LA MUJER DEL ALCALDE LA VUELVE A LIAR

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, junto a su mujer, Rosa Francia. :: álvaro cabrera
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El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, junto a su mujer, Rosa Francia. :: álvaro cabrera

Rosa Francia aviva el debate de la sucesión en el PP al apuntar que no es plan que su marido «muera con las botas puestas» como alcalde de Málaga

JAVIER RECIO

Cada vez hay más gente en el mundillo político que utiliza la expresión 'Eres más peligroso que la mujer del alcalde con un micrófono'. Y es que Rosa Francia la ha vuelto a liar. A su manera. Con su particular estilo y retranca. Que es como se sueltan las cosas por aquí. Con guasa, pero con cargas de profundidad. Dijo en la Cadena Cope, donde participa de manera regular como integrante de una tertulia de mujeres, que no le perdonaría a De la Torre que en el futuro (léase a partir de la próxima legislatura) no pasara más tiempo con ella y sus nietos. Se ve que quiere que ejerza de abuelo, entre otras cosas porque lo es y además tiene edad para ello. Es más, apuntó que si se presentara llegaría a los 80 años gobernando (dando por sentado que ganaría, debe ser pasión de esposa), por lo que no era plan tampoco «de morir con las botas puestas». Ojalá, nadie le desea eso al regidor: que deje esta maravillosa ciudad en el que ha convertido Málaga, siendo o no primer edil. Y todo en el contexto de que se quiere ir, pero a lo mejor en el PP no quiere que vaya. No se lo van a permitir. O sea, que le echa gasolina al debate de su sucesión, que parecía que se había apagado, aunque el respaldo siempre está ahí. Habría que apostillarle que a lo mejor en el partido no quiere que se vaya en ese preciso momento, al final de la legislatura. Quizá estén pensando que para esa ocasión necesitan una especie de Cid Campeador, eso sí, vivo (que nadie piense mal), que les gane esa última batalla para el partido. Los tiempos son fundamentales en política. Si De la Torre decidiera ceder el testigo en las próximas semanas, bien porque quisiera estar más tiempo de paseo con su mujer, bien porque quisiera pasearse por otros lugares o despachos públicos de España, seguramente que el PP con su presidente Bendodo al frente estaría encantado de ocupar la silla principal de La Casona del Parque. Le permitiría ir a las elecciones como alcalde, algo que siempre suma, y ya podría demostrar al menos con pinceladas su particular manera de gobernar. Pero si no es así, es posible que le tiemblen las piernas, porque los caminos de los votantes son inescrutables. Tampoco se debe perder de vista que el PP, con De la Torre a la cabeza, cuenta ahora con 13 concejales, a tres de la mayoría absoluta que se la facilita por los pelos Cassá y sus muchachos. Ciudadanos seguirá teniendo la llave, pero la cuestión es saber si ambos sumarán lo suficiente para evitar que la izquierda vuelva al poder municipal. Ante esa situación tan enmarañada, nadie quiere dar el paso definitivo. Bendodo y De la Torre están como el perro y el gato. Que si me quiero ir, pero a lo mejor el partido me pide que siga, como dice el alcalde. O que si quiere seguir, que siga, como sostiene el presidente del PP. Nadie habla claro, al menos públicamente, sobre lo que quieren hacer de verdad. Si el primer edil se quiere ir, que lo diga, que no pasa nada, pero no es bueno para su partido alimentar ese doble juego. Entre otras cosas, porque no termina de ungir con claridad al ahora presidente de la Diputación. Puede dar hasta la sensación que lo puede dejar solo ante el peligro en el último momento. Y a Elías Bendodo le ocurre igual. Tiene que decidir claramente si quiere ser él el candidato o que sea De la Torre el que vuelva a dar la cara para evitar así que a él se la puedan romper en un momento dado. Es además es el presidente del PP, por lo que tiene que despejar cuanto antes cuál es su postura. No sería ni el primer ni el último caso en la política española en el que se le invita a alguien a dar un paso atrás después de haberlo dado todo. Mientras que esto no pase, seguiremos muy atentos a la mujer del alcalde. Con un micrófono. Entre otras cosas, porque suele ser la que habla con más claridad de todos. Y de todo.

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