Más que un lugar donde pasar la noche

Personas acogidas en el centro Calor y Café de Cáritas. /
Personas acogidas en el centro Calor y Café de Cáritas.

Más de 200 personas han pasado en apenas unos meses por Calor y Café, el centro de acogida nocturna de Cáritas

INMACULADA MARTOS Málaga

Desde que abriera sus puertas a comienzos de año, ya son 200 las personas que han encontrado en Calor y Café más que un techo donde poder pasar la noche. Un centro de acogida nocturna que es una realidad gracias, en gran medida, a los cinco trabajadores y 35 voluntarios que les ofrecen su escucha, acogida y comprensión

El voluntariado, a pesar de enfrentarse a una tarea dura, comenzando por el horario, está desarrollando un papel fundamental gracias a su grado de constancia y compromiso. Fruto de su actitud y del cariño que ponen en esta misión, en el centro se respira el ambiente sereno y relajado que se pretendía desde el principio.

Respecto a las pautas de trabajo, en el día a día del centro, según cuentan ellos mismos, no pueden establecerse criterios estables, ya que el trabajo que se realiza depende de las circunstancias de las personas a las que se acogen. Unas noches juegan al dominó; otras, enseguida se van a descansar; a la siguiente, tocan la guitarra... La clave está en saber adaptarse al dinamismo propio del centro, que hace que no existan dos noches iguales.

La permanencia media de las personas acogidas en el centro es de trece noches

Francisco Moreno, trabajador de Calor y Café, explica que «cuando conoces de cerca a las personas sin hogar, enseguida se esfuma ese prejuicio que nos hace mantenernos alejados de ellos por miedo a lo desconocido. El simple hecho de que le llames por su nombre y te intereses por si está cómodo o quiere tomar algo, hace que se derribe ese muro que nos separa, y vuelvan a sentirse personas. A raíz de ese cambio, empieza a crearse una relación que facilita el trabajo porque la persona se abre y confía en nosotros. Dependiendo de sus circunstancias y características, se busca el recurso que mejor se adecue a su realidad con la ayuda de las demás entidades que componen la Agrupación de Desarrollo para Personas Sin Hogar. Con todas ellas se trabaja de forma coordinada».

Especial mención merece la actitud de acogida de los vecinos del barrio, que se han volcado con el centro, acompañando a personas y ofreciendo cuanto está en sus manos para ayudar.

La mayor parte de las personas que han acudido al centro de acogida nocturna Calor y café son hombres (81%), españoles (71%), con una media de edad de 46 años y una permanencia media de 13 noches.

El director del centro, Vicente Jiménez, explica que «se trata de personas muy rotas, muy deterioradas, muy desesperanzadas en muchos aspectos». La falta de apoyo social y familiar ante un suceso dramático (fallecimiento de familiar, malos tratos, rupturas sentimentales, desempleo...) es la causa más común. También se observa que la situación del enfermo mental es doblemente injusta cuando pertenecen a familias que no quieren hacerse cargo de sus cuidados. En determinados casos, las familias se quedan con sus pertenencias y los echan a la calle.

A este drama hay que sumar la falta de recursos y plazas para este tipo de patologías. Lamentablemente, no existen recursos suficientes, ni casas tuteladas especializadas para estas personas con limitaciones físicas o psíquicas que no pueden alcanzar las habilidades necesarias para poder acceder a un trabajo normalizado. De ahí la preocupación que muestran los acogidos los fines de semana porque no tienen dónde ir, ya que los lugares donde acuden durante el día suelen estar cerrados. Por esta razón, apuran todo lo posible la estancia en el centro y piden que se abra más tiempo.

Otra realidad complicada que se percibe es la de las personas sin hogar que además tienen cierto grado de dependencia porque si no cuentan con ningún tipo de ayuda externa, no pueden salir adelante por sí mismos.

Jóvenes voluntarios

Más de 60 jóvenes han participado este verano en el Campo de Trabajo Lázaro, una iniciativa organizada por la Delegación de Juventud y Cáritas Diocesana de Málaga. Esta es ya la XXIX edición, y pretende acercar a los jóvenes a la vida de los más pobres. Muchas comunidades religiosas e instituciones eclesiales que en Málaga ayudan a los más desfavorecidos han abierto sus puertas durante unos días para que los jóvenes pudieran acompañar a los que más sufren. Uno de estos centros ha sido Calor y Café.

Fotos

Vídeos