Fermín Encuentra, un peso pesado del ascensor que sigue en lo más alto

Fermín Encuentra. /Francis Silva
Fermín Encuentra. / Francis Silva
Vidas con huella

Fermín Encuentra se pagó la carrera como futbolista en Tercera, pero en ascensores sigue en la liga de los grandes a los 84 años. La Costa del Sol le cautivó y aquí creó Ascensores Braun, que vendió a Schindler. En el año 2000 fundó GEXXI, donde sigue atento a innovar

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

«En España sólo vivimos bien de esto 40 o 50 personas, y a los 30 años se acaba todo». El consejo del entrenador del Zaragoza, Domingo Balmanya, el día en que iba a probarle para el primer equipo sólo le reforzó en su idea de colgar las botas y ganarse la vida como ingeniero técnico. El fútbol sin pausa desde los diez años había sido también una afición alimenticia con la que pagarse la carrera en Zaragoza y ayudar algo a su padre, maquinista de Renfe, en los gastos de la familia. En el 54 dio las últimas patadas en Tercera división. Fue en el Egea de los Caballeros, «cinco mil pesetas de ficha y 250 pesetas por partido», se remonta a la foto de toda una paga semanal al alcance de pocos y que él se levantaba en una tarde. Había pasado por el Atlético Zaragoza, el Arenas, el Amistad y el Alfaro. «Era un medio volante izquierdo, aceptable pero bastante bruto por cierto, como buen aragonés», completa la ficha donde la cabezonería de «mula mañera» fue tenacidad en los negocios.

Asegura que siempre ha pensado a lo grande en el riesgo, decidiendo rápido los proyectos para llevarlos hasta el final. «La decisión en equipo es lo que más me gusta», explica su forma de trabajar con sus «colaboradores». «¿Qué es eso de llamar a los trabajadores recursos humanos?», se indigna. En el sector de los ascensores lo ha sido todo, desde cobrador de morosos y técnico en los comienzos junto a Javier Zardoya en San Sebastián hasta jefe de prototipos en Schindler, creador de patentes y presidente del grupo Diplomat.

La venta de Diplomat por 2.500 millones de pesetas marcó otro salto en su trayectoria

Fermín Encuentra llegó en el 65 a la Costa del Sol para montar los ascensores del Meliá Don Pepe. Aquel trabajo de Ascensores Viuda de Braun para José Banús le puso delante lo más parecido al paraíso. «Aquí me voy a venir y a matar a trabajar, pero mi familia va a disfrutar de esto», expresa aquel deslumbramiento por una zona de España que no se parecía al resto por el clima ni por sus grandes expectativas que veía. Desde entonces, Málaga ha sido el centro de operaciones de este zaragozano. Ascensores Braun, creada junto a los dos hermanos de la saga, fue su primera criatura propia. «Tenía 33 años y un seiscientos verde cuando asumí una delegación con 14 personas que se convirtió 17 años después en 316, casi la mitad de los 765 en España», recuerda.

En 1979 había comprado la sevillana Ciasa, «más grande que nuestra empresa y así dimos un salto terrible para trabajar en toda Andalucía». Ciasa-Braun fue el sello malagueño del grupo Diplomat, un ensamblaje de empresas de Santander y Cataluña del que fue presidente ejecutivo. En Diplomat no pudo atar a Artur Mas, hijo de uno de los socios, «un chaval brillante, preparado, con idiomas» responsable de Exportaciones que no era nacionalista y que se fue al Ayuntamiento cuando pretendí llevármelo a Madrid». En 1985 Schindler compró la empresa tras los intentos en vano de Encuentra para que los socios españoles capitalizaran la empresa, que superaba los 1.300 empleados. «Trabajábamos para los bancos, a los que pagábamos 300 millones en intereses al año», describe.

La venta, con él ya despedido como vicepresidente, se cerró en 2.500 millones de pesetas, un ‘pelotazo’ inesperado que se repartieron él y los demás accionistas. «En Schindler les habían entrado esos celos típicos en las multinacionales porque poco antes Thyssen había comprado Boetticher, así que acabaron pagando bien la segunda empresa española del sector», amplía su sonrisa permanente al comentar la jugada que le catapultó a otra escala directiva –vicepresidente de Schindler España– y económica. «Meses antes me habían llamado a Suiza pensando en echarme y acabé aconsejándoles a orillas de lago Lucerna sobre cómo mejorar la empresa», se sorprende aún de su suerte y de que le pidieran consejo oliendo a directivo cadáver. La venta le obligó a cinco años en parada empresarial en el ramo, un tiempo que dedicó a jugar al golf. «Dos veces campeón senior de España y dos Rolex», exhibe el resultado de esa máxima –«Donde me meto, me meto a fondo»– que también dio impulso al club de campo de Málaga.

GEXXI

Todavía se siente cómodo en una planta alta del éxito, a sus 80 años como fundador y accionista principal de GEXXI, la empresa con la que desde el año 2000 pone a Málaga en vanguardia del sector. Fue otro paso después de siete años al frente de Zergosa Sureste y Disa Suroeste, las firmas con las que regresó. En la compañía que ocupa 9.500 metros desde 2006 en el PTA pone el mismo interés en el traspaso de poderes a los hijos que en los números –14 millones de facturación este año– o en todo lo que se cuece en el departamento de I+D.

En la planta de Málaga se ensamblan ascensores «a medida» mientras que el acuerdo con XBL Elevator Group le permite desde 2015 a uno de los gigantes chinos de la fabricación el marcado CE a productos diseñados por los ingenieros desde Málaga. «En la empresa me ha gustado más el balance, la calidad, aunque no he sido un mal técnico, pero tampoco bueno», tira de modestia alguien que tiene registradas doce patentes, de ellas diez de utilidad y dos de invención. La última, Star Lift, es un ascensor montado ya en fábrica, que se transporta en tráiler y se instala en un día, con un ahorro de costes del 20 por ciento. Un gigante como General Electric perdió el pleito por la marca GEXXI, que también quisieron comprar los socios chinos. «No, ustedes fabricarán con nuestra tecnología, y nos pondrán precios de fábrica», recuerda el comienzo del acuerdo.

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