Cuando Málaga tenía un campo de concentración para mendigos

En plena guerra civil estaba prohibido dar limosna y la guardia municipal retiraba a los pedigüeños que había por las calles. La inauguración de este centro de internamiento se produjo en 1938

Cuando Málaga tenía un campo de concentración para mendigos
Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

La mendicidad no estaba bien considerada por las autoridades franquistas. Las personas que pedían dinero o alimentos por las calles se las tenían que ver con los guardias municipales, que recibieron la orden de recoger a los pedigüeños para impedir que solicitasen un óbolo a los ciudadanos. El miércoles 6 de julio de 1938, el entonces alcalde de Málaga, Enrique Gómez Rodríguez, inauguró un campo de concentración de mendigos, según se indica en la edición de SUR de ese día.

El regidor mandó a los agentes de la Guardia Municipal que retirasen de las calles de la ciudad a todos los pedigüeños y los llevasen al citado campo de concentración. El alcalde, además, recordó a los vecinos de Málaga la prohibición de dar limosna en la vía pública «a los mendigos profesionales».

En las páginas del periódico aparecen unas declaraciones de Gómez Rodríguez en las que expresaba su confianza en que los malagueños hiciesen caso de la mencionada prohibición. «Espero que el público coadyuve con la Guardia Municipal en la total extinción de este problema e indique a dichos agentes los pedigüeños que se dirijan a los transeúntes con peticiones de esa índole», manifestó el alcalde.

Campo de concentración de La Aurora.
Campo de concentración de La Aurora.

La medida de perseguir la mendicidad se enmarca en la política de represión puesta en marcha tras la toma de Málaga por las tropas de Franco, en febrero de 1937, contra la población que no era afín al Movimiento Nacional. La campaña para eliminar a los mendigos se sumó a las detenciones de miles de personas que fueron encerradas y hacinadas en condiciones infrahumanas en los campos de concentración de La Aurora, la plaza de toros, la fábrica de tabacos, Alhaurín el Grande o Torremolinos. Los prisioneros dormían en el suelo, al raso, y sin apenas recibir alimentos.

Pedir para sobrevivir

La presencia de pedigüeños por la vía pública era consecuencia del hambre, la penuria y la miseria que fueron la tónica dominante para las clases más desfavorecidas de la ciudad durante el periodo del conflicto bélico y de la posguerra. La falta de comida y de trabajo convirtió a muchas personas en mendigos forzosos, al no quedarles otra salida para poder sobrevivir.

Los bombardeos que había sufrido Málaga derribaron numerosos edificios y dejaron sin casa a ciudadanos que se vieron abocados a resguardarse allí donde podían y les dejaban. Además de la represión política, con detenciones, encarcelamientos y fusilamientos, una parte importante de la población apenas tenía qué comer. De ahí que la mendicidad fuese la única alternativa para obtener unas pesetas. El hambre era mayor que el miedo a ser arrestados por los guardias municipales y confinados en el campo de concentración. Pese a la prohibición, hubo malagueños que, impelidos por sus buenos sentimientos, socorrieron en lo que pudieron a los indigentes.

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