«Un tío de mi marido tuvo que huir por trabajar de cocinero para la República, ese fue su delito»

Un centenar de personas acudieron ayer a la convocatoria. :: f.silva/
Un centenar de personas acudieron ayer a la convocatoria. :: f.silva

Un centenar de personas participa en la primera etapa de la II Marcha en homenaje a las víctimas de la masacre de la carretera Málaga-Almería en su 81 aniversario

AGUSTÍN PELÁEZ MÁLAGA.

La capital acogió ayer el inicio de la primera de las once etapas de la II Marcha Senderista 'La Desbandá' en recuerdo de las víctimas de la masacre de la carretera Málaga-Almería de la que se cumplen 81 años. Tuvo como punto de partida la céntrica calle Molina Lario y discurrió con dirección a Rincón de la Victoria con la participación de un centenar de personas, localidad a la que llegaron pasadas las 17.00 horas. Entre los participantes figuraban algunos familiares de personas que sufrieron aquel episodio, uno de los más trágicos de la Guerra Civil y que tuvo lugar en febrero de 1937 coincidiendo con la entrada de las tropas franquistas en Málaga, lo que provocó la huida de más de 150.000 personas hacia Almería a pie. Fruto de aquella huida, entre 3.000 y 5.000 fueron asesinadas en el genocidio de la carretera Málaga-Almería por el bando sublevado.

Mireya, italiana de nacimiento y de 66 años, pero casada con un malagueños desde hace 30 años, fue una de las personas que no quiso faltar al inicio de la II Marcha. «La familia de mi marido tuvo que salir huyendo de Málaga, y un tío suyo también, con toda su familia. Tuvieron que permanecer fuera 20 años antes de regresar y todo porque trabajó como cocinero para la República. Ese fue su delito».

Tampoco Josefa, de 63 años, no dudo en asistir. Según dijo porque su abuelo fue fusilado «y todavía no sabemos dónde está enterrado. Lo detuvieron en Arenas, se lo llevaron a Vélez. Mi abuela se murió sin saber que había sido de él. Una vez fallecida nos enteramos que fue fusilado, pero seguimos sin saber dónde».

Entre las personas que van a realizar todo el recorrido, unos 250 kilómetros -la última etapa finalizará el 17 de febrero en Almería-, se encuentran varios miembros de asociaciones memorialistas del País Vasco como José Ramón Hurtasun. «Conocíamos la historia de la huida de la carretera Málaga-Almería, pero queremos conocer más en detalle lo que sucedió, porque pensamos que se ha silenciado durante demasiado tiempo», dijo Hurtasun.

Apoyo a familiares

El delegado del Gobierno andaluz, José Luis Ruiz Espejo, participó también en la salida de la II Marcha Senderista para expresar el apoyo de la Junta a la iniciativa destacando el respaldo del Ejecutivo regional a todas aquellas actividades que supongan un homenaje y reconocimiento a las víctimas de la que fue la mayor masacre de la Guerra contra la población civil, y el respaldo a los familiares y a las asociaciones memorialistas que han mantenido vivo a lo largo de los años el recuerdo de aquella masacre. «Sacar del olvido y del silencio los hechos y avanzar en los principios de recuperación, verdad y reconocimiento y en el homenaje es un deber moral e histórico que tenemos como gobierno y como sociedad civil y democrática con las víctimas y los familiares», dijo Ruiz Espejo.

La concejala del grupo municipal Málaga para la Gente, Remedios Ramos, recordó por su parte que fue «una huida hacia la libertad y encontraron lo peor: bombardeos por tierra, mar y aire, niños perdidos, muertos y persecución. Todavía hay víctimas que sobreviven y lloran cuando lo recuerdan. Es inconcebible que 81 años después haya personas todavía que tengan miedo a hablar de los sucedido».

La marcha, que durará once días, está encabezada por una pancarta en la que se puede leer: «Rompieron nuestras vidas, que no rompan nuestra memoria. No más genocidios».

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