Una puerta a la comunicación

Francisco trabaja con los números en la pizarra digital./Francis Silva
Francisco trabaja con los números en la pizarra digital. / Francis Silva

El aula TEA RAP del colegio Giner de los Ríos introduce las nuevas tecnologías y los pictogramas para facilitar el aprendizaje y la autonomía de niños autistas

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Francisco, un chico autista de 13 años, estudia en la pizarra digital una de las unidades didácticas, en este caso, el ciclo del agua. Con la mano va colocando términos y definiciones en el lugar que le corresponde. Después acude a la pared donde, con dibujos o pictogramas, cada uno de los chicos tiene las tareas del día. Le toca ir al ordenador. Y después, el recreo. No necesita a nadie que le indique sus tareas. Francisco, a pesar de su Trastorno del Espectro Autista (TEA) tiene completa autonomía. Y en general el grupo de cinco chicos de este aula específica trabajan en buena sintonía. Las nuevas tecnologías y el trabajo de los profesionales del aula hace posible la comunicación, el aprendizaje y la autonomía de este grupo de chicos, de 6 a 14 años de edad.

De forma casi autodidacta, Rocío Miranda (tutora), Aida Claro (especialista en Audición y Lenguaje) y Pedro Salas (técnico en Integración Social) están consiguiendo este pequeño milagro, que sorprendió a los responsables de la Delegación de Educación, que visitaron ayer estas instalaciones con Patricia Alba, la delegada. El Ayuntamiento de Málaga equipó esta aula específica, lo que ha permitido mejorar las instalaciones, montar más equipos y, sobre todo, dotar de más espacio y facilidad de movimientos a los chicos. Trabajan, explican sus responsables, el aprendizaje por rincones (el rincón de pensar, por ejemplo, para cuando hacen algo incorrecto) y organizan el espacio temporal de las actividades diarias de los alumnos en base a los pictogramas, con una agenda personalizada para cada alumno, que es su horario. «A través de los dibujos saben lo que tienen que hacer en cada momento, qué actividad tienen que hacer cuando terminan la anterior; esto evita inseguridades y ansiedad», señala Pedro Salas. «La pictografía –añade Rocío Miranda– asegura la comprensión de estos alumnos, sin ella se sienten perdidos, es un sistema alternativo de comunicación».

Los dibujos les ayudan a entender lo que hacen.
Los dibujos les ayudan a entender lo que hacen. / Francis Silva

El equipo ha ido «aprendiendo trabajando», de manera casi autodidacta y adaptando herramientas, como la aplicación para móviles LetMeTalk (un procesador de texto que pasa frases a imágenes) o la metodología Teacch, un sistema de enseñanza estructurado que adapta el espacio y el sistema de trabajo a personas con autismo, y que ellos han modificado con la introducción de las nuevas tecnologías. En la pizarra digital utilizan el software de ActivInspire, pero que ellos han transformado para que sirva a estos niños, hasta el punto de hablar con sus programadores para poder realizar las adaptaciones que necesitaban.

Los niños tienen sus propias tablets, y los responsables del aula han elaborado el contenido de todas las unidades didácticas que estudian a lo largo del curso. Incluso han subido estos contenidos a la ‘nube’, de manera que pueden seguir estudiando en casa. El equipo trabaja «por la inclusión» de sus alumnos y no solo porque estén integrados, señala Aida Claro. Por esto, en esta aula se organizan actividades a las que acuden otros compañeros.

Grabar lo que ven

Ellos mismos han adquirido una cámara 3D con la que van a grabar los movimientos necesarios para, por ejemplo, ir al médico. «Estamos esperando que el hospital nos autorice a grabar. Así, el chico tendrá todas las imágenes, desde que sale de casa, el trayecto, el hospital y hasta que llega a la consulta», sabiendo lo que tienen por delante van con más confianza y tranquilidad», indica Pedro.

El equipo de profesionales ha adaptado aplicaciones de móvil y software y prepara la señalización del barrio para procurarles autonomía y seguridad

El equipo que forman Rocío, Aida y Pedro (cuyas iniciales dan nombre al aula TEA RAP) prepara las unidades didácticas que trabajan los alumnos en el aula y los pictogramas que les orientan por las actividades de clase. Para ello utilizan todo tipo de recursos, desde fotos (por ejemplo, han fotografiado todos los platos del menú escolar), vídeos o música. Los estudiantes del ciclo de Sonido e Imagen del Politécnico Jesús Marín les están ayudando en el rodaje de una película: van un día a la semana para tomar las escenas que se han estudiado en casa, con los guiones que les prepararon sus educadores. También un día a la semana van a una finca de Benagalbón, para que estén en contacto con caballos, atendidos por un terapeuta y un especialista en hípica. Y han solicitado la canoterapia o rehabilitación con ayuda de perros.

El equipo de profesionales quiere dar un paso más por la integración e inclusión de sus alumnos, y ha presentado a la Junta de Distrito un proyecto, en el que llevan trabajando tres años, para señalizar con pictogramas centros públicos, como bibliotecas, paradas de taxi o autobús, y comercios de Cruz del Humilladero. Y para compartir con otros docentes sus experiencias, han elaborado manuales sobre el diseño y contenido de los pictogramas. Todo ello, afirma Aida, para procurarles «autonomía y seguridad», tanto a personas con autismo como para los que tengan cualquier otro problema de comunicación.

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