Pablo Pineda, el ‘Forrest Gump’ de la integración que salió de Fuente Olletas

Pablo Pineda. /SUR
Pablo Pineda. / SUR
Vidas con huella

Tiene un doble título, el universitario de maestro, y el de media vida de pedagogía directa y liderazgo con humor, sabiduría y emociones en libros y conferencias. El ‘Forrest Gump’ de la integración no piensa parar

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

¿Y al niño qué le ponemos? La pregunta del camarero se repetía a la hora de la comanda incluso ya camino de los treinta cuando iba con su familia a algún restaurante. Entonces, la creencia general confinaba sin más a las personas como él a un mundo analfabeto, sin entendimiento ni opinión, aunque Pablo ya había pasado por la universidad con bastante provecho pero se ve que algunos camareros no eran mucho de seguir la Prensa. Cada vez menos, aún se le acercan amables personas mayores que lo ven esperando el semáforo y se ofrecen a ayudarle a cruzar sin sospechar que desde niño se haya movido solo en autobús. «Qué le voy a hacer», dice resignado ante escenas de un pasado ya en extinción.

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La mirada a los diferentes como él dentro y fuera de los restaurantes, de la calle, de los colegios, de los medios y sobre todo de las familias ha cambiado radicalmente gracias al malagueño pero queda mucho camino. Así que a los 43 años sigue en la brecha está por una sociedad sin etiquetas aunque no tiene más remedio que aceptar la suya. Desde 2010 es el conferenciante estrella de la diversidad en la fundación Adecco, que le da un salario y altavoz a su pedagogía sobre integración laboral. Lo hace en foros académicos y ante empresas de España y Latinoamérica con una agenda que se ha estabilizado en acto por semana tras defraudar no pocas insistencias. «Ojalá llegue un día en que no tengamos que hablar de síndrome Down como tampoco de la desigualdad de la mujer», defiende la utopía de uno de los grandes cambios sociales y educativos al que tanto ha aportado.

«Lo mío parece el récord de permanencia en los 40 Principales», bromea sobre esa condición de primer licenciado universitario europeo

Pablo es un caso único de integración, también porque está en la exigua minoría del 5 por ciento con trabajo, y no un trabajo cualquiera porque son muchas sus capacidades especiales. Se siente orgulloso de su liderazgo pero también resignado a una cierta melancolía porque detrás de él no ve seguidores. «Lo mío parece el récord de permanencia en los 40 principales», bromea sobre esa condición de primer licenciado universitario europeo SD como un récord imbatido. «La verdad es que no conozco a ninguno. Me parezco a Paquito Fernández Ochoa, el esquiador que ganó su medalla de oro y hasta hoy», tira de la España paleolímpica para igualar un salto solitario en el invierno de la integración, hace casi 30 años. «Tú puedes» dice que es la frase a la que se agarró sobre todo en los momentos oscuros de juventud. Desde la primaria al bachiller, y luego a la universidad, la suya ha sido una carrera de fondo que le lanzó al ‘boom’ mediático y al mundo a los 15 años desde el modesto piso de Fuente Olletas. «Yo soy un privilegiado», da por buena la apreciación del periodista como balance de una vida de personaje público que hubiera sido otra muy distinta sin esa sobreestimulación que vivió desde primera hora y tan intensa como su esfuerzo. Aquel cuarto hijo fue un igual en trato y educación respecto a sus hermanos, todos también universitarios. La curiosidad permanente de Pablo siempre estuvo bien alimentada por unos padres «visionarios» que cambiaron la tentación de sobreprotegerlo por una sobredosis permanente de autoestima que a los cuatro años ya lo tenía leyendo. También le entrenaron en una autonomía que incluía hacer que viajaba solo en autobús «cuando en realidad supe después que me vigilaban en las paradas tapándose con periódicos», como en las películas.

Parlanchín

Se define como rutinario y responsable y también instalado en el lado opuesto al «silencio y los gestos». «Soy un gran parlanchín» se autorretrata quien se crece en los auditorios, en los platós de televisión y que da sopas con hondas en inteligencia, también emocional, y exhibe una capacidad sorprendente para pasar de las lágrimas a la risa, algo que en los cinco meses del rodaje de ‘Yo también’ contagiaba a todo el equipo. No pocas veces ha tenido que suspender de forma abrupta su afabilidad en defensa propia –«Oye, trátame como un igual, no me hables como si fuera un chalado»– porque lo suyo ha sido romper etiquetas con palabras, con libros y hasta con la película que le dio un «empujón de madurez»en su vida reencarnado en su propio personaje. Rompió así otro techo de celuloide para un SDy lo hizo lejos de gazmoñerías hollywoodienses. «No es que yo me considere un cerebrito pero sí alguien que se acerca con facilidad a la lectura, al estudio, a las noticias, y puedo relacionarme como cualquiera», recuerda a aquel niño que prestaba atención a los telediarios, todo un detalle que sumado al desparpajo que traía de casa movieron a una joven profesora a luchar para que se estrenara en la escuela pública por encima de escépticos. Entre los profesores que le marcaron, Pablo entroniza a Don Higinio, un maestro vocacional, que ya mayor se retó a sacar adelante a su primer SD, pero en ese santoral docente hay altar propio para Miguel López Melero, catedrático de Didáctica, la palanca de Pablo para el gran salto desde la escuela al bachiller y luego a la universidad. «Miguel dirigía el Proyecto Roma, y nos íbamos los dos a dar conferencias. Él explicando todo lo que era el proyecto, y yo con mi experiencia en el instituto, ni más ni menos. Ahí empezamos. Éramos un tándem perfecto», recuerda Pablo la prehistoria de su proyección pública de la mano de un pedagogo que defiende el entrenamiento de la inteligencia y de los valores en el aula. Todo empezó cuando Don Miguel le explicó a los siete años que era síndrome Down y responderle, ante la consiguiente curiosidad de Pablo, que ser tonto era otra cosa.

El síndrome del luchador

27 años de trabajo
y presencia pública le convierten en referente de la integración ahora como conferenciante, de su trabajo como formador en el Ayuntamiento de Málaga, como actor en la película –‘Yo también’ (2009)– presentador de televisión –‘Piensa en positivo’¬ (2013)– y autor de dos libros –‘El reto de aprender. Un relato desde la diversidad’ (2013) y ‘Niños con capacidades especiales.
Reconocimientos
Medalla de la Provincia y Medalla de Andalucía (2005), Concha de Plata al mejor Actor en el Festival de San Sebastián (2009, Pablo vive en Málaga, cerca de la rotonda que lleva su nombre.

En segundo de BUP tuvo conciencia de un extraño ‘bullying’. «No me perseguían, me ignoraban», resume desde la distancia un maestro que ve ahora «más crispación en las aulas» y a la sociedad y a los docentes aún sin preparar para aceptar a un desigual como enseñante, «también de valores». Pablo sigue infatigable la competición consigo mismo y leyéndoles la cartilla a los padres para que no sobreprotejan por platós, salones de actos, polideportivos, televisiones y allí donde le quieran escuchar. Si se le llama al móvil no hay manera. Pablo Pineda es de los que no paran de comunicar.

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