Magdalena Álvarez, la ministra con la que llegó el AVE

MALAGUEÑOS EN EL CONSEJO DE MINISTROS (XXI)

La socialista malagueña ocupó la cartera de Fomento durante cinco años. Política de fuerte carácter, apasionada y reflexiva abandonó la vida pública cuando dimitió del BEI tras su imputación en el caso de los ERE

Álvarez el día de la llegada del AVE a Málaga. /Sur
Álvarez el día de la llegada del AVE a Málaga. / Sur
Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Aunque nacida en San Fernando (Cádiz) el 15 de febrero de 1952 “de manera casual”, como ella mismo ha dicho en alguna ocasión, Magdalena Álvarez Arza se siente malagueña, provincia en la que ha desarrollado su carrera política y profesional como inspectora de finanzas. Tras haber sido consejera de Hacienda de la Junta de Andalucía durante una década, José Luis Rodríguez Zapatero la nombró ministra de Fomento en abril de 2004, cartera en la que estuvo cinco años, y desde donde asistió a la llegada, en diciembre de 2007, del AVE a Málaga, una infraestructura que se había puesto en marcha años antes bajo los mandatos del PP en el Gobierno central.

Magdalena, no te contengas y disfruta como todos los malagueños”, le dijo el presidente del Gobierno socialista aquel 23 de diciembre en que la alta velocidad llegó a la estación María Zambrano. Un día en el que Álvarez se emocionó con el hito de la llegada del AVE a su tierra y mostró el lado más humano de una mujer dura, de fuerte carácter, apasionada y reflexiva. Para la historia política en un mitin dejó una frase, ante los ataques a su gestión al frente de Fomento, que resume su personalidad: 'Antes partía, que doblá'.

Magdalena Álvarez formó parte del comité asesor de diez notables creado por Zapatero como candidato a la Presidencia del Gobierno y cuando el socialista llegó a La Moncloa la nombró ministra de Fomento “con la responsabilidad de impulsar la finalización o el inicio de varias líneas ferroviarias de alta velocidad AVE, la conclusión de la pista T-4 del aeropuerto de Barajas, activar la ampliación de varios aeropuertos y puertos en todo el país (entre ellos los de Málaga) y evitar los recurrentes problemas de colapso de las carreteras en épocas de mal tiempo”, según recoge el investigador Francisco Miguel Espino Jiménez en el tomo tres del Diccionario Biográfico Español, editado por la Real Academia de la Historia en 2010.

Al frente de la cartera de Fomento vivió momentos dulces como la llegada del AVE a Málaga, Barcelona y Valladolid, pero también episodios duros y amargos como un grave accidente aéreo en Barajas con 154 muertos o el cierre de este aeropuerto durante cinco horas por una copiosa nevada tras un fallo de planificación. A ello se unió que fue la primera ministra reprobada de la democracia tras los problemas con las obras del AVE a Barcelona y por el caos en los trenes de Cercanías. Ante el hecho de que era una de sus ministras más cuestionadas, en la remodelación del Gobierno que Rodríguez Zapatero acometió en abril de 2009 la destituyó de Fomento, siendo relevada por José Blanco.

No terminó ahí la carrera política de esta amante de los números y aficionada a los toros -se declaró como una seguidora de José Tomás-, ya que ese mismo año fue elegida eurodiputada aunque apenas estuvo un año en el cargo porque en 2010 fue elegida, en representación de España, vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Sin embargo, no pudo agotar su mandato de seis años en este organismo financiero ya que dimitió en 2014 tras ser imputada en el caso de los ERE; en ese momento, se retiró de la vida política activa.

Magdalena Álvarez nació en San Fernando, pero pronto se vino a vivir a Málaga, al barrio de la Victoria. Con 16 años se quedó huérfana de padre y madre y desde esa temprana edad tuvo que poner en práctica el consejo que mejor recuerda de su madre: ser fuerte para sobrevivir. Esa fortaleza es la que le sirvió para sobreponerse a las dificultades que han surgido en su vida. Esta inspectora de finanzas del Estado posee un brillante currículum, tanto formativo como académico, y ha sido miembro de diversas entidades públicas empresariales como el ICO, Aviaco o el Banco Exterior de España.

Casada y con una hija, Magdalena Álvarez fue nombrada consejera de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía en 1994, cuando en la Comunidad comenzaba la llamada ‘legislatura de la pinza’ ( IU y PP frente a la mayoría socialista), que le hizo vivir malos momentos como cuando le echaron para atrás unos presupuestos en el Parlamento. Defensora de una caja única en Andalucía, actúo con vehemencia cuando tuvo que negociar con el Gobierno de Aznar para conseguir una financiación autonómica justa para esta tierra en la que se tuviera en cuenta el censo real de los andaluces. En una de esas reuniones con el ministro de Administraciones Públicas Mariano Rajoy le obligó a apagar el puro que encendió el hoy presidente del Gobierno.

“Como consejera se mostró partidaria del déficit cero y de la descentralización fiscal con la constitución de una agencia tributaria en cada una de las diecisiete comunidades autónomas; defendió el controvertido proyecto de crear una entidad financiera única en Andalucía, mantuvo una dura pugna con el Gobierno central sobre la financiación autonómica y trabajó en favor del pago de la deuda histórica del Estado con Andalucía”, subraya Espino Jiménez en la obra citada.

Tras dejar el Ejecutivo autonómico y dar el salto a la política nacional, esta doctora en Ciencias Económicas y Empresariales fue diputada por Málaga entre 2004 y 2009, encabezando la candidatura del PSOE por la provincia en las dos elecciones generales celebradas en ese periodo.

Admiradora de Gandhi, enamorada de la docencia y de un rincón como los Baños del Carmen en la capital, el nombre de Álvarez estuvo en varias ocasiones en las quinielas como posible candidata socialista a la Alcaldía de Málaga, aunque nunca dio el paso.

Magdalena Álvarez fue profesora de Economía en la UNED entre 1977 y 1990, en el Instituto de Estudios Fiscales (1981-1989) y en la Escuela de Prácticas Jurídicas de Málaga (de 1981 a 1989). Tareas docentes que compaginó con su trabajo en la Administración públicas al acceder en 1979 por oposición al Cuerpo de Inspectores de Finanzas del Estado, llegando a ser directora de la Delegación de Hacienda en Málaga. Siempre marcada por un perfil técnico, en 1994 dio el salto a la primera línea política de la mano de Manuel Chaves.

Otros ministros malagueños:

Celia Villalobos, de la Casona a la mesa del consejo de ministros

Utrera Molina, el falangista que no renunció a sus principios

Cánovas del Castillo, el estadista artífice de la Restauración

Romero Robledo, un influyente político de la segunda mitad del siglo XIX

Ríos Rosas, un brillante orador parlamentario que fue dos veces ministro

Cea Bermúdez, el malagueño que fue dos veces ministro de Exteriores

El malagueño que dio nombre al exclusivo barrio de Salamanca de Madrid

Francisco Bergamín, un conservador al frente de cuatro carteras

Agustín Luque y Coca, el ministro malagueño que aprobó la ley de la mili obligatoria

Federico Vahey y Alba, un fugaz y recto ministro de Gracia y Justicia

José de Gálvez, de Macharaviaya a Ultramar

Augusto Miranda, el impulsor del Arma Submarina Española

Andrés Mellado y Fernández, un periodista al frente de Instrucción Pública

Tomás Rodríguez y Díaz Rubí, un dramaturgo malagueño en el Ministerio de Ultramar

José Carvajal y Hué, ministro malagueño durante la Primera República

Bernabé Dávila, un breve ministro malagueño de Gobernación

José López Domínguez, el militar que ayudó a configurar la izquierda española

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