«Tenía miedo, pero solo pensaba en que el hombre no podía morir así»

Celia González es voluntaria de Cruz Roja y estudia Laboratorio Clínico y Biomédico/Alvaro Frías
Celia González es voluntaria de Cruz Roja y estudia Laboratorio Clínico y Biomédico / Alvaro Frías

Los sanitarios reconocen la actuación de una joven fuengiroleña que ayudó a un hombre británico que estaba sufriendo un infarto

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

Sentada en una terraza, mientras el sol le calienta el rostro, relata con una llamativa tranquilidad todo lo que había ocurrido unas horas antes. Su timidez, propia de cualquier joven de 20 años, contrasta con la valentía que le hizo no echarse atrás en el momento oportuno. Gracias a ella, podía sonreír orgullosa de lo que había hecho: salvarle la vida a un hombre que sufría un infarto.

Quizás fue el destino, pero Celia González Ruiz, la joven protagonista de este suceso, se quedó dormida ayer y no llegó al tren que coge todas las mañanas para ir desde Fuengirola, localidad en la que reside, hasta Málaga, donde estudia Laboratorio Clínico y Biomédico desde hace más de un año. Apresurada, se subió en el tren de las nueve, sin saber que su trayecto no iba a ser muy largo.

Aprovechaba el viaje para revisar unos apuntes, ya que la semana que viene tiene un examen importante. Como cada mañana, la máquina se detuvo en la estación de Torreblanca, muy cerca de la parada en la que ella se sube. Pero esta vez, algo iba mal. Por la megafonía se escuchó un mensaje en el que se pedía, si había algún sanitario a bordo del tren, que se asomara al andén.

«Me bajé por curiosidad, para ver qué había pasado», cuenta a SUR Celia. Fue entonces cuando vio una imagen que asegura que nunca se le borrará de la memoria: «Había un hombre tumbado en el suelo mientras una chica le levantaba las piernas. Estaba sangrando por la cabeza, se había hecho una herida al caer al suelo desplomado por el infarto. Tenía los labios morados y los ojos en blanco, abiertos, muy abiertos. Tampoco pestañeaba».

Celia. Es voluntaria en Cruz Roja, donde aprendió a realizar la reanimación cardiopulmonar (RCP) que aplicó al hombre que estaba sufriendo un infarto.
Celia. Es voluntaria en Cruz Roja, donde aprendió a realizar la reanimación cardiopulmonar (RCP) que aplicó al hombre que estaba sufriendo un infarto. / Sur

Aunque en el aviso del tren se pedía un sanitario, Celia no es médico, ni siquiera enfermera. Pero desde hace poco más de un año es voluntaria en Cruz Roja. Ahí fue donde aprendió a hacer la reanimación cardiopulmonar (RCP).

La joven no dudó en ayudar al hombre, un británico de 83 años que aguardaba solo junto a sus maletas la llegada del tren. «Estaba en parada cardiorrespiratoria, así que empecé a aplicarle la RCP», explica Celia, que gritó que alguien pidiera una ambulancia antes de que la máquina siguiera con su trayecto.

Quiere ser médico

Se quedó sola. La joven dice que la chica que estaba junto al hombre cuando se bajó del tren se marchó poco después. Insiste en que el tiempo pasaba muy lento y, «aunque estaba cansada, no podía parar»: «Tenía miedo, pero solo pensaba en que el hombre no podía morir así».

Una vez que llegó la ambulancia, el trabajo de Celia no terminó. Ayudó a los sanitarios a asistir al británico, hasta que consiguieron estabilizarlo y trasladarlo hasta el Hospital Costa del Sol, donde se encuentra ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos, según fuentes sanitarias.

La joven destaca la amabilidad de los miembros del 061. «Me preguntaron si llamaban a alguien para que me recogiera y les di el teléfono de mi padre. Fue al escuchar al médico decirle que le había salvado la vida a un hombre cuando fui consciente de lo que había pasado. Entonces me derrumbé y empecé a llorar», señala Celia.

En el justificante que le dio el médico queda todo muy claro: «Certifico que Celia Rodríguez Ruiz ha presenciado una parada cardiaca y ha reanimado al paciente hasta nuestra llegada. Gracias a su colaboración, el paciente está vivo».

Celia aún no es médico, pero ya ha salvado una vida. Expone que quería estudiar enfermería o medicina, pero que no tuvo nota suficiente. Su intención es obtener el título de Laboratorio Clínico y Biomédico y entrar en el ejército en la escala de suboficiales, para luego ascender y tener la posibilidad de hacer la carrera que le gusta. Asegura que lo único que quiere es ayudar a los demás, algo que hace ya desde Cruz Roja, a la que se muestra muy agradecida: «De no ser por todo lo que me han enseñado, el hombre estaría muerto». Por ese aprendizaje y la recompensa que supone poder aportar un granito de arena a la sociedad, Celia anima a los jóvenes a presentarse como voluntarios en la organización.

Ayer por la tarde fue a visitar al hombre al hospital junto a su madre. Pudo verle solo unos instantes, pero insiste en que mereció la pena. Está muy contenta: «La llamada a sus familiares fue para decirles que el hombre está ingresado y no para informarles de su fallecimiento». Hoy volverá a subirse al tren.

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