El inmigrante no disparó

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Historia de Málaga

En 1988, un marroquí fue detenido acusado de herir a un agente en un furgón policial

José Manuel Alday
JOSÉ MANUEL ALDAY

El 23 de marzo de 1988 un furgón de la Policía Nacional estaba estacionado en el patio del hoy Museo de Málaga y entonces sede del Gobierno Civil. Iban a trasladar a unos inmigrantes que estaban detenidos en los calabozos de la Comisaría, ubicada por aquel entonces en el mismo edificio, para ser expulsados del país. De pronto sonó un disparo dentro del vehículo policial. Al instante se oyeron los gritos de uno de los policías que se encontraba en su interior pidiendo ayuda al resultar herido. Los agentes lo evacuaron rápidamente al hospital en estado grave con una bala en el estómago. Seguidamente, armas en mano, se dispusieron a neutralizar a quien suponían le había disparado dentro del vehículo policial.

Tras unos momentos de gran tensión, en los que las grandes puertas del Palacio de la Aduana fueron cerradas a cal y canto para evitar la posible fuga de los inmigrantes, los policías sorprendieron en el interior del furgón a un marroquí con el arma del agente en sus manos. Fue reducido y detenido inmediatamente acusado de haber disparado al policía. Sin embargo, al día siguiente de recibir el disparo, cuando mejoró su estado, el agente herido pudo relatar a un médico del Hospital Carlos Haya que le atendía que el disparo recibido fue fortuito, lo que se comunicó a los investigadores del caso. Tras tomarle declaración al agente herido, la investigación determinó que en el vehículo policial se encontraban en el momento del disparo el agente herido, que ocupaba su puesto de conductor, y un marroquí. Otro agente que participaba en la conducción había dejado en la parte delantera del vehículo una bolsa de mano con su arma, y se dirigió a recoger a otro inmigrante, que se encontraba en los calabozos, donde está prohibido entrar armado.

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El agente conductor fue entonces a retirar la bolsa que contenía el arma, cayendo esta y disparándose el revólver contra el policía, que comenzó a gritar al verse herido en el abdomen. Los gritos de este y el sonido del disparo propiciaron un clima de gran confusión en el interior del Gobierno Civil, y los policías creyeron que el inmigrante le había disparado a su compañero. El hecho de que el inmigrante recogiera la pistola, asustado, y fuera sorprendido por los policías con el arma en la mano en el interior del furgón, de donde no salió en ningún momento, contribuyó a mantener esa hipótesis, que tampoco pudo ser verificada al instante, dado que el marroquí no hablaba español y que el policía había sido evacuado inmediatamente al hospital, según se apresuró a aclarar el Gobierno Civil.

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