El incivismo y la falta de limpieza convierten el paraje del Guadalhorce en un vertedero

Basura acumulada junto a la desembocadura del brazo oriental del río Guadalhorce. / Salvador Salas

A la acumulación de basura en el entorno de la desembocadura se le suma el olor de las aguas estancadas del canal de pluviales paralelo al río

Francisco Jiménez
FRANCISCO JIMÉNEZMálaga

Al paraje natural de la desembocadura del Guadalhorce suelen ir muchos malagueños a practicar algo de ejercicio, ya sea a pie o en bicicleta. Otros van a echar un rato de pesca o a recrearse con la amplia variedad de aves que habitan en este enclave y disfrutar del entorno, especialmente ahora que el problema de los mosquitos está más controlado. Pero también hay quienes acuden a este enclave para desprenderse del viejo sofá, tirar el antiguo televisor y, aquellos que están más duchos en mecánica, incluso para cambiarle el aceite al coche y dejar todos los residuos allí esparcidos. La 'idílica' estampa la adornan una infinidad de latas, botellas, bolsas y cartones por toda la zona comprendida entre Sacaba Beach y el brazo más oriental del río, en donde por si fuera poco se suman las aguas estancadas del canal de pluviales que discurre en paralelo al ramal que conecta la autovía con el paseo marítimo. Por regla general, su salida al mar queda taponada por la arena, generando malos olores, por lo que de forma periódica deben ir las excavadoras para despejarla y dragar el cauce, como está ocurriendo esta semana.

Lo que sí se abre paso sin ayuda de máquinas es el incivismo, cuyos efectos se acrecientan ante la escasa presencia de personal de limpieza. De hecho, en el 'planning' de Limasa únicamente se contempla la recogida periódica de las papeleras y pequeños contenedores, quedando el resto de la retirada de residuos a actuaciones puntuales y a demanda, bien de los vecinos bien del director del paraje natural, tal y como reconocen desde el Área de Sostenibilidad Medioambiental.

Esta plataforma es utilizada para cambios de aceite. / Salvador Salas

«Un asco y una vergüenza»

El resultado es el que es: «un asco y una vergüenza». Esta definición tan contundente como clarificadora es de Juan García, que casi todas las mañanas incluye el entorno del río en sus caminatas. A la hora de buscar responsables, no sólo apunta a los servicios de limpieza. «Es cierto que el camión de Limasa sólo pasa de vez en cuando y que todo está muy abandonado, pero la basura no viene sola», afirma este vecino de La Paz. En la misma línea se pronuncia José Antonio Camarena. «Esto se ha convertido en un vertedero. Los bordes de los senderos están repletos de bolsas y botellas. Es una pena cómo está todo y también que no cuiden este espacio», se lamenta justo antes de cruzar el canal de pluviales y continuar su recorrido por la mota del río.

Los terrenos de los antiguos depósitos de gas junto a Sacaba se utilizan para cambiar el aceite del coche

Entre este camino elevado y el cauce del Guadalhorce también hay un llano donde la basura campa a sus anchas. «No entiendo cómo puede venir gente a disfrutar de este lugar tan espectacular que tenemos y luego dejarlo todo tirado. ¿Tanto trabajo cuesta recoger la basura y llevarla luego al contenedor?», se pregunta Antonio Ruiz, que ha aprovechado la mañana para probar suerte con la caña de pescar justo donde las olas se adentran en el río.

Esta semana se está trabajando en el canal de pluviales. / Salvador Salas

Capítulo aparte merece la explanada próxima a Sacaba donde antiguamente estaban los depósitos de gas. Las instalaciones fueron desmanteladas hace una década por motivos de seguridad tras 15 años de abandono. En estos 40.000 metros cuadrados de terreno, el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) contempla un uso público para la creación de zonas verdes y equipamientos, pero la realidad a día de hoy es bien distinta, entre otras cosas porque la parcela sigue perteneciendo a Repsol a la espera de que el Ayuntamiento se haga con la propiedad. El derribo de los muros que cerraban las finca puso fin al asentamiento chabolista que se instaló en el lugar hasta que fue desmantelado en noviembre de 2014, pero lo que sigue imperando es la suciedad. Una puerta, un sofá, un televisor, un capazo de bebé, restos de botellón... «Aquí te puedes encontrar de todo», remarca Juan Carlos Delgado, quien pone el acento en una plataforma de hormigón que se suele utilizar para cambiar el aceite del coche. Esta circunstancia no es precisamente nueva. De hecho, el pasado mes de febrero este periódico se hacía eco de las quejas vecinales. Pero nada ha cambiado, como lo demuestran los restos de aceite vertida y las garrafas. Desde el Área de Sostenibilidad Medioambiental aseguran que tomarán medidas, volviéndole a pedir a la Gerencia Municipal de Urbanismo que se ponga en contacto con los propietarios para requerirle que quite estas estructuras de hormigón.

En cuanto al aspecto que presenta el canal de pluviales que permite evacuar el caudal procedente de arroyos en caso de crecida por lluvias y así evitar inundaciones, desde el Consistorio inciden en que la solución para renovar el agua y evitar los problemas de olores pasaría por inyectarle cada 15 días agua tratada en la depuradora del Guadalhorce. En cualquier caso, precisan que necesitan el permiso de la Junta. «Se les planteó y no obtuvimos respuesta», argumentan.

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