Seguí y Moreno Peralta, ayer. / Francis Silva
Crónica Política

«Lo público viene envenenado», afirmó el arquitecto en unas jornadas profesionales en la que denunció «el infierno» de los trámites administrativos en el proyecto de la torre del puerto

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

El pasado abril, el grupo formado por Antonio Banderas, el estudio de arquitectura de José Seguí y la empresa Starlite ganaron el concurso de ideas convocado por el Ayuntamiento de Málaga para dilucidar los posibles usos de la parcela de los antiguos cine Astoria-Victoria con un proyecto de un edificio cultural de primer orden, con un teatro y locales de hostelería con espectáculo. Apenas un mes después, el actor y director malagueño se retiró de esta iniciativa dolido por las críticas desde la oposición municipal; el pasado septiembre, Banderas aseguró que no quiere «trabajar con dinero público, porque viene muy envenenado». Un posicionamiento que ahora emula quien fue su socio en este proyecto, el arquitecto José Seguí, quien este miércoles afirmó que tras la experiencia del Astoria no volverá a presentarse a los concursos públicos.

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«Desde el estudio decimos lo mismo que Banderas: nunca más nada público porque lo público viene envenenado», afirmó durante un coloquio con arquitectos como Salvador Moreno Peralta, Luis Machuca, Rafael Urquizar y Antonio Galisteo –que presentaron sus últimos proyectos a profesionales y alumnos universitarios– en el marco de la jornada ‘Architecture & Design. Diseño, Interiorismo y Arquitectura’ organizado por el Grupo Vía en el hotel Molina Lario. En ese foro y para redundar en su posición de alejarse de todo lo que huela a público, Seguí aseguró: «Estoy orgulloso de ser un arquitecto de calle; me busco mis patatas fritas haciendo la calle y buscando mis proyectos».

Seguí acudió a las jornadas a explicar su proyecto de la torre en el dique del levante del puerto de Málaga y la génesis del mismo; una iniciativa en el centro del debate y la polémica política, social y técnica. El arquitecto malagueño defendió esta iniciativa, que, según dijo, se encuentra actualmente en «el infierno» de los trámites administrativos. Cabe recordar que en el momento procesal actual de este proyecto –promovido por el grupo catarí Al Bidda y con una inversión prevista de 115 millones de euros para la construcción de un edificio de 135 metros de altura–, le corresponde a la Junta de Andalucía tomar la decisión sobre si el trámite ambiental de una parte del solar se hace por la vía rápida o la ordinaria; la diferencia es que en la primera la duración sería entre 4 y 6 meses, y en la segunda, 18 meses.

José Seguí, que en todo momento se refirió a las administraciones en genérico sin especificar si se refería a las de ámbito local, regional o nacional, sostuvo que la Administración se ha vuelto «pesada, tendenciosa y difícil» y que el hecho de que cada vez la maraña administrativa es mayor ha obligado a los estudios de arquitectura a contar con profesionales multidisciplinares para dar respuesta a las exigencias admnistrativas.

Agilidad

Respecto al hotel del puerto, José Seguí dio un toque de atención a las administraciones al pedir que las decisiones que tengan que tomar las adopten de manera rápida. Una línea en la que el pasado martes incidieron el presidente de la patronal andaluza y malagueña, Javier González de Lara; el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, y el presidente de la Autoridad Portuaria, Paulino Plata. El arquitecto malagueño añadió que es necesario que haya agilidad para que el inversor «no se canse», dando a entender que si no hay un desbloqueo de la situación el grupo catarí podría abandonar este proyecto.

Salvador Moreno Peralta, por su parte, uno de los arquitectos más conocidos de la ciudad, evitó pronunciarse sobre el impacto visual de la torre del puerto y su estética y se limitó a decir, a preguntas de los periodistas a la finalización de la jornada de trabajo, que aún nadie le ha explicado «la absoluta necesidad» de ese proyecto en el emplazamiento planteado desde el punto de vista económico, turístico, de la posición de la ciudad en su competencia con otras ciudades o en el terreno funcional. «Para justificar que esa torre pueda estar ahí tiene que defenderse y batirse el cobre en el terreno de la absoluta necesidad», sostuvo este arquitecto, quien rechazó que para la defensa de la torre en el puerto se utilice el argumento de que será un icono. «Un icono no pone a una ciudad en el mapa. Una ciudad está antes en el mapa y el icono viene a rubricar lo que la ciudad es», apostilló.

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