Málaga imparte un curso para cuidadores de colonias de gatos asilvestrados

El objetivo es afianzar las claves para mantener estos animales con la máxima seguridad tanto para ellos como para el entorno

SUR MÁLAGA.

El Museo del Patrimonio Municipal acogió ayer una sesión formativa a la que asistieron las personas que han solicitado del carné de gestor de colonias de gatos asilvestrados. El encuentro tenía por objeto afianzar entre los asistentes las claves a tener en cuenta para mantener a estos animales con la máxima seguridad tanto para ellos como para la ciudadanía que reside en el entorno.

La cita formativa incluía charlas a cargo tanto de miembros de la asociación AMAN como de responsables y técnicos municipales del área de Sostenibilidad Medioambiental, en torno a los aspectos más destacados para alcanzar el objetivo de mantener unas colonias estables de forma eficiente, subrayando los compromisos que deben asumir los cuidadores. Asimismo, al finalizar la sesión, los participantes interesados firmaron un compromiso en el que se incluía la información explicada durante la sesión previa de trabajo. Posteriormente, el Ayuntamiento de Málaga les hizo entrega del carné, necesario para asumir esta responsabilidad, que les identifica como los gestores autorizados de una colonia estable en concreto, según informaron desde el Ayuntamiento de Málaga.

El Área de Sostenibilidad Medioambiental ha suscrito con la asociación AMAN un convenio por el que le concede 30.000 euros para sufragar los gastos que conlleva la realización de esta actividad. Los gatos ferales o 'callejeros' son animales que suelen provenir del ámbito doméstico y han pasado a vivir asilvestrados, sin que sea posible su adopción por haber dejado de estar socializados.

En la mayoría de los casos, no son totalmente salvajes, ya que para su alimentación se encuentran en situación de dependencia bien hacia las personas que se hacen cargo de ellos en la calle bien de elementos como contenedores de restaurantes, cubos de basura o similares. De igual modo, cuando se concentran espontáneamente en un punto, pueden llegar a causar quejas entre los vecinos por el ruido que generan o por la suciedad que a veces producen aquellos que, pretendiendo suministrarles alimento de forma regular, no observan unas mínimas pautas para evitar precisamente esos inconvenientes.

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