«Hay niños aquí, por favor llevadnos al hotel», le decía un viajero español a un taxista

Pasajeros a la salida de la Terminal
Pasajeros a la salida de la Terminal / Ñito Salas

Duros momentos de tensión la madrugada del lunes sin medios de transporte en el aeropuerto, que de día se normalizó con los autobuses y el tren

PILAR R. QUIRÓS y FERNANDO TORRESMálaga

Los momentos más duros, de más tensión, se vivieron la madrugada del lunes. Decenas de personas atrapadas en la terminal de llegadas esperando a taxis, que hacían aparición y pasaban por delante de ellos pero sin hacer viajes o portes. El último autobús abandonó el aeródromo a la una dejando a una gran cantidad de personas en tierra. Según relatan a SUR varios afectados, cuando las puertas del vehículo se cerraron, empezaron a darse cuenta de que realmente no había forma de salir de allí. «Algunos han empezado a llamar por teléfono a familiares o amigos, pero los que venimos de turismo no sabemos qué hacer», relataba una joven de Manchester con las maletas en la mano. A escasos metros, algunos taxistas contemplaban la escena con las luces de sus vehículos apagadas sin hacer nada, hasta que la muchedumbre comenzó a increparles por no ofrecerse a hacer ninguna carrera.

«Hay niños aquí, por favor, llevadnos al hotel». Algunos viajeros españoles trataban de convencer a los taxistas sin éxito. «Estamos defendiendo nuestros derechos», afirmó un profesional, mientras que una señora de mediana edad continuaba quejándose: «¿Y dónde están los míos?». Mientras tanto, más coches particulares entraban en la terminal. A la llegada de los vehículos, muchos afectados levantaban el pulgar pidiendo que les acercaran a algún sitio en concreto. «Veníamos a pasarlo bien y nos hemos encontrado con esta pesadilla, dormir en el aeropuerto tras horas de viaje y con una noche de hotel pagada tirada a la basura».

Ya por la mañana, los pasajeros venían medianamente informados de la huelga –la inmensa mayoría, por los medios de comunicación y redes sociales, aunque también les habían alertado los sobrecargo de los aviones– y buena parte de los que llegaban al aeropuerto de Málaga estaba optando por los transportes públicos colectivos como los autobuses o el tren de la Costa. Una gran cola había en el autobús destino hacia Marbella, y el autocar de la EMT que llevaba a los viajeros al Centro de Málaga iba hasta la bandera.

La turista sueca Ida Skoglund explicaba que sabía perfectamente que había huelga de taxistas, y no parecía extrañada ni enfadada, y añadía que habían previsto ir en autobús hasta Marbella, al igual que Eugenio Martínez, que hacía cola junto a un compañero cuando se daba cuenta de que su ticket era para media hora más tarde y el autobús salía con todas las plazas llenas, y el maletero a rebosar.

La británica Jo Holland, que se acaba de enterar al bajar del avión que había huelga de taxis, sí que estaba nerviosa porque iba con su madre septuagenaria, ambas dos de Birmingham, y se dirigían a coger el tren hacia Benalmádena.

Shelley Long, de Londres, esperaba con su familia para ir hacia la Costa en la parada de autobús, y justo se subía en uno de ellos cuando explicaba que sólo había esperado unos 20 minutos. Pese a que era hora punta, el mediodía, la cosa parecía tranquila mientras los taxistas se armaban para su asamblea en la parada que tienen habilitada al otro lado de la carretera. Ahí rompían sobre las dos de la tarde con el líder de Aumat y se marchaban hacia el Centro con la idea de colapsar Málaga. Mientras tanto, unos cuarenta taxis hacían los servicios mínimos en el aeródromo, y la media de espera no era mayor a los 30 minutos, como pudo comprobar este periódico por la subida de varios viajeros.

Donde sí había una cola inconmensurable a era en la subida y bajada de viajeros con coches particulares en la segunda planta del aeropuerto, donde se veía que había decenas de coches dando viajes a amigos o recogiéndolos, como explicaba Juanma Martínez. «No nos queda otra que recibir a la gente con los brazos abiertos, estamos en feria, y es muy injusto que los taxistas de nuestra ciudad la líen parda como lo están haciendo. Que tienen que protestar, claro, pero ¿tiene que ser en esta semana? Espero que no consigan empañar la feria», añadía.

Iñaki Dorronsoro, de Bilbao, decía sin ambages que no era plato de buen gusto venir así a Málaga. Mientras que unos y otros veían como irse, se instalaba una pareja de la Policía Nacional discriminando la entrada de vehículos a la zona en la que los taxis realizan recogida de pasajeros. «¿Lo ves? Sólo vienen hoy, y así se nos cuelan todos los días un montón de conductores pirata», decía un taxista. Otro al lado explicaba que al final tendrán que pagar dos vigilantes para controlar los accesos. Los taxis de los servicios mínimos llegaban de forma salteada e iban recogiendo a los pocos pasajeros que esperaban. Hoy no ha ardido Troya en el aeropuerto, pero no se sabe hasta dónde pueden llegar con los ánimos recalentados.

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