Ruidos al amanecer

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COSAS DE LA CIUDAD

Los vecinos de Echeverría del Palo se quejan del horario de recarga de agua de la empresa de limpieza

PABLO MARINETTO

Es una escena que se repite prácticamente a diario y que cada mañana provoca el hartazgo vecinal en la barriada de Echeverría del Palo. A la altura de los números 5 y 7 de la avenida Salvador Allende se encuentra ubicada una estación de riego en el lugar de la antigua Estación de Bombeo de Aguas Residuales de El Palo. Se trata de un lugar de paso obligado para las máquinas y camiones de Limasa, que la utilizan para recargar las cisternas para la limpieza de las calles. Sin embargo, los vecinos aseguran que el horario establecido no tiene en consideración el derecho al descanso de los residentes en la zona. Según afirman a este periódico desde el Consorcio de Asociaciones de Vecinos ‘Regeneración del Palo’, los camiones llegan a la estación alrededor de las 07.00 horas y el «insoportable» ruido de los camiones les desvela cada mañana. Además no se trata de una situación excepcional sino continuada, pues en torno a las 09.00 horas llega otra cisterna de mayor volumen para repetir la operación.

La pretensión vecinal no es otra que la reorganización de los horarios de carga, que les permita descansar durante más tiempo. Aseguran que ya han hablado en más de una ocasión con los operarios de la empresa y que, a pesar de su comprensión, no pueden apagar los motores de la maquinaria porque se reflejaría en el control de los horarios de trabajo.

Descontrol del servicio

No muy lejos de aquí, en la parte alta de El Palo, el motivo de indignación vecinal es otro. Los problemas y el descontrol del servicio de limpieza en relación a la recogida de muebles se ha convertido en los últimos meses en un tema recurrente. Pese a la reciente normativa que establece un día de la semana para cada zona, la situación no ha cambiado en exceso. Los vecinos se quejan de que hay puntos por los que los camiones ni siquiera pasan y que los montones de muebles y basura suelen quedar acumulados durante días. «En teoría, el servicio debería pasar los martes, pero junto al portal de mi casa hay sillas, puertas e incluso sofás que llevan amontonados desde hace más de dos semanas», asegura Carmen Prieto, una vecina de la zona.

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