«Ni he llegado en un Aston Martin ni mi secretaria se llama Moneypenny»

Féix Sanz, con la subdirectora del campus de Málaga, Belén Bahía.
Féix Sanz, con la subdirectora del campus de Málaga, Belén Bahía. / F- Silva

El director del CNI, Félix Sanz, desgrana algunas claves del servicio secreto en la conferencia inaugural de los cursos de verano de la UNIA en Málaga

Juan Cano
JUAN CANOMálaga

El marido llega a casa y encuentra a su mujer haciendo la maleta.

–«¿Dónde vas?», le pregunta.

–«No puedo decírtelo», responde ella. –«¿Con quién vas?», continúa.

–«No puedo decírtelo».

–«¿Me llamarás?», insiste él.

–«No creo».

«Al mirar por la ventana, ese hombre ve a su esposa perderse entre la niebla con una persona del sexo opuesto. No volverá en un mes». Con esa escena describió el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz, el «sacrificio personal» que supone servir en el servicio secreto español, «que es más servicio que secreto».

El máximo responsable de la ‘inteligencia’ española estuvo ayer en Málaga para pronunciar la conferencia inaugural de los cursos de verano del campus tecnológico de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), titulada ‘El CNI: instrumento para nuestra seguridad’. «Las novelas y el cine han dotado a nuestra profesión de una liturgia que no existe. No uso sombrero, y si lo usara lo tiraría y seguramente no caería en la percha. Tampoco he venido en Aston Martin –he hecho cola como todo el mundo en el aeropuerto y he cogido un utilitario modestito– ni mi secretaria se llama Moneypenny. Se llama Aurora», bromeó Sanz, que fue presentado por el rector de la UNIA, José Sánchez Maldonado; el vicerrector José Luis Sánchez-Ollero; y la subdirectora del campus, Belén Bahía.

La conferencia estuvo precedida por un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils. En una sala abarrotada de público, entre el que se encontraba el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y mandos de la Policía y la Guardia Civil, el director del servicio secreto desgranó la actividad de los 3.500 hombres y mujeres bajo su mando, que «sirven a España con muchos riesgos y sacrificios, en secreto, sin poder decir lo que hacen ni a su familia ni a sus amigos». El director del CNI justificó ese sigilo como un medio, un instrumento –análogo a lo que puede ser un ordenador– para un fin: «Proteger a nuestras fuentes».

Sanz aseguró que el CNI es el «servicio secreto mejor reglado del mundo», ya que, aclaró, «en el modelo español son los tribunales de justicia los que permiten trabajar a los servicios de inteligencia y estos hacen lo que el gobierno necesita, no lo que ellos creen que el gobierno necesita». Y añadió: «No existe mejor medio para medir una democracia que los parámetros con los que trabaja su servicio secreto. Si son un estado dentro del Estado, sirven a una idea política, o a una persona concreta, o cambian la realidad para el ejercicio de la política, esa es una democracia pobre».

El director del CNI apoyó esa independencia del servicio de inteligencia español en su propio ejemplo, ya que fue nombrado con un gobierno socialista y después el PP lo mantuvo en el cargo. «El CNI está operando como un elemento absolutamente imparcial en la vida política que trabaja solo para el Estado», expresó.

Sanz aclaró que el servicio de inteligencia trabaja para la seguridad de los ciudadanos españoles –«no sólo la física», precisó–, sino para que puedan desarrollar con absoluta normalidad aspectos comunes de su vida cotidiana, como repostar combustible o utilizar el gas –garantizando los suministros–, que no sufran más vaivenes en su economía que los propios del mercado financiero, o que usen el ordenador o el teléfono sin que nadie espíe sus conversaciones.

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