Proyecto Hombre impulsa un programa para que las empresas detecten adicciones en sus empleados

Entre un 15 y un 30% por ciento de la población española tiene problemas de consumo. /Sur
Entre un 15 y un 30% por ciento de la población española tiene problemas de consumo. / Sur

La iniciativa surge del nuevo perfil que la ONG advierte en sus sesiones de terapia: casi el 70% compatibilizan su empleo con el consumo de drogas

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Cuando Carlos, director de Marketing de una gran empresa dedicada a la limpieza, a las reformas y a la climatización, encontró sobre su mesa la factura mensual de teléfono móvil de uno de sus empleados se dio cuenta de que estaba ante un problema cuyo origen había que detectar cuanto antes. Aquella cuenta de más de 2.000 euros superaba «con mucho» la cantidad habitual de otros empleados como él, que hacía labores de comercial y que además «parecía un tipo extrovertido» del que hasta el momento no había quejas salvo el progresivo incremento mensual en sus facturas. El trabajador creyó dar por zanjadas las explicaciones con un escueto «es que tengo muchos clientes», pero un análisis en profundidad de los detalles de la factura arrojaron otros datos que no cuadraban. «Fue entonces cuando descubrimos la base real del problema», admite Carlos, quien explica que el empleado «llevaba un nivel de vida muy superior al que le permitía su sueldo medio y para tratar de ganarse una cantidad extra se enganchó a las apuestas online». Con el teléfono de la empresa. La compañía, que cuenta con 150 trabajadores, intentó negociar con él la manera de devolverlo, «pero se rompieron todos los puentes» y aquello terminó en despido.

Esa ruptura de relaciones es, de hecho, la salida mayoritaria en los casos en los que las empresas detectan que sus empleados cuentan con algún tipo de adicción, ya sea al juego, a las drogas, al alcohol o a las nuevas tecnologías, entre otras muchas. «Normalmente los problemas están ahí, pero los empresarios no los quieren ver». Quien habla es Belén Pardo, directora de Proyecto Hombre en Málaga, a quien llegó la voz de alarma de este tipo de situaciones –cada vez más «numerosas», admite– no por las consultas de las empresas, sino por el perfil que comenzó a detectar en los adictos que a pesar de ser consumidores eran capaces de compatibilizar sus trabajos con una terapia de desintoxicación en el ‘Programa Nocturno’ de esta asociación: en efecto, desde el año 2003 Proyecto Hombre había puesto en marcha este programa específico para evitar que los consumidores «que llevaban una vida relativamente normalizada» rompieran los lazos con su entorno por culpa de un ingreso. Y desde entonces la cantidad de personas atendidas, en la actualidad medio centenar en terapias que se celebran por la tarde o por la noche para ajustarse a su horario laboral, no ha dejado de crecer: «Os sorprendería el perfil de las personas que vienen», advierte Pardo, quien incluye entre esos nuevos tipos de adictos con una vida relativamente normal a abogados, médicos, camareros e incluso empresarios... «De los últimos hay muchos», añade la directora de Proyecto Hombre, quien aporta otro dato que da que pensar: «Casi el 70% de los adictos que en la actualidad siguen un tratamiento de desintoxicación son personas que compatibilizan la terapia con su puesto de trabajo».

Los datos

70%
de los adictos que siguen un programa de desintoxicación en Proyecto Hombre lo hacen compatibilizando la terapia con su puesto de trabajo.
15-30%
de la población española de entre 14 y 64% tiene algún problema de consumo, o bien de alcohol, o de drogas, o combinado.

Esa percepción real y «preocupante» de que el consumidor ya no tiene nada que ver con la imagen de antes –de hecho el perfil mayoritario de hoy es el de un varón, de unos 34 años y con una vida laboral y familiar normalizada–, y de que además este fenómeno va a más, está detrás de un nuevo programa que ha puesto en marcha Proyecto Hombre y que está dedicado de manera específica a las empresas: el objetivo es impartir una formación detallada tanto a empresarios como a trabajadores para prevenir el consumo de alcohol y otras drogas en el ámbito laboral.

Los empresarios que acudieron a la cita informativa.
Los empresarios que acudieron a la cita informativa. / Salvador Salas

«No se trata de crear ‘chivatos’, sino de saber detectar estas conductas a tiempo y ser capaces de resolverlas», añadía Pardo durante la sesión informativa que Proyecto Hombre impartió a unos quince empresarios procedentes de todos los ámbitos (hostelería, copistería, limpieza, inmobiliario, mantenimiento, comunicación e incluso universitario, con presencia de una representación del Servicio de Prevención de la Universidad de Málaga). De hecho, el ejemplo que Carlos compartió con sus colegas sobre la adicción de su empleado podría haber terminado en un acuerdo «beneficioso para las dos partes» en el caso de que hubieran contado con las herramientas necesarias: «Este servicio es bueno para la empresa porque se crea la sensación entre sus trabajadores de que los jefes se preocupan por ellos y están dispuestos a ayudar llegado el caso; y para el empleado representa una salida bien orientada a su consumo que le permitirá crear unos lazos de gratitud con su empresa y, además, ganará en productividad». O lo que es lo mismo: ayudar, al final, se traduce en más rentabilidad (social y económica) para la empresa.

«No se trata de crear ‘chivatos’, sino de detectar a tiempo los consumos», dicen en Proyecto Hombre

Y es que el problema del consumo en el lugar de trabajo no es un tema nada menor si se tienen en cuenta las estadísticas que manejan los organismos oficiales: según el Plan Nacional contra las Drogas dependiente del Ministerio de Sanidad, entre el 15 y el 30% de la población de entre 14 y 64 años tiene un problema de consumo excesivo o bien de alcohol o bien de otras sustancias ilegales. Y ese porcentaje –ojo– es perfectamente extrapolable a la empresa, es decir, en una compañía de cien trabajadores no sería extraño que entre dos y tres personas fueron adictos.

Las señales de alarma

Para prevenir estas situaciones no sólo es imprescindible «estar alerta y ser capaces de escuchar a nuestros empleados» –sostiene Pardo–, sino conocer una serie de señales de alarma que pueden avanzar que algo no va bien: por ejemplo si un trabajador falta todos los lunes, si excusa «muy a menudo» su ausencia diciendo que está enfermo o si llega a su puesto «con síntomas de consumo» es hora de abordar el problema. «Imaginad el peligro que puede representar una persona manejando un ‘torito’ después de haber bebido, o una persona que se dedique al transporte y que maneje cuando no está en condiciones», advertía por su parte el técnico de Proyecto Hombre Miguel Neira.

Los trabajos con turnos cambiantes, el sector sanitario y la hostelería son sectores de riesgo

A pesar de que nadie está libre de caer en el consumo irresponsable de alcohol o drogas y de que hay trabajos más ‘sensibles’ por el peligro que puede representar el ejecutarlos en estas circunstancias, es un hecho que hay sectores –o circunstancias laborales– que representan un riesgo añadido que puede terminar en consumo: son los empleos con ‘turnicidad’ (es decir, con turnos cambiantes a los que es difícil adaptarse), la hostelería e incluso los relacionados con el sistema sanitario «por el fácil acceso que se tiene a algunos fármacos», concluye Pardo, quien deja una última pista sobre la ‘normalidad’ que viven algunos adictos: «En nuestras terapias hay hasta empleados de farmacias».

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