«Los jóvenes tomáis decisiones con más información y con más prepotencia»

Pedro García Aguado, ayer en el Palacio de Ferias y Congresos con una de las asistentes al congreso. :: salvador salas

El exmedallista y 'coach' Pedro García Aguado pone en pie a más de 1.000 jóvenes en la I edición en Málaga del congreso 'Lo que de verdad importa'

ANA PÉREZ-BRYAN MÁLAGA.

En la piscina de competición, «con mi bañador pegadito», Pedro García Aguado se creía capaz de todo. Tenía el reconocimiento al que aspira cualquier deportista de élite, una medalla olímpica y una carrera prometedora, pero cuando salía de allí, en seco, no era capaz de mantenerse en pie. Alcohol, cocaína, éxtasis porros... estar dos o tres días sin consumir era casi tan difícil como llegar a lo alto del podio. Él lo hizo en el doble sentido -en el del deporte y en el de las drogas- pero al final pesó más el lado oscuro. En su agenda vital, el medallista y 'coach', que ayer logró poner en pie a las más de mil personas (sobre todo jóvenes) que abarrotaron el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga para asistir a la primera edición en la capital del congreso de la fundación 'Lo que de verdad importa', tiene apuntada una fecha de 'no retorno': el 3 de abril de 2003, cuando se sentó delante de un psiquiatra que le soltó así, sin rodeos, que era «un politoxicómano». «¡Anda ya!, si yo me creía el puto amo y ahora resulta que soy politoxicómano». El 28 de ese mismo mes empezó su otra carrera, la de verdad, «no la de buscarle un sentido a la vida sino la de buscar una vida»: ingresó en un centro de desintoxicación, convencido aún de que «cómo un tío como yo, con mi chándal y mis medallas, podía ir allí con una panda de yonkis». Pero así fue. De ahí salió un nuevo Pedro, reconvertido con el paso del tiempo en 'coach' y terapeuta y en un referente indiscutible para jóvenes que siguen los pasos que él siguió y que fueron carne de cañón y de televisión en el programa 'Hermano Mayor'.

Y así, como ese 'Hermano Mayor', se ha mostró ayer Pedro García Aguado con los adolescentes que despidieron en pie al personaje que logró superar los fracasos, «pero sobre todos los éxitos». «Porque a veces ese éxito puede ser un arma de doble filo», destacó el exdeportista, que lejos de querer ser un «espejo en el que mirarse» sí hizo repaso por su vida y su carrera para hacer ver que «las decisiones que tomamos son importantes, y que a veces no nos llevan por el camino que queremos». En su caso, esa «época de cambio» que le llevó a todo lo demás (lo bueno y lo malo) comenzó con el divorcio de sus padres, a los 12 años: aquello supuso un cambio en la familia, en el hogar y sobre todo en la escuela. En el colegio nuevo «aprendí a correr rápido» porque nada más llegar se topó con las amenazas de muerte de un grupo de 'rockers'. Al 'bullying' le sumó la segunda boda de su padre -«mirad en esa foto cómo me vestí, no es extraño que cayera en las drogas, eh?», admitía en uno de los muchos momentos de risas que tuvo el encuentro-, la falta de control en casa y el descubrimiento de la piscina, donde iba con sus hermanas. «Allí nos juntamos unos cuantos que queríamos cambiar las cosas, llegar a lo más alto y tocar el cielo con las manos», dijo con insistencia. Porque si algo subrayó García Aguado fue la importancia «de que cada uno encuentre su talento: buscad lo que os gusta y adelante. ¿Que te gusta tocar la flauta? Pues no la toques una hora, ¡tócala ocho y conviértete el mejor en eso!».

Talento, esfuerzo y descaro

«Tenéis derecho a estar enfadados, pero no a ser crueles con las personas que os quieren»El congreso también contó con las charlas de Toñejo Rodríguez y de Paco Arango

En esa búsqueda de lo que a él le gustaba se cruzó «lo otro», pero el 'coach' insiste que hay herramientas para no desviarse de ese camino: «Hacen falta talento, esfuerzo y descaro». Y sobre todo la certeza de que «las cosas no van a llegar en el momento que quieres». Ahí estuvo la base del mensaje que García Aguado intentó transmitir a jóvenes y adolescentes, a los que aplaude un punto fuerte que a la vez muestra una debilidad: «hoy en día las decisiones vosotros las tomáis con más información, pero también con más prepotencia». ¿Y por qué?: «Porque vosotros sois de la generación de las nuevas tecnologías, y por eso vuestros padres se desesperan cuando ven que no sabéis esperar», les dijo a los jóvenes, que volvieron a estallar en risas cuando 'Hermano mayor' admitió una obviedad para todos (los mayores) menos para ellos: «¿Sabéis que antes las cámaras no estaban en los teléfonos móviles? Antes había una cosa que se llamaba carrete, y si hacías fotos un verano y te sobraban 12, esperabas al siguiente para revelarlas».

En ese necesario «saber esperar» se construyen las personalidades fuertes, destacó García Aguado, que en todo momento se puso en el lugar de esos adolescentes y en su manera de ver las cosas: «Sé que las cosas no van como queréis, tenéis derecho a estar enfadados pero no a ser crueles con las personas que os quieren». Ahí, otra de las claves que ilustró con el ejemplo propio: «Durante muchos años no me hablé con mi madre, ella se había divorciado de mi padre y yo la hacía responsable de todo lo que había pasado. Yo tenía la verdad absoluta». Felizmente él tuvo tiempo de cerrar las heridas con su madre desde que se rehabilitó y hasta que ella falleció hace dos años de cáncer, «pero a veces no existen esas nuevas oportunidades»: sin ir más lejos, él no pudo despedirse de su abuelo, que le pagó el tratamiento de rehabilitación, porque cuando su padre lo llamó para avisarlo «yo preferí tirarme tres días completos de fiesta».

«No os vayáis nunca de casa sin darle un beso a vuestros padres y decir que los queréis», pidió el exdeportista tras dejar -también- un par de consejos para esos padres: «Y vosotros -dirigiéndose al público más maduro- tenéis que educar a los hijos que tenéis, no a los que queréis tener». Y otro más que ha repetido cientos de veces cuando los padres se le acercan para preguntar qué es lo que tienen que hacer para «no tener un hijo como los que salen en 'Hermano Mayor'»: «Hay que educar en el principio de la realidad, en hacer ver que las cosas no pasan cuando queremos, sino cuando tocan».

La cadena de casualidades

En esa cadena de casualidades, o de que efectivamente las cosas no pasan cuando uno lo espera, se movieron las otras dos intervenciones del congreso 'Lo que de Verdad Importa', dos lecciones de vida que corrieron a cargo del deportista Toñejo Rodríguez y de Paco Arango, el 'alma mater' de la Fundación Aladina que se dedica a hacer más fácil la vida a niños con cáncer.

En su intervención, Rodríguez demostró que existen personas «con un don especial para la vida»: a los 16 años un grave accidente de quad cross lo dejó en una silla de ruedas que sin embargo no ha sido ningún impedimento para afrontar todo tipo de retos: Rodríguez ha sido piloto de Fórmula Uno en el Mar, ha sido campeón con motos de agua e incluso participó en el rally Dakar con un camión «al que tenían que subirme con una grúa». Que no le quisieran dar el permiso de conducir por estar en una silla de ruedas -aunque finalmente lo obtuvo en Brasil- dejó una de las reflexiones más potentes de la jornada: «No tiene nada que ver la discapacidad con la incapacidad». Y su trayectoria es el vivo ejemplo de que si se quiere se puede: «¡Que nunca os corten las alas!», rogó a los jóvenes asistentes al congreso.

Esa capacidad de sumar voluntades, y sobre todo de construir con granos de arena por pequeños que sean, llevó por su parte a Paco Arango y a su Fundación Aladina a ser una referencia imprescindible en la atención y cuidado a niños con cáncer y a sus familias. «Somos, para desgracia del cáncer, su mayor contrincante», celebraba Arango en una charla repleta de guiños, de música y de momentos emotivos. «La vida es un regalo, y todos tenemos la responsabilidad de hacer algo un poquito mejor. Hay que vivir como si no hubiera un mañana, pero siempre con la mirada levantada para ver si alguien nos necesita», pidió Arango, cuyo esfuerzo al frente de la Fundación Aladina se ha traducido en dos películas ('Maktub' y 'Lo que de verdad importa') que han permitido sufragar una UCI especializada en niños con cáncer en el Hospital Niño Jesús de Madrid, el lugar desde donde esa Fundación Aladina cumple deseos... aunque para ello sea necesario algo más que una lámpara y un genio.

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