Ordenan exhumar el cadáver de la fallecida a la que se identificó como una mujer viva

Juana Escudero, en el Parque Cementerio./Efe
Juana Escudero, en el Parque Cementerio. / Efe

La jueza ha acordado que realicen pruebas de ADN a los restos que se hallan en Parcemasa y a Juana Escudero, a la que dieron por muerta en 2010

Juan Cano
JUAN CANOMálaga

El misterio de la defunción de Juana Escudero Lezcano, que por otra parte está viva, se encuentra un poco más cerca de resolverse. La titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Málaga ha ordenado exhumar el cadáver de la mujer que fue identificada con su nombre, que lleva siete años enterrada en el Parque Cementerio de Málaga (Parcemasa). La magistrada ha acordado que se realicen pruebas de ADN a los restos que se extraigan del osario, a Juana y a un familiar para intentar determinar a quién pertenecen.

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Descubrió que estaba oficialmente muerta en una visita al médico por un cólico nefrítico que la estaba matando. Al introducir el número de la Seguridad Social de la paciente, la doctora que la atendía comprobó que Juana Escudero figuraba como fallecida. Aquel cólico pasajero dio paso a un calvario burocrático que aún continúa para conseguir que las administraciones la «dejen viva», como manifestó a SUR el pasado 23 de septiembre.

En la comisaría de Sevilla Este, adonde acudió para renovar el DNI, le confirmaron que fue dada por muerta en Málaga, un dato que desconcertó aún más a Juana, ya que no tiene relación alguna con la provincia. Nació hace 54 años en Sevilla, donde sigue viviendo, aunque su parte de defunción diga que murió el 13 de mayo de 2010. La mujer a la que se identificó con sus mismos datos personales (nombre, apellidos y fecha de nacimiento) fue enterrada en el nicho número 4.938 de Parcemasa. Sin lápida ni un breve epitafio; sólo un pequeño papel pegado en el cemento indicando que allí descansaba Juana Escudero Lezcano. Hace unos meses, los restos fueron trasladados a un osario después de que el 7 de abril de 2016 el BOE publicase una relación de fallecidos (entre los que figuraba su nombre) y comunicase a sus familiares que la concesión temporal del nicho había vencido y que se procedería a la exhumación por impago.

El origen de este embrollo se sitúa en la identificación de la persona que pereció el 13 de mayo de 2010 y cuyos restos descansan ahora en el osario. La mujer fue encontrada muerta por su compañero sentimental en la cama de la vivienda donde residían. El hombre avisó a la policía. Los agentes buscaron en el domicilio la documentación de la fallecida, pero no encontraron nada. Cuando le preguntaron a su pareja cómo se llamaba la difunta, él la identificó como Juana Escudero Lezcano. Los forenses determinaron que se trataba de una muerte natural por una enfermedad respiratoria. Y hasta ahí.

Principal hipótesis

Juana, la auténtica, puso el caso en manos del abogado Fernando Osuna, que solicitó al juzgado investigar a quién corresponden esos restos para aclarar de una vez por todas el asunto. Hay una teoría. La principal hipótesis de la investigación apunta a que podría tratarse de una hermana con la que Juana no tenía contacto y que lleva años desaparecida, aunque este extremo tendrá que ser confirmado o descartado por las pruebas de ADN que se practicarán por orden judicial.

La magistrada ha acordado estas medidas de investigación ante la posibilidad de que, más allá de la confusión, se haya cometido un delito (suplantación o usurpación de identidad) y con qué finalidad. Es más, la jueza ha pedido también a la policía que localice al hombre que identificó a la fallecida para interrogarlo y comprobar si dio el nombre falso a sabiendas de que lo era o si de verdad conocía a su compañera sentimental por esa identidad.

«A partir de ahora, Juana va a tener cierta tranquilidad por varios motivos», explica el letrado Fernando Osuna. «Por un lado –continúa–, va a saber a quién pertenecen esos restos que llevan su nombre, si son o no de su hermana desaparecida, y qué ha movido a alguien a hacer una cosa así. Será una tranquilidad grande para ella no estar oficialmente muerta, porque no tiene ninguna gracia...».

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