Las mujeres silenciadas del 27 toman la palabra

Antologías, reediciones, documentales y homenajes rescatan el legado de la generación de mujeres que revolucionaron la cultura española hace 90 años

Las mujeres del 27 fueron silenciadas pese a que en su época compartían mesa con sus colegas /SUR
Las mujeres del 27 fueron silenciadas pese a que en su época compartían mesa con sus colegas / SUR
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Escribieron sobre sexo y maternidad, sobre el amor gozado y padecido, sobre política y religión. Hablaron del aborto y el deseo, de la patria y el desgarro del exilio. Construyeron obras poderosas, poemas certeros como dardos. Exploraron el surrealismo y el ultraísmo. Fueron escritoras, filósofas, pintoras, escultoras e ilustradoras cuyo legado se vio abocado al silencio, sepultado por el machismo y la desmemoria. Ahora, noventa años después, las mujeres de la Generación del 27 reviven mediante antologías, reediciones, documentales y homenajes que visibilizan su trabajo, durante décadas injustamente reducido a su condición de esposas, madres o musas.

No siempre fue así. El franquismo logró enmudecerlas únicamente después de muertas. En vida reivindicaron sin descanso el espacio que les correspondía. Publicaban en las mismas revistas que sus colegas hombres, con quienes compartían mesa, tertulias, fiestas, talento y en ocasiones hasta cama. Y no dudaba en rebelarse cuando se sentían excluidas, como hizo Concha Méndez cuando plantó cara a Gerardo Diego por ignorar a las mujeres en su antología: «Mira, tú nos excluirás, pero yo debajo de la falda llevo un pantalón». En otra ocasión, a Maruja Mallo y Margarita Manso se les ocurrió, junto a Salvador Dalí y Federico García Lorca, quitarse el sombrero para atravesar la Puerta del Sol. Mallo lo relató así en unas declaraciones grabadas tras el exilio: «Todo el mundo llevaba sombrero, era algo así como un pronóstico de diferencia social, pero nos pareció que estábamos congestionando las ideas y nos los quitamos. Nos apedrearon, llamándonos de todo». La anécdota dio pie a que las mujeres del 27 fueran apodadas Las Sinsombrero.

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Forman la primera generación de mujeres que accedió sin complejos ni pedir permiso en el mundo artístico en España. Algunos de sus compañeros aplaudieron sus obras y reconocieron su influencia; otros defendían un discurso misógino basado en la falsa inferioridad intelectual de la mujer y las condenaban al ostracismo cada vez que podían. «Nací para ser hija, discípula, para obedecer y ya ves», escribió María Zambrano a su amiga Rosa Chacel. La filósofa malagueña, una figura clave en el pensamiento europeo, de una personalidad arrebatadora, promovió la igualdad incluso a costa de perder por ello cobijos y amistades. En ‘Persona y democracia’ ya lo advirtió: «Solamente se es de verdad libre cuando no se pesa sobre nadie; cuando no se humilla a nadie».

Alcanzaron enormes cotas de independencia, pero el comienzo de la dictadura las lanzó a un exilio, exterior o interior, del que ellos regresaron como héroes y ellas, como figuras decorativas disonantes en la fotografía oficial. Sólo Zambrano obtuvo reconocimiento, y tardíamente. Los nombres de Mallo, Méndez, Chacel o Manso, junto a los de muchas otras como Marga Gil Roesset, Ernestina de Champourcin, Lucía Sánchez Saornil, Margarita Ferreras o Elisabeth Mulder, fueron borrados del relato de su generación. A otras se les abrió hueco en las crónicas de la época únicamente como ‘mujeres de’, como en el caso de María Teresa León y Rafael Alberti o de Concha Méndez y Manuel Altolaguirre. Salvo excepciones, aquellas mujeres modernas que fundaron el Lyceum, viajeras y libres, acabaron sus vidas silenciadas y escondidas. «No es que fueran maltratadas por la crítica, es que ni siquiera se las consideró», explica la escritora y filóloga Pepa Merlo, autora de la antología ‘Peces en la tierra’, que recoge los textos de muchas de las poetas del 27.

La antología toma su título de un libro homónimo de Margarita Ferreras, recientemente reeditado por Torremozas. «En sus poemas eróticos, Margarita comparaba los movimientos de las mujeres haciendo el amor con las sacudidas de un pez fuera del agua, y me pareció una imagen apropiada para el libro, porque hablamos de mujeres que desafiaron imposiciones, que se salieron del ámbito establecido para ellas», detalla Merlo, que decidió revisar las obras de estas poetas tras una conversación con Paloma Altolaguirre: «Me contó que, en el exilio, había constantes visitas de españoles a la casa que sus padres tenían en México. Le preguntaban a Concha Méndez por Altolaguirre, Lorca o Cernuda, pero nunca le preguntaron por ella misma, siendo una poeta tan impresionante». Merlo considera «muy triste» que el abanico «se haya quedado a medio abrir».

Abajo, María Zambrano (izq) y Concha Méndez (dcha) / SUR

El director del Centro Generación del 27, José Antonio Mesa Toré, coincide en que «hay que sacar del olvido» a esta nómina de artistas: «Representaban algo totalmente contrario a la doctrina del franquismo y la Iglesia, que reducían el papel de las mujeres a la maternidad. Rompieron los moldes tradicionales de la España de aquel tiempo y tuvieron que luchar contra las dificultades de acceso a la formación y la cultura». También el responsable del Centro Andaluz de las Letras (CAL), Juan José Téllez, defiende el rescate de ese legado «no por criterios de igualdad, que también, sino porque nos estamos perdiendo una parte importante de nuestra memoria cultural y de nuestra historia». Puesto en la tesitura de elegir, Téllez reivindica la obra de María Teresa León: «‘Memoria de la melancolía’ me gustó mucho, es un libro de referencia absoluta».

Tanto el CAL como el Centro Generación del 27 han puesto en marcha en los últimos años diversas iniciativas para rescatar el trabajo de estas mujeres. La poeta y exdirectora del 27 Aurora Luque, que ha puesto especial empeño en difundir el legado de autoras anteriores como las malagueñas María Rosa de Gálvez e Isabel Oyarzábal, confía en que el impulso que ahora reciben las obras de Las Sinsombrero no se diluya: «Se las tiene que reconocer como artistas e intelectuales individuales, porque esta labor no estará terminada hasta que no entren, una por una, en el ámbito académico y en los libros de texto». Luque destaca los poemas de María Cegarra, que publicó ‘Cristales míos’ en 1935: «Fue la primera mujer perito químico de España y mezcla ciencia y poesía de forma sorprendente».

Concha Méndez plantó cara a Gerardo Diego: «Tú nos excluirás, pero yo debajo de la falda llevo un pantalón»

Manuel Jiménez, de la productora malagueña Yolaperdono, y Tania Balló, de la catalana Intropía, firman el documental ‘Las Sinsombrero’, emitido por Televisión Española y que ha servido para sacar del destierro a algunas de estas artistas. En la actualidad, tras el éxito del primer metraje, proyectado en cientos de institutos, graban un segundo documental. «De entrada, la inercia cultural y social no incluye a las mujeres en el relato oficial, que está escrito en masculino y, por lo tanto, resulta incompleto», afirma Balló. También Jiménez se muestra «sorprendido por la cantidad de mujeres que ha borrado la historia», algo que ha obstaculizado las labores de documentación: «Ha sido complicado encontrar imágenes de estas artistas. Asistían a los mismos actos que los hombres pero no se las grababa».

¿Y cómo han cambiado las cosas en este último siglo? María Victoria Atencia, una de las voces más poderosas de la Generación del 50, asegura que nunca se ha sentido discriminada: «Y no solo eso, sino que me he sentido arropada por todos los hombres que me rodeaban, que se han portado conmigo como con un compañero más». Tampoco Chantal Maillard, ganadora del Premio Nacional de Poesía en 2004, ha percibido un trato desigual: «Tal vez fue mi suerte o tal vez no he sabido verlo de otra manera, pero lo que sí puedo decir es que ni el victimismo ni la discriminación positiva ayudan a reparar los daños; lo hacen, o la harán, la educación, el trabajo y la dedicación». Aurora Luque reconoce que «hay una presencia enorme de mujeres en el arte» pero recuerda que «a medida que se sube en la jerarquía de poderes esa presencia se diluye». Ese techo de cristal está hoy más resquebrajado gracias a las mujeres del 27.

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