José Antonio Sánchez Herrera: «La enseñanza pública y la concertada no somos competencia»

José Antonio Sánchez, en el Seminario Diocesano. /FRANCIS SILVA
José Antonio Sánchez, en el Seminario Diocesano. / FRANCIS SILVA
Presidente de la Fundación Victoria

Siete mil estudiantes, en 31 colegios y con 700 trabajadores, da idea de la dimensión educativa de la Fundación Victoria, heredera de las antiguas escuelas rurales y que este curso cumple 25 años

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

José Antonio Sánchez Herrara preside la Fundación Victoria-Colegios Diocesanos. Hace 25 años que monseñor Fernando Sebastián decidiera reunir en una única fundación educativa todas las escuelas diocesanas repartidas por la provincia y regidas por un patronato. La obra educativa de la Iglesia católica se remonta a cien años atrás, con los obispos Juan Muñoz Herrera y Manuel González García –recientemente declarado santo–, e impulsada en la etapa de Herrera Oria.

El obispo, monseñor Catalá, le ha nombrado recientemente vicario general de Málaga. ¿Cómo ha recibido este encargo y en qué puede afectar a su labor al frente de la Fundación Victoria?

–He recibido el nombramiento de vicario general como una nueva oportunidad de servir a Dios y a la Iglesia, con gratitud y con humildad, recordando las palabras de Jesús: «Siervos inútiles somos, no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer». Creo que este nombramiento no afecta a la Fundación, es una obra eclesial y educativa bien consolidada y bien organizada.

Precisamente Jesús Catalá se refirió hace unos días a la ‘renovación valiente’ de la escuela católica. ¿cómo interpretar estas palabras?

–Va en la línea de lo que el Papa Francisco está repitiendo insistentemente, una escuela que tiene que estar dentro de lo que él llama la revolución de la ternura, una escuela que tiene que ser muy inclusiva, y todo lo que el Papa pide, que los niños del mundo estén conectados por internet, que tengan una educación más lúdica, más integrada. El Papa lo tiene muy claro: o cambia la educación o no cambia el mundo. Nos insiste mucho en eso, en una educación que vaya más al corazón que a la cabeza, una educación integral; no vale aprender mucho si no sirve para cambiar nuestra vida.

31 colegios, 7.000 alumnos y 700 trabajadores, será complicado coordinar toda esta tarea...

–Si lo tuviera que llevar uno solo, sería imposible. Hay un equipo directivo extraordinario, y luego 30 directores que son un regalo de Dios; creo que lo mejor que tiene la Fundación son las personas que trabajan en ella, nuestros edificios son muy sencillos, nacimos donde nacimos y ahí estamos, y si se ha mejorado algo es porque ha mejorado el entorno también gracias al colegio. Lo mejor que tenemos son nuestros profesionales, que dan mucho más de lo que ganan.

¿Cómo es la relación de sus colegios con el resto de colegios privados y con los públicos?

–Es bastante buena. Nosotros nacimos como patronatos, que era una figura de colegios de la Diócesis y los maestros eran con oposición, por lo que siempre hemos tenido una relación muy estrecha con la escuela pública. Aunque yo creo que la concertada es también pública, porque se rige por los mismos criterios a la hora de admitir alumnos, es tan pública como la otra pero es menos ayudada, es la gran diferencia entre un colegio concertado y los que llamamos públicos. Pero la relación es muy buena. Estoy convencido de una cosa, en Málaga solo el 18% de la enseñanza tiene ideario católico, el resto está en la escuela pública, y poco en la privada privada. A mí, como cristiano, que la escuela pública funcione muy bien me interesa, porque no es competencia, a mí lo que me agrada es que la dos redes funcionen muy bien, esa es la clave para avanzar y mejorar.

¿Qué función cree que cumple la escuela concertada en una sociedad aconfesional?

–La escuela concertada, católica o de otro signo, aporta algo que es fundamental: es un canto de libertad porque si hay una única red, ¿dónde está la libertad de elección de los padres? La escuela concertada es una gran ayuda para la libertad de los padres. Sería un enorme error que desapareciera porque ha conseguido algo que era impensable, que niños de cualquier segmento social se puedan educar en el mismo lugar.

En su opinión, ¿qué diferencia a un colegio religioso de otro laico?

–Creo que el colegio tiene una identidad y ofrece un ideario, lo que no significa que todos tengan que comulgar con esas ideas, en ningún caso son colegios en los que se adoctrine, sencillamente tiene unas claves identitarias que son el evangelio de Jesús. Pero ahí se puede educar todo el que quiera, siempre que respete nuestra identidad. En muchos de nuestros colegios hay musulmanes o protestantes, y no hay problemas interreligiosos. Un buen cristiano tiene que ser un buen ciudadano. Yo me encuentro con muchos padres que no son practicantes pero que eligen nuestros colegios porque les gustan los valores que se transmiten. Y conozco colegios públicos que son un ejemplo de tolerancia, y otros que ponen todas las trabas posibles a la clase de Religión. Y esta es la única asignatura que hay que solicitar todos los años, una cosa demencial. Y a pesar de eso, los padres la piden.

Ustedes ponen especial énfasis en la relación con las familias, ¿cómo entiende este vínculo con la labor de la escuela?

–El propio Papa entiende que el pacto escolar no es solo entre los políticos, el pacto educativo hay que hacerlo entre escuela y familias. Mientras que las familias no descubran que la escuela es parte esencial en la educación de sus hijos, que tienen que apoyar a la escuela y mientras los docentes no contemos con las familias, el pacto educativo es imposible. El pacto escolar es familia-colegio, no entre políticos.

¿Es optimista respecto a ese pacto de Estado por la Educación?

–Espero que sí, que seamos capaces de llegar a consenso en un tema que es básico. Espero que los partidos se pongan de acuerdo para una ley que dure, al menos 30 años, por decir una cifra... Lo que no se puede es estar cambiando de ley educativa cada 5 o 6 años. Debe ser una ley que lleve consigo una financiación mucho más holgada, tanto para la escuela pública como para la concertada. El Estado, que gasta en otras direcciones, aquí es donde debería invertir sin miseria.

En algunas comunidades se han eliminado conciertos educativos, ¿temen un ‘efecto contagio’?

–Soy un hombre de esperanza. Pero sí estoy en desacuerdo en que la Iglesia tenga algún tipo de privilegio en lo que es la enseñanza concertada. Al contrario, creo que hacemos una labor impresionante, una labor inclusiva. Son tópicos que se mantienen, y como es la institución menos agresiva, es a la que más patadas le damos porque no las devuelve, y creo que no es justo. Por que, ¿a quién beneficia que se cuiden por igual el concertado y el público? Pues al alumno. La decisión en Valencia de suprimir líneas en la concertada fue muy contestada por los ciudadanos.

«Educación nos trata muy bien; sería injusto decir otra cosa»

- Este año, como todos en los que hay renovación de los conciertos, ha habido polémica en relación a la eliminación de unidades. ¿Cómo han vivido ustedes este proceso de renovación?

–En los 25 años que llevo en la Fundación, ningún año ha sido fácil, porque el mundo de los conciertos no es fácil, no es sencillo poner de acuerdo a la administración y a los colegios privados. Pero yo tengo que decir que a nivel de planificación y centros en Málaga se nos trata bien; sería injusto decir otra cosa. En la Delegación de Málaga la planificación funciona muy bien. A nosotros tener un concierto único nos ha venido bien, dando respuesta a los problemas donde se presentaban las necesidades.

-Entiende entonces que la Junta cierre algunas unidades...

–El problema es que ya hay más oferta que demanda de plazas escolares. Pero lo que no puede ser es limitar la libertad a los padres. No me parecería bien cerrar un aula que está llena para llenar la que no se llena. Pero si no se llena un aula, entre todos tendremos que llegar a un pacto. Pero hay una realidad numérica, y es que en muchas aulas nos encontramos que hay más bancas que niños.

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