Málaga desfila ante el portaaviones 'Juan Carlos I'

La cola se extendía a lo largo del paseo junto al dique de Levante. /Ñito Salas
La cola se extendía a lo largo del paseo junto al dique de Levante. / Ñito Salas

Centenares de personas aprovechan el fin de semana para conocer el buque de la Armada, atracado en el dique de Levante desde el jueves

PABLO MARINETTO

Málaga. La mañana amanecía soleada y las altas temperaturas animaron ayer a centenares de malagueños a acercarse al puerto de la capital para conocer el portaaviones de la Armada Española 'Juan Carlos I'. El buque llegó a Málaga el 26 de octubre y el pasado sábado acogió en su cubierta una Jura de Bandera Civil en la que más de 500 personas rindieron homenaje a la enseña nacional. (ver crónica, fotos y vídeos del emotivo acto)

El 'Juan Carlos I', que tiene su base actual en Rota (Cádiz), fue construido en Ferrol en 2008 convirtiéndose en el mayor buque de guerra construido en España. Pertenece al Grupo-2 de la Fuerza de Acción Naval de la Flota. Es el barco de mayor tamaño de todos los que posee la Armada, de ahí que no fueran pocos lo que aprovecharon la jornada del domingo para visitarlo y de paso llevarse a casa una fotografía de recuerdo.

Al llegar a La Farola ya podía divisarse la silueta del imponente navío, una escena poco frecuente en el puerto de la capital que dejó boquiabierto a más de uno al levantar la vista para verlo en todo su esplendor. Incluso a los más rezagados, despistados quizás por la presencia de otras dos fragatas militares atracadas en el puerto. Solo los más madrugadores tuvieron la suerte de poder resguardarse del sol en el interior del barco y es que a medida que avanzaba la mañana la temperatura fue subiendo hasta rozar los 26 grados. Aun así, familias con niños, grupos de amigos y personas mayores hacían cola junto a la Casa de Botes para poder acceder al portaaviones y conocer los entresijos que el barco de la Armada esconde tras su casco.

Pese a que el horario de visitas finalizaba a las 17.30 horas, la cola se mantuvo hasta el último momento a lo largo del paseo. Y aunque los grupos iban entrando de manera fluida, la espera era inevitable. Algunos de los asistentes tuvieron que permanecer al sol durante más de tres horas para acceder al interior. Era el caso de Luis Martínez, que llegaba al puerto alrededor de las 12.00 horas junto a su mujer y sus dos hijos. «Barcos así no vienen todos los días y queríamos que los niños vieran cómo es por dentro y cómo se trabaja en su interior», explicaba.

El reloj marcaba las 14.50 horas cuando un oficial de la Armada se situaba al final de la cola para evitar que se sumaran más visitantes. Del mismo modo, la Policía Portuaria alertaba a los que se aproximaban desde el Muelle Uno de que ya no podrían acceder más personas al buque. Los hermanos Ana y Jesús Martín venían desde Fuengirola y eran de los últimos en llegar. «Esperamos poder entrar, al menos para verlo, aunque la visita no se alargue mucho», comentaba Ana Martín. Finalmente consiguieron acceder, aunque Luis Márquez y Alberto Sánchez no corrieron la misma suerte. A ellos los dejaron a las puertas y no les quedó otra opción que tomárselo con humor. «No pasa nada, seguro que hay una próxima vez. Esto nos pasa por no madrugar», bromeaba Sánchez.

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