La barca de jábega típica malagueña surcará por primera vez las aguas de Venecia. Será el próximo domingo, 20 de mayo, en la 44ª edición de la Vogalonga, una ruta de exhibición de treinta kilómetros que atraviesa la ciudad italiana desde la plaza de San Marcos hasta rodear la isla de Burano.

Los clubes La Espaílla de El Palo y Pedregalejo se han «liado la manta a la cabeza» para participar en una de las regatas con más prestigio. «Entre los aficionados al remo es un evento donde quieren ir todos alguna vez en la vida; creo que es la mayor concentración de botes sin motor en el mundo», explica Felipe Romero, uno de los jabegueros de la 'Carmen y Gloria', la jábega paleña.

Los de La Espaílla irán también vestidos con el atuendo tradicional de pescador malagueño. Camisa blanca, chaleco, fajín rojo, pantalón entre la rodilla y el tobillo, y chanclas de cordones. Las mujeres se adornan el pelo con una biznaga. «Es más folclórico que competitivo», comenta Leopoldo Tapia, remero del Pedregalejo. «Es un espectáculo donde se ven embarcaciones de todo el mundo. Muchas piraguas. Mucho traje regional», se muestra ilusionado Romero por el viaje. «Es una especie de romería del Rocío en barca con tripulaciones de todo el mundo», comenta entre risas.

La estampa que deja el gran canal veneciano con cerca de tres mil botes de distintas culturas es muy parecida a la de las carrozas por Doñana. Dos jábegas (una por cada club) y una chalana (menor, de La Espaí-lla), en concreto, ya están en carretera para llegar el viernes, cuando aterrizan las tripulaciones. Más de 2.200 kilómetros en coche harán Juncal y Pedro. Este último, un presidente entregado con sus compañeros de Pedregalejo. Es familia de los Almoguera, impulsores y carpinteros de la barca jábega, y permitirá ahorrar parte de los cerca de 3.000 euros que cuesta el transporte. Se necesita un remolque especial porque es una de las embarcaciones más grandes y pesadas (800-900 kilos).

Doce personas agitan el remo en una jábega de más de ocho metros de largo y algo más de dos de ancho, de madera. En una típica góndola veneciana, uno mueve la barca mientras cuatro o cinco viajan, y la mayoría ya son de fibra. También «es más estrecha», apuntan los remeros malagueños.

Ocho horas en el agua

También será de las más lentas y especulan con disfrutar desde la cola de la regata. Tienen sobre ocho horas para completar la prueba y creen que llegarán justos para ese tiempo. Durante el trayecto atravesarán la ciudad por los estrechos canales, donde por instantes tendrán que ir de uno en uno. Luego navegarán la laguna veneciana y rodearán, haciendo de boya, las islas de Murano y Burano.

«Esto empezó como protesta por las embarcaciones que formaban olas, y tiene un poco de esa idea de mantener la tradición como nosotros», expresa el profesor Paco Pareja. Es uno de los perfiles del remero que viaja. No son deportistas de élite pero entrenan durante el año, también en invierno, y se ven capaces de afrontar el reto.

«Por la vistosidad y por la variedad tenemos ganas de ir». Allí ya han quedado con otros clubes de remo de Francia e Italia. Y desde España, con Galicia y País Vasco, lugares donde hay más afición. De hecho, en la jábega de El Palo irá de 'infiltrado' un remero vasco. Un mar de diversidad que saboreará por primera vez el casco de una jábega malagueña.

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