Mariola cierra por jubilación tras 47 años en la calle Comedias

La tienda liquidó toda la mercancía en octubre. /F. J. Acevedo
La tienda liquidó toda la mercancía en octubre. / F. J. Acevedo

La tienda de moda infantil abrió sus puertas en el año 1970 y estaba especializada en la venta de trajes de comunión

JUAN SOTOMálaga

El Centro sigue quedándose huérfano de negocios tradicionales. El último en bajar la persiana ha sido Modas Mariola, empresa especializada en ropa infantil y trajes de comunión que ha cerrado por jubilación tras 47 años en la céntrica calle Comedias. A sus 70 años, y tras una vida dedicada al textil, Concepción Martínez ha decidido que ha llegado el momento de «descansar y disfrutar un poco de la familia».

Inaugurada en el año 1970, esta pequeña empresa logró hacerse un nombre propio en el Centro gracias a una oferta de calidad y a una clientela que siempre ha valorado el trato familiar. «Hemos pasado muy buenos años, incluso me llevo clientas que son verdaderas amigas», explica su propietaria, que presume de haber vestido a las hijas y a las nietas de sus clientas.

Concepción Martínez, cuyo marido es el mítico exfutbolista del Málaga Chato Aragón, recuerda que inicialmente pensó en abrir una tienda de deportes, aunque como no entendía nada de eso se decantó por una de moda infantil «porque tenía un niño pequeño». Como nombre eligió Mariola, que era como llamaban a su sobrina, y se decantó por la calle Comedias porque estaba cerca del Centro. «Cuando lo cogimos era una casa particular que estaba en ruina y pagábamos 3.500 pesetas», dice.

Conchi, como le llaman sus amigos, explica que los inicios fueron muy buenos, ya que la fama de su marido ayudó a que todo el mundo les conociera y visitara. Además era una época en la que el comercio tradicional funcionaba muy bien. Y eso les animó a coger también el local que tenían al lado para ampliar el negocio. Uno se lo quedó ella y el otro su hermana. El primero cerró a principios del verano, y el segundo lo ha hecho ahora, tras un breve periodo de liquidación.

Aunque se quiere quedar con todos los momentos buenos, Conchi valora que el comercio es un negocio «muy esclavo que requiere estar muchas horas detrás del mostrador». De hecho, aunque intentó que una sobrina suya siguiera sus pasos, es consciente de que «la gente joven no quiere sacrificarse tanto ni trabajar tantas horas». También contó durante un tiempo con la ayuda de su marido, aunque tuvo que jubilarse hace 14 años por un problema cardíaco. «Creo que el cierre es lo mejor que podíamos hacer en este momento, porque la crisis también ha golpeado mucho al comercio tradicional», razona.

Ya con la tienda cerrada, Conchi valora que los mejores años fueron los posteriores al cambio de moneda, cuando los clientes gastaban sin problemas. «Pese a no estar en una calle muy buena –era una calle de prostitución–, siempre nos hemos esforzado para que los clientes nos conozcan y repitan». Por ello, en su despedida sólo tiene palabras de agradecimiento para quienes han confiado en ella durante todo este tiempo. «Muchas se han apenado por mí, me han dicho que ahora dónde comprarán, pero será por variedad de tiendas en el Centro», añade.

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