Jesús es la auténtica morada de Dios

MARIELA MARTÍNEZ

«Lo nuevo pide novedad», así rezaba un artículo hace algunos años. Y el Reino de Dios que trae Jesús está lleno de novedades: una alianza nueva, un culto nuevo. La primera es narrada en clave de banquete de bodas en el relato de Caná. Ahora Marcos nos presenta una manera nueva de relacionarse con Dios.

Jesús sube a Jerusalén con motivo de la Pascua y, como buen judío, acude al templo. Allí se encuentra con algo que no le gusta: vendedores de animales para los sacrificios y cambistas en sus puestos. Con un látigo echa a todos fuera del templo y vuelca las mesas: «No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado». Con estas palabras explica el gesto que para muchos es escandaloso. El culto en el templo de sacrificios y ofrendas se ha convertido en un negocio. Con esta acción simbólica, al estilo de los profetas, y las palabras que lo iluminan, Jesús está afirmando que a Dios no se le puede comprar, manipular o utilizar para nuestros intereses. Sin embargo, los judíos no terminan de entenderlo y lo interrogan. Jesús, con su respuesta, que relaciona la destrucción el templo con su propia muerte, se declara a sí mismo el verdadero templo. Para acercarse a Dios y relacionarse con Él, solo hay una manera: entrar en comunión con el Señor, adentrarse en su persona. Jesús es la autentica morada de Dios. Sólo sumergiéndonos en su estilo de vida y sus valores, podremos encontrarnos con el verdadero Dios. «Todo lo nuevo, incluso la felicidad, causa espanto». (F. von Schiller).

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos