El sargento quiso engañar a la policía al intentar fugarse: «No tengo nada que ver con el accidente»

El guardia civil, a su salida de los juzgados de Torremolinos.
El guardia civil, a su salida de los juzgados de Torremolinos. / EFE

El agente acusado del siniestro en el que murieron tres turistas trató de huir del lugar de los hechos

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

Un testigo se percató de la maniobra y comenzó a gritar. El sargento de la Guardia Civil Miguel C. L., que iba vestido con un polo de color rojo y pantalones de pinza de color azul, acababa de cruzar los dos carriles de la calzada en sentido contrario, intentando dejar atrás el accidente que, presuntamente, acababa de provocar y que le ha costado la vida a tres turistas que venían a pasar unos días de vacaciones en la Costa del Sol. Hubo otros siete heridos, algunos de ellos en estado muy grave.

Noticias relacionadas

Miguel caminaba apresuradamente mientras hablaba por su teléfono móvil, según un testigo, que comenzó a gritar para alertar a la gente de que el supuesto responsable del siniestro pretendía huir campo a través. Dos policías nacionales de paisano, a los que les pilló el atasco que se formó a las 16.15 en la autovía A-7, escucharon las voces e interceptaron al sargento.

La conversación la reprodujo en la comandancia uno de estos policía. Según declaró, el suboficial le dijo: «Soy compañero, yo no iba conduciendo; el coche lo llevaba otro guardia civil, yo no tengo nada que ver con el accidente». Al agente no le pasó inadvertido el olor a alcohol y las pupilas dilatadas del suboficial, por lo que trató de retenerlo.

Miguel se resistió y hubo un pequeño forcejeo en el que también intervino un policía local de Benalmádena fuera de servicio, que lo ayudó a reducirlo. Juntos, lo llevaron al lugar del accidente a esperar a que llegara la Guardia Civil de Tráfico. Allí se sometió a la prueba del etilómetro, arrojando los resultados de 0,50 y 0,47 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Más tarde pasaría la de drogas, en la que también dio positivo, en este caso en cocaína.

Al ser interrogado por la jueza, que lo envió a prisión, el sargento no admitió haber intentado darse a la fuga del lugar del siniestro. Aseguró que no sabía dónde iba ni qué hacía, y que sólo quería que lo «pillara» un coche. Que en ese momento «solo quería morirse», según consta en su declaración.

El suboficial empezó reconociendo que se había tomado una cerveza –posteriormente, a preguntas de su letrada, una conocida penalista marbellí, admitió que era una jarra– con un pincho de tortilla en un bar de Casariche, localidad sevillana donde está destinado. Lo hizo cinco minutos antes de ponerse al volante del Hyundai propiedad de su padre con el que embistió al taxi en el que viajaban los fallecidos y los heridos de mayor gravedad; seis turistas de Kuwait y Bahrein que acababan de llegar a la estación María Zambrano y que se dirigían a Marbella.

Miguel C. L. tampoco admitió el consumo de drogas por el que se le investiga. Juró «por sus tres hijos» que no había tomado cocaína y arguyó que podía tratarse de un falso positivo que justificó en las tres coca-colas y la lata de red-bull que, según dice, se tomó en la comandancia antes de pasar el test de detección de sustancias estupefacientes, al que se ofreció «voluntariamente».

El sargento, que se mostró arrepentido, sostuvo en todo momento que sus facultades para conducir «estaban bien» y señaló que perdió el control de su coche porque otro vehículo –gris oscuro, pero no recordaba el modelo– se le cruzó. Según manifestó, ese automóvil se le cruzó desde la derecha, por lo que él frenó y se fue hacia ese mismo lado, donde tuvo la «mala suerte» de golpear en la parte trasera al turismo que circulaba por ese carril. Ahí, aseguró, perdió el control del coche, atravesó la zona de exclusión al tráfico de la calzada y colisionó con el taxi. Tampoco admitió circular a una velocidad excesiva, como indicaron algunos testigos. «Iría a 120 por hora, no iba muy fuerte», dijo durante el interrogatorio judicial.

En cuanto a los heridos, las tres personas que permanecen ingresadas tras el accidente continúan estables y sin que se tema por su vida, según fuentes sanitarias. Por un lado está la joven de 18 años que ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos del Carlos Haya, que presenta una buena evolución. Por su parte, también evolucionan de forma favorable la madre y la hija que fueron trasladadas al Clínico, donde se les intervino quirúrgicamente de diversas fracturas.

Fotos

Vídeos