Manifiesto de la Fundación Miguel Ángel Blanco leído en el acto de Málaga

El texto ha sido leído por el alcalde de Málaga y los portavoces de PP, PSOE y Ciudadanos

SUR

Hace 20 años el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco produjo conmoción social en toda España, aquellos días de julio de 1997 son parte de nuestra memoria colectiva como país.

Millones de españoles recordamos con detalle esas 48 horas como un clamor ciudadano de denuncia por el secuestro de un inocente, de exigencia de su liberación y de consternación por su asesinato a manos ETA. Le arrebataron la vida a un hombre joven por defender la democracia y el derecho a sentirse vasco y español sin complejos. Miguel Angel era un buen hijo, un buen hermano, un buen amigo de sus amigos y un ciudadano comprometido con su municipio, Ermua. La ofensiva de ETA de aniquilar a los representantes políticos constitucionalistas daba un paso más en su carrera criminal.

Salimos a las calles para mostrar nuestra repulsa, nos mantuvimos en vela, rezamos, nos manifestamos, estuvimos pendientes de los medios de comunicación. Les exigimos piedad y un mínimo de cordura, no podrían ejecutar su amenaza ante la movilización de más de seis millones de ciudadanos que llenaron las calles y las plazas de numerosos municipios españoles. El ejemplo de los vecinos de Ermua, el acuerdo de todos los partidos democráticos y de las instituciones y la claridad y firmeza de un gobierno que no cedió al chantaje impuesto por la banda, nos mantuvo unidos, comprometidos con la Vida y la Libertad ante los fanáticos de la identidad, ante los cómplices necesarios de tanta barbarie que habían causado durante casi treinta años miles de víctimas.

Cumplieron su amenaza e hicieron lo que saben hacer: asesinar. Una marea de indignación recorrió España. Nació una nueva conciencia ante el terrorismo: el Espíritu de Ermua, que asentó las bases de la mejor y más eficaz política antiterrorista: la que defiende que tiene que haber vencedores: las víctimas, la sociedad democrática y el Estado de derecho y que tiene que haber vencidos: los terroristas y sus cómplices. Nació una nueva conciencia a favor de las víctimas del terrorismo, en la mirada inocente de Miguel Ángel Blanco se simbolizaba todo el horror de ETA y el hartazgo de una sociedad hasta entonces atenazada por tantos crímenes cometidos. Nació la exigencia social de firmeza democrática ante ETA.

Han pasado 20 años. Hemos vencido policialmente a ETA gracias en especial al trabajo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y también a la concienciación social, al ejemplo de las víctimas, a la unidad política y la colaboración internacional. Pero todavía queda mucho por hacer:

- Esclarecer los cientos de crímenes sin resolver y responder al derecho a la Justicia que las víctimas reclaman.

- Seguir exigiendo que ETA se disuelva, reconozca el mal causado y la imposibilidad de su proyecto totalitario por antidemocrático y por estar manchado con el dolor y el sacrifico de miles de ciudadanos.

- Denunciar la legitimación del terrorismo que en el País Vasco y Navarra sigue siendo noticia habitual con actos y declaraciones de miembros de partidos y organizaciones que justifican o relativizan el terrorismo.

-Asentar un relato compartido basado en la Verdad, la Dignidad, la Memoria y la Justicia que neutralice la estrategia de blanqueo histórico de ETA que algunos quieren imponer a toda la sociedad.

- Perseverar en el significado ético y político de las víctimas del terrorismo y hacer llegar su testimonio y su valor democrático a los más jóvenes, como un legado de todos los españoles de bien.

Miguel Ángel Blanco despertó nuestra conciencia, es un símbolo de concordia porque nos hizo comprender que la Libertad hay que ganarla, conquistarla, cuidarla y defenderla ante los enemigos de la convivencia, de la pluralidad ideológica, de los derechos éticos y políticos que tanto nos ha costado conseguir. Evocamos a Miguel Ángel Blanco y de forma inmediata surge un sentimiento de rebeldía frente a los totalitarios, y también una profunda empatía y reconocimiento hacia su figura y la de todas las víctimas del terrorismo. Este simbolismo fecundo que nos honra como ciudadanos de un país libre es lo que conmemoramos hoy aquí, desde el compromiso de no olvidar, de no rebajar nuestras exigencias democráticas frente a todos los terrorismos y terroristas que pueden acecharnos. El legado de Miguel Ángel Blanco nos invita a que permanezcamos alertas y unidos, a que desarrollemos la fortaleza social necesaria para enfrentarnos a aquellos que quieren aniquilar nuestra forma de convivencia y nuestros derechos fundamentales.

Miguel Ángel Blanco y todas las víctimas del terrorismo, siempre en nuestra Memoria.

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