Nena Paine: «Somos una ciudad solidaria, pero poco implicada»

Nena García Paine, a la entrada de su asociación./Francis Silva
Nena García Paine, a la entrada de su asociación. / Francis Silva

La presidenta de la asociación Nena Paine abre mañana jueves un ciclo de charlas en el Instituto Medac, donde hablará del emprendimiento social como herramienta para cambiar el mundo

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Cinco años después de que decidiera dar un paso al frente para cambiar su entorno cercano a través de la educación de los más jóvenes, Mercedes (Nena) García Paine demuestra que sí se puede poniendo sobre la mesa cifras incontestables: 1.800 personas «con nombres y apellidos» se benefician directamente de sus programas–; aunque son los 240 alumnos con los que trabaja a diario el auténtico motor que mueve a esta periodista reconvertida en activista. De cómo afronta esta manera de emprender desde lo social para cambiar el mundo hablará mañana Nena García Paine en el arranque del ciclo de conferencias organizadas por el Instituto Medac bajo el título ‘Medac Talks’ y con la colaboración de SUR.

El emprendimiento social, ¿es una inversión de futuro?

–Efectivamente. Y además es rentable porque ves los resultados cuando las cosas funcionan.

Defiende que para cambiar el mundo hay que saber por dónde empezar. Con la educación lo tuvo claro...

–Sí, creo que es una vía muy buena en la que se puede hacer mucho bien y que no está tan trabajada como otros aspectos sociales, como la enfermedad o las necesidades más básicas. Cuando identifico el problema decido dedicarme en cuerpo y alma a esto.

–¿Y como inversión de futuro y rentable ya ha empezado a ver esos resultados?

–Así es, aunque la verdad es que el camino muy duro y los resultados tardan en llegar. Cada curso escolar que acaba es una bomba de oxígeno porque ves que los chavales aprueban. La satisfacción completa llega cuando ves que un adolescente ha encarrilado su futuro; porque sí da alegría que un niño apruebe en 3º o en 4º de Primaria, pero la transformación real llega cuando ese chaval tiene 17 o 18 años, logra su titulación y continúa estudiando. En la asociación ya tenemos a cinco alumnos en estas circunstancias, chicos preparados que pueden incorporarse al mercado laboral. Esa es la verdadera transformación y el camino que buscamos.

El colegio de Nena Paine. ¿Sigue siendo ese el sueño?

–Sí, ese es el gran sueño, aunque también es cierto que estoy reorientándolo hacia un centro para adolescentes más que para niños de Primaria; para los que se pierden en el camino de Secundaria o Bachillerato puedan reconducir su futuro.

La conferencia

Ciclo.
‘Medac Talks’ es un programa de charlas sobre temas de actualidad, organizadas por el Instituto Oficial de Formación Profesional Medac con la colaboración de SUR.
Invitada.
Mercedes García Paine abre el ciclo de conferencias con la charla ‘Cambiar el mundo a través del emprendimiento social’.
Dónde y cuándo.
Mañana jueves, a las 18.30 horas, en la sede de Medac (avenida de Velázquez, 102).
Entrada.
Gratuita, previa inscripción en talks.medac.es o en los teléfonos 952 000 012 y 627 232 629.

–¿Existe concienciación en la sociedad ante estos problemas?

–Creo que hay mucha gente que da pasos, pero lo hacen para limpiar sus conciencias. A lo mejor te dicen «venga, que te doy mil euros», pero no se molestan en ver después a qué se destina el dinero. Por eso yo tengo tanto interés en que vengan a mi centro, porque al final ves que el proyecto funciona y terminas comprometido. Somos es una ciudad muy solidaria pero poco implicada, y para transformar el mundo hay que ser constante.

–¿Es quizás eso lo más difícil a lo que se enfrenta?

–Sí, porque la realidad es que en Málaga hay mucho dinero repartido para tener a todas las asociaciones contento, pero no se piden los resultados ni se ven los cambios. Hay mucho que se pierde por el camino y no se entiende que si un proyecto funciona no hay que inventar otro.

Escuchándola parece que queda mucho por hacer...

–Mira, puede que me peguen por lo que voy a decir, pero en Málaga no se pasa hambre, sobra la comida y por desgracia se tira. El problema es que muchos se han acostumbrado a ‘llorar’, de ahí la importancia de la educación para que los niños salgan de la rutina del subsidio en la que han entrado sus familias, porque hay que ganarse la ayuda que se les está dando.

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