La ruta del misterio por el centro de Málaga

La capital esconde leyendas y sucesos extraños en su centro/PxHere
La capital esconde leyendas y sucesos extraños en su centro / PxHere

Asesinatos, monstruos, fantasmas o duendes se han convertido a lo largo de la historia de la capital en noticias recopiladas en diarios y revistas

JON SEDANO

“Existen misterios cuya solución los hombres solo pueden vislumbrar, misterios que, por mucho tiempo que pase, solo resolverán a medias”. El padre de Drácula, Bram Stoker, escribía estas palabras hace 130 años. Unas palabras que pese a los avances de la sociedad, siguen vigentes a día de hoy: si un suceso no se logró explicar en su momento, darle una lógica años después, sin testigos con los que hablar y sin pruebas que analizar, es una tarea muy difícil. Y Málaga está llena de este tipo de hechos. Algunos pasan de boca en boca, otros, han quedado reflejados para la posteridad en algún periódico o revista.

Cada municipio tiene sus propias leyendas e incluso la capital tiene numerosos lugares que atrapan la atención de curiosos y de expertos en sucesos extraños. Pero no hace falta recorrer muchos kilómetros. El centro de la ciudad ofrece un tour siniestro por diferentes emplazamientos donde se dieron hechos misteriosos, que por una u otra razón, llamaron la atención de los malagueños. La mayoría de ellos no cuentan con una explicación clara, y cuanto más tiempo pasa, es más difícil dársela. SUR ha querido recopilar cinco lugares del centro de Málaga que fueron tachados de “malditos” por la gente de la época y que ahora, todavía, siguen alimentando la leyenda popular.

Paseo Heredia El sacamantecas malagueño que se bebió la sangre de un niño

El miércoles 13 de agosto de 1913, el periódico ABC incluía en la sección Crímenes y desgracias el titular ‘¿Niño asesinado?’. En la noticia se podía leer: “Málaga, 12, 6 tarde. Hace pocos días, unos vendedores de avellanas que se sitúan a la puerta de un cine dieron aviso a la autoridad de que un hijo suyo, de nueve años, había desaparecido. Esta tarde, unos chiquillos que jugaban en un cañaveral del barrio de Huelin descubrieron el cadáver de aquel pequeñuelo. Corrióse la voz y acudió mucho público. Entre la gente estaba la madre del muerto, que, al reconocerle, se desgarró en alaridos y llanto. La triste escena reprodújose poco después al presentarse el padre. El cadáver tiene señal de una cuchillada tras la oreja izquierda. Por el pronto no se puede saber si se trata de un asesinato; pero la voz pública así lo propala. La autopsia definirá”.

Otros periódicos de la época dieron a conocer que el niño se llamaba Manolito y que efectivamente, había sido asesinado cuando jugaba en las inmediaciones del cine Pascualini, situado en el Paseo Heredia. El terror se apoderó de la ciudad. Las madres no dejaban que sus niños salieran a jugar solos a la calle por miedo a que se los llevara el ‘sacamantecas malagueño’.

Meses después, las investigaciones dieron con ‘El Moreno’ y ‘El Trapero’, dos hombres que confesaron el infanticidio. ¿El motivo? Un individuo, al que nunca se logró identificar, les pagó por sacarle la sangre al niño y dársela para que se la bebiera. Los rumores de la época apuntaron a que este misterioso hombre era un tuberculoso que creía que al beber la sangre de un infante se curaría. Una creencia habitual entre los psicópatas de la época.

Recorte del diario Unión Ilustrada del 13 de agosto de 1913.
Recorte del diario Unión Ilustrada del 13 de agosto de 1913. / Unión Ilustrada
Los Cuartos de Granada El duende de la Alcazabilla que aterrorizó al vecindario con piedras

Dos días antes de que comenzara la Guerra Civil, el 15 de julio de 1936, una mujer que vivía en Los Cuartos de Granada, una zona de casas levantada entre las ruinas de la Alcazaba, observó un extraño ser en uno de los torreones. Era bien entrada la noche y la vecina se encontraba realizando tareas domésticas cuando escuchó un ruido en el gallinero. Salió y no vio nada, pero al regresar hacia el interior de la casa, observó en lo alto de uno de los torreones de Gibralfaro la silueta de un hombre de gran tamaño.

Asustada, corrió a avisar a una vecina, sumándose poco después varias personas más al ‘espectáculo’. La extraña figura parecía moverse pero al darse cuenta de que un grupo de personas observaba, desapareció. Poco después, una piedra de gran tamaño cayó en el centro del grupo de vecinos, rozando a una niña.

La noche continuó con normalidad, pero al día siguiente, sobre el mediodía, comenzó una “lluvia de piedras” que venía de todas partes. Algunos decían que el origen estaba en la casa con el número 24, deshabitada desde el fallecimiento de la mujer que allí vivía. La ‘lluvia’ duró unas ocho horas, hasta la madrugada, momento en el que el extraño ser volvió a aparecer por el torreón, solo que ahora lo hizo junto a alaridos y ruidos de cadenas. Los vecinos, armados con palos y navajas, decidieron ir a la casa 24, pero al acercarse, el ‘duende’ se escapó por lo alto de los tejados.

La lluvia de piedras regresó el 17 de julio, solo que en esta ocasión, alguna de ellas impactó sobre varias mujeres que se encontraban junto a la casa. Un grupo de malagueños tiró la puerta abajo y se encontraron la llave echada por dentro, aunque en el interior de la casa no encontraron a nadie. Aun así, un chico de la zona explicó a la revista Mundo Gráfico, que él había entrado después en la casa y había visto a un hombre de aspecto normal en ella, solo que al gritarle, este le tiró un ladrillo y salió corriendo. El joven no pudo alcanzarle. Debido al caos que se generó durante esos días, la policía envió una furgoneta con varios agentes a la zona, pero no hallaron rastro del ‘duende’ ni se volvió a saber nunca nada de él.

La revista Mundo Gráfico dedicó un reportaje al misterioso hecho.
La revista Mundo Gráfico dedicó un reportaje al misterioso hecho. / Mundo Gráfico
Calle Sancha de Lara El adulterio que terminó en una matanza y dio nombre a una calle

El cronista Narciso Díaz Escovar publicaba en los Anales de Málaga de 1915 el oscuro suceso que dio nombre a la calle Sancha de Lara. Corría el año 1640 y el Alcalde Mayor de Málaga, Don Pedro Olavarría, acudía al teatro con su esposa. Allí, actuaba Álvaro Torres, un hombre que se decía que tenía un romance con la mujer del regidor. La costumbre de la época era que los actores se descubrieran y se mantuvieran de pie hasta que el alcalde se sentara, pero Torres decidió no hacer ni lo uno, ni lo otro. El edil se percató y mandó a su alguacil a que fuera a por Torres para que compareciera ante su presencia, pero el actor contestó de malas formas al regidor, llegando a insultarle en público.

Olavarría, molesto por la afrenta, pidió que se le encarcelara y allí, de nuevo, habló con él. No se sabe qué le dijo, pero fuera lo que fuera, sentó aún peor al alcalde. Este, dictó una orden de ejecución sin esperar a ningún juicio, ni siquiera a que se hiciera de día. Al amanecer, la cárcel, que se encontraba en Plaza de la Constitución, se despertaba con una pica con la cabeza de Álvaro Torres clavada.

Los malagueños se tomaron bastante mal la ejecución sin juicio previo, pero no llegaron a levantar la voz, aunque lo sucedido llegó hasta la tía del difunto actor, Doña Sancha de Lara, su único pariente vivo. Al enterarse de la muerte de su sobrino, se dirigió a la corte del rey Felipe IV y tras demandar justicia, logró que el rey dictara la misma sentencia para Pedro Olavarría. Así, días después aparecía junto a la pica del actor una nueva con la del regidor, con un cartel firmado por Felipe IV que decía: “Esta es la justicia que el rey Don Felipe IV manda hacer contra los que abusan de su autoridad”. Según cuentan, el rey monarca, movido por las quejas de los familiares poderosos de Olavarría, decidió absolverle, pero la carta llegó tarde.

El oscuro relato se tornó en leyenda cuando comenzó a decirse que las siete cabezas de piedra que adornaban la entrada de la casa de Doña Sancha Lara, que estaba en la Plaza del Obispo, eran en recuerdo por las siete personas que habían muerto por aquel suceso (los rumores explicaban que se ordenó matar a todos los involucrados en la muerte del actor). Pero Díaz Escovar comenta en su crónica que esta parte es irreal: las cabezas eran mucho más antiguas que el hecho y no existió la orden de matar al resto. Aun así, tiempo después, Málaga decidió poner el nombre de la tía del actor a una de sus calles como recuerdo de la tragedia.

Los Anales de Málaga de 1915 hablan de esta historia oscura de la capital.
Los Anales de Málaga de 1915 hablan de esta historia oscura de la capital. / Anales de Málaga
Calle Alta El monstruo de Capuchinos que puso en jaque al barrio entero

“Los gritos de una vecina de la casa número 23 de la calle Alta vinieron a ser las señales de que algo extraño estaba sucediendo”. La frase se puede leer en una noticia publicada por SUR el viernes 4 de febrero de 1966. Dos días después, saltaba a varios periódicos nacionales.

Pero, ¿a qué se debían los gritos? La mujer explicó a los familiares y vecinos que llegaron corriendo al oírla que acababa de ver un monstruo. Era de un metro de altura, con el cuerpo cubierto de pelo largo marrón, una gran cabeza, los ojos inyectados en sangre y una boca que iba de oreja a oreja, de la que asomaban dos grandes colmillos.

Al verlo, la mujer salió corriendo gritando mientras se daba cuenta de que el grotesco ser trepaba hacia el tejado. Decenas de vecinos se acercaron a la zona (la noticia cuenta que a lo largo del día llegaron a ser más de mil curiosos) y uno de ellos subió al tejado, donde vio “algo moverse”. Entre varios tiraron abajo la puerta de la casa contigua, que estaba abandonada, pero no hallaron nada en el interior.

La policía se personó en el lugar, pero tampoco encontraron nada. Algunos vecinos apuntan a que el supuesto monstruo podía ser en realidad un gran gato o un mono, “ya que los gitanos acostumbraban a acampar en el Ejido y solían tener este tipo de mascotas”. Sea como sea, nunca se supo a ciencia cierta qué vio Trinidad Gómez mientras cocinaba, pero desde luego, llamó la atención de Málaga.

La calle Alta sirvió de escenario para que un supuesto monstruo se paseara por los tejados.
La calle Alta sirvió de escenario para que un supuesto monstruo se paseara por los tejados. / SUR
Calle Císter El poltergeist que se ha convertido en la leyenda moderna de la capital

Los extraños sucesos que ocurrieron en las oficinas de Plaza y Janés en 1991 son uno de los hechos de la capital que más han llamado la atención de los parapsicólogos. El reloj marcaba las 18 horas cuando, durante una reunión de empresa, comenzaron a escucharse golpes y varios objetos empezaron a moverse como si “una mano invisible los dirigiera”. Todo apuntaba a un poltergeist. Los empleados, al ver ante sus ojos lo que estaba pasando, salieron corriendo hacia la Catedral en busca de agua bendita y romero. Al regresar, todo se había calmado.

Durante días acudieron al lugar varios expertos en parapsicología y estimaron que los sucesos tenían una razón: Miguel, un antiguo trabajador que se había suicidado cinco años antes motivado por una acusación falsa. Según se cuenta, ese día se estaban exhumando sus restos y por ello, decidió manifestarse en el lugar. Es más, durante una sesión de espiritismo realizada durante los días siguientes, la vidente explicó que le había podido ver en el lugar.

25 años después de aquel suceso, SUR decidió arrojar algo de luz sobre aquel misterioso hecho, entrevistando a varios trabajadores que presenciaron todo y analizando los principales hechos con investigadores y profesionales que acudieron en su día al lugar.

Algo ocurrió en las oficinas de Plaza y Janés en 1991, pero de lo que pasó, a lo que se cuenta, hay un trecho. El jefe de ventas de la editorial, Rafael Ortega, explicó que “había muchas mentiras en torno al poltergeist de la calle Císter”.

Los extraños sucesos que se vivieron en la calle Císter se han convertido en una leyenda moderna.
Los extraños sucesos que se vivieron en la calle Císter se han convertido en una leyenda moderna. / SUR

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