«Ya no tengo miedo: por fin soy el verdadero Gabriel»

Gabriel Ostroveanu/Álvaro Cabrera
Gabriel Ostroveanu / Álvaro Cabrera

Gabriel Ostroveanu, 58 años

ANA PÉREZ-BRYAN

Acercarse a la peripecia vital de perfiles como el de Gabriel es entender perfectamente por qué unos lo tienen mucho más difícil que otros: 58 años, rumano, parado de larga duración y con una experiencia laboral ceñida casi en exclusiva al trabajo en el campo. En su caso no sólo tuvo que reponerse a esta pesada carga de tenerlo todo en contra, sino que precisamente por ello pasó varios meses viviendo al raso.

En ese doble reto que representa el acceder primero a una vida normalizada y ordenada –también lejos del abuso del alcohol– y luego encajar en un mercado laboral que da la espalda a miles como él, Gabriel no lo ha tenido fácil. De la mano de Arrabal, primero llegó la convivencia en un piso de La Palmilla con otros compañeros en su misma situación para recuperar todo eso que quita la calle, luego aprender español, reciclarse con varios cursos y, al fin, demostrar que a pesar de sus casi 60 mantiene el entusiasmo de un chaval: tras un contrato de un puñado de meses en un chiringuito, desde hace dos trabaja en el mantenimiento del centro polideportivo de La Mosca, donde siente que al fin ha recuperado las riendas de su vida.

Llegó a vivir en la calle, y ahora trabaja en el mantenimiento de un polideportivo

«Ya no tengo miedo: por fin soy el verdadero Gabriel y he entendido que la suerte está en mi mano y que no la voy a dejar escapar», admite en un español que nada tiene que ver (en lo bueno) con la última vez que habló para SUR (2015), recién llegado al piso de La Palmilla. Con ese mismo acento insiste en su deseo de convertirse «en un buen andaluz, porque yo soy una persona de confianza y tengo palabra». Allí, en La Mosca, donde entrenan más de 300 niños de 3 a 17 años, hace un «súper trabajo»: limpia los vestuarios, reparte equipaciones, arregla el campo de fútbol y hasta ha establecido relaciones de «confianza y amistad» con padres e hijos: «Me gusta saber que estoy contribuyendo al futuro de España, porque los niños son el futuro».

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