«Cuando me vi en prisión decidí aprovechar la oportunidad»

Francisco J. Gil. /Álvaro Cabrera
Francisco J. Gil. / Álvaro Cabrera

Francisco Javier Gil, 34 años

ANA PÉREZ-BRYAN

La historia de Francisco Javier no es muy diferente a la de otros cientos de chavales que viven demasiado rápido y que caen en las «malas junteras» y en las drogas. En su caso, venir de una «familia normal y de padres normales que trabajaban en Carlos Haya» no le evitó caer en la tentación del «dinero fácil y rápido». «A ver, es que eso le gusta a todo el mundo, así que yo movía ‘mercancía’», admite este joven que lo hizo todo muy pronto: a los 16 ya tenía un hijo y con poco más de 20 la experiencia de que «la cárcel es muy mala». Allí, en Alhaurín de la Torre, pasó cuatro años y hoy cumple el tramo final de la condena –otros dos– desde el Centro de Inserción Social (CIS) del Guadalhorce, de donde sale de permiso para mover el curriculum, hacer entrevistas y cursos especializados y cumplir con los trabajos que van saliendo.

Francisco Javier se equivocó una vez, pero cuando se vio en prisión decidió «aprovechar la oportunidad». Entre rejas no sólo se sacó la ESO, sino que se incorporó a los cursos de albañilería, pintura y solería que impartía la prisión. «Estiré el tiempo a tope, hice de todo», recuerda el joven, que conoció las posibilidades que le brindaba Arrabal cuando pasó al CIS, el otro recurso penitenciario que les prepara para la reinserción en la sociedad y que facilita la entrada y la salida de los reclusos de manera controlada siempre que haya una justificación laboral.

Allí se ha preparado durante todo este tiempo y ya sabe que está «listo» para moverse en el mercado: «Estoy motivado y aprendo rápido», aplaude Francisco Javier, que en este tiempo ya ha tenido la oportunidad de trabajar como agente comercial, en una lavandería y en la empresa de paquetería Seur. El carácter temporal de todos ellos le genera algunas dudas por la estabilidad del futuro –su hija ya tiene 15 años– y lleva en paro desde el pasado 30 de agosto, pero si algo tiene claro este joven es que mientras llega el siguiente seguirá formándose: «En cuanto termino uno me vengo aquí, a Arrabal, ésta es mi segunda familia».

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