Málaga privatizará la limpieza viaria y hará pública la recogida de basura

Miembros del comité de empresa de Limasa intentan hablar con el alcalde. /Salvador Salas
Miembros del comité de empresa de Limasa intentan hablar con el alcalde. / Salvador Salas

El alcalde cede ante sus ediles en su idea de municipalizar Limasa y cierra el acuerdo con Ciudadanos para los presupuestos del Ayuntamiento de 2018

Francisco Jiménez
FRANCISCO JIMÉNEZMálaga

El alcalde por fin ha deshojado la margarita en cuanto al futuro de Limasa. Y no pasará por la municipalización, como personalmente pretendía Francisco de la Torre, ni por la privatización integral por la que apostaban el grueso de sus propios concejales generándole al regidor una rebelión en sus filas. Ante la falta de acuerdo en el seno del PP y el bloqueo de Ciudadanos a los presupuestos municipales de 2018 mientras no se le diera una salida al futuro de un servicio de limpieza que lleva prorrogado desde el pasado abril con un modelo de gestión mixta (51% privado) que no satisface a nadie en el Ayuntamiento, finalmente se ha optado por una solución intermedia: la limpieza viaria se dejará en manos privadas mientras la recogida de residuos y su posterior tratamiento en la planta de Los Ruices serán de gestión pública, según pudo confirmar anoche este periódico.

En definitiva, el alcalde cede en parte ante los suyos y estos, también parcialmente ante el regidor. Lo suficiente para que Ciudadanos también acepte desviarse unos grados de la hoja de ruta que tenía marcada en este asunto y desbloquee, además, las cuentas municipales del próximo año.

Esta fórmula mixta dejará a la plantilla dividida al pertenecer a entes distintos

El pacto para las cuentas anuales también incluye negociar el futuro de los terrenos de Repsol

Esta propuesta alternativa a la bipolaridad privatización-municipalización ya fue estudiada por el Área de Sostenibilidad Medioambiental a mediados del año pasado, tal y como avanzó SUR. Y se barajó entonces a raíz de las dudas planteadas en el equipo de gobierno del PP, donde siempre se había apostado por la externalización integral pero donde también veían cómo el alcalde empezaba a ver con buenos ojos una Limasa pública, que es lo que defendían los grupos de izquierdas en la Casona del Parque (PSOE, Málaga Ahora, IU-Málaga para la Gente y el edil no adscrito Juan José Espinosa) y también los trabajadores, con quienes De la Torre llegó a acordar que parte de su salario quedara ligado a criterios de productividad medibles mediante encuestas de satisfacción ciudadana. Eso fue en enero, pero la crisis interna le obligó a echar el freno.

Modelo de gestión

En Ciudadanos siempre han clamado abiertamente por privatizar y dividir el contrato en lotes para que se lo adjudicaran varias empresas especializadas, pero se dan por satisfechos con que la limpieza viaria, que es el servicio que más descontento vecinal genera, salga a concurso. En cambio, la recogida de basuras sí que será asumida por el Ayuntamiento mediante la creación de una sociedad pública.

De esta forma, la plantilla de Limasa, que está compuesta por 1.747 empleados fijos, quedaría dividida al pertenecer a entes distintos (unos 1.250 en limpieza, unos 350 en la recogida y el resto, en el centro ambiental de Los Ruices) y, en principio, también con diferentes condiciones laborales. En cualquier caso, todo el personal será asumido.

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Líneas naranjas

Una vez cumplida la exigencia respecto al futuro de Limasa, De la Torre también ha conseguido cerrar con su socio de investidura un acuerdo para los presupuestos municipales de 2018. Las cuentas de este año tendrán que ser irremediablemente prorrogadas por tercer ejercicio consecutivo (desde que el PP gobierna en minoría), pero lo que sí que se garantiza el regidor es que las nuevas puedan entrar en vigor en los primeros meses del año.

El pacto entre populares y naranjas se cerró ayer y este mediodía será escenificado en una rueda de prensa conjunta que ofrecerán De la Torre y el líder de Ciudadanos, Juan Cassá. Una estampa que se producirá después de varios meses de bloqueo ante las cuatro líneas rojas (o naranjas) impuestas por Ciudadanos para sentarse a negociar: el desbloqueo del conflicto de Bomberos que cumple un año, el inicio de los trabajos para habilitar el monte Gibralfaro como parque forestal, la definición de los usos de los antiguos terrenos de Repsol y, la que estaba más enquistada, despejar el futuro de Limasa.

Las negociaciones se han intensificado en las últimas semanas hasta que ayer terminaron de llegar a buen puerto. El mutismo se impuso en la Casona del Parque, especialmente en torno a la gestión del servicio de limpieza. Pero también respecto al futuro de los terrenos de Repsol, sobre el que ambos grupos seguirán negociando un proyecto intermedio en el que se rebaje la edificabilidad (el proyecto vigente contempla cuatro torres de hasta 34 plantas) y se ganen metros de zonas verdes.

Sobre el conflicto en Bomberos, el escollo político también se ha salvado con la inyección de dinero en el Cuerpo para mejorar el servicio, el compromiso de redactar un nuevo reglamento y la próxima negociación del nuevo acuerdo de funcionarios. En cuanto a Gibralfaro, fue el primero en allanarse a finales de octubre con la licitación de las primeras obras para adecuar el monte como parque.

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