«La mejor calidad de vida va en paralelo al aumento de las alergias»

Miguel Blanca recibió el premio de manos de la presidenta de la Academia Europea de Alergia.
Miguel Blanca recibió el premio de manos de la presidenta de la Academia Europea de Alergia. / SUR

El médico malagueño Miguel Blanca recibe un premio de la Academia Europea de Alergia que reconoce su trayectoria investigadora

ÁNGEL ESCALERAMálaga

Hasta el año pasado fue el director de la unidad de gestión clínica de alergias del Hospital Regional Carlos Haya. La jubilación lo forzó a dejar esa actividad, pero Miguel Blanca ha seguido trabajando desde su marcha de la sanidad pública andaluza. Hace unas semanas, recibió en Helsinki (Finlandia) el premio Clemens von Pickert, concedido por la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica. El doctor Blanca, natural de la localidad malagueña de Periana, es el primer español al que se le concede ese destacado galardón.

¿Por qué se da el premio y en qué consiste?

–Anualmente, la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica, que es un organismo que integra a todas las sociedades científicas europeas, concede distinciones tanto a investigadores jóvenes como a investigadores seniors por las aportaciones que han realizado. Yo he recibido el premio Clemens von Pickert por las contribuciones que he aportado en el mundo de la alergia. Es la primera vez en 40 años que se concede esta distinción a un español. Este premio es otro tramo de los que he recorrido en mi vida. La carrera de investigador es de fondo. Yo me siento activo y con ganas de seguir haciendo cosas.

¿Qué es lo que se ha valorado para concederle este premio europeo?

–Pues haber contribuido a diversos conocimientos en el ámbito de las alergias. Yo he dirigido en Málaga un grupo de investigadores durante muchos años y hemos hecho importantes aportaciones.

¿Se le da a la investigación de las alergias en nuestro país la importancia que tiene?

–La investigación en alergias en España en su conjunto no es potente, como masa crítica, sin menoscabo de que hay varios grupos importantes que están en primer nivel en Europa, de los que el de Málaga siempre ha sido el más destacado.

¿Qué significa para usted haber recibido esta distinción?

–Para mí, supone el reconocimiento a un trabajo duro que he desarrollado durante muchos años. Hacer investigación en Málaga, en un hospital asistencial como es Carlos Haya, y ponerla en el número uno ha costado muchísimo.

¿Cómo ha logrado compatibilizar su trabajo asistencial de médico con el de investigador?

–Durante la fase inicial, compaginé el trabajo asistencial y las guardias con la labor de investigación. El secreto es doblar las horas de trabajo. Cuando fui nombrado jefe, generé espacios para que se considerase la investigación. Conseguirlo no fue fácil, porque el médico que tiene un horario convencional cree que el que hace investigación es un privilegiado.

¿Apoya realmente la Junta de Andalucía la actividad investigadora?

–La investigación está reconocida porque los investigadores, a base de presionar, se han hecho un hueco. Además, a medida que el país se moderniza, la investigación no se puede ocultar ni tapar. A ello se une que los hospitales que hacen investigación destacan y, cuando eso ocurre, la Administración no hace ya oídos sordos. De todos modos, sigue siendo un gran problema.

Supongo que la falta de financiación continúa siendo una lacra para los investigadores.

–La situación mejoró mucho con la llegada de los fondos europeos. También cambió el panorama cuando con los fondos Feder se empezaron a crear las redes nacionales de investigación. En 2008 se consiguió la red nacional de alergia con una financiación de más de cuatro millones de euros.

Ahora que está jubilado en el SAS, sigue trabajando tanto como antes... ¿Lo hace por vocación?

–Si no eres académico de universidad y trabajas en el sector asistencial, cuando te jubilan te dan una patada en el culo. Por culpa de la crisis, en los hospitales no existe la figura de emérito. El investigador si deja de tener capacidad ejecutiva y se convierte en asesor, su papel no queda bien definido. A través de una fórmula que tenemos los médicos cuando nos jubilamos, yo ahora soy asesor en el Hospital Infanta Leonor de Madrid y estoy haciendo trabajo de campo. También tengo una oferta de docencia en Kuwait y otras que estoy negociando.

¿Investigar le ha motivado más que ver pacientes en la consulta?

–Yo he hecho investigación clínica en el hospital, que siempre es con pacientes. El éxito es buscar el punto de encuentro entre el laboratorio y la clínica. Y no es fácil.

En los últimos años, los servicios de alergias están cada vez más masificados. ¿Qué ha pasado?

–El sistema sanitario no ha previsto el crecimiento de la alergia ni el aumento de pacientes. El incremento de la patología alérgica, además de por la industrialización, se debe a factores que no son conocidos. Todo va ligado a la calidad de vida.

Pero ahora se vive mejor, ¿no?

–Vivimos mejor, usamos muchos antibióticos y nuestro contacto con el medio natural se ha distanciado, que es donde hemos vivido siempre. La mejor calidad de vida va en paralelo al aumento de la alergia. El problema es cómo volvemos atrás. Nadie va a querer tener un burro en la casa ni cabras en el corral.

¿Qué se puede hacer entonces?

–Eso se está estudiando. Puede ser a través de modular dietas. También hay que hacer un uso racional de los antibióticos. Lo que se sabe es que en un pueblo, donde la gente no se ha movido, los abuelos no son alérgicos, sus hijos, un poco y los nietos son alérgicos en un 40 por ciento.

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