«¡Imagina, después de lo que he pasado, ser indefinido!»

Julio de la Lama/Álvaro Cabrera
Julio de la Lama / Álvaro Cabrera

Julio de la Lama, 40 años

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Aquel viaje de fin de estudios a España en el año 1999 cambió para siempre la vida de este argentino que ya ha perdido (casi) hasta el acento. «Cuando conocí Málaga lo dejé todo atrás: el trabajo, la familia y la novia. Es que ni me lo pensé», recuerda Julio haciendo repaso de aquellos primeros años. Era joven, estaba fascinado por la ciudad y en plena burbuja inmobiliaria cobraba hasta dos y tres veces más en las obras «pero con la condición de que no me diera de alta en la Seguridad Social». Pero aquello se esfumó. Y con eso también su permiso de residencia por la falta de cotización. Así que Julio estuvo indocumentado entre 2004 y 2010 y fue carne de cañón de esa otra cara de la moneda de la que había disfrutado antes. «En esos años apenas trabajé, hacía lo que podía pero fue muy difícil».

Este argentino afincado en Málaga fue víctima de la burbuja inmobiliaria y llegó a peder los papeles

Casado y con un hijo que hoy tiene cinco años pero que en aquella época apenas era un bebé, escuchó referencias de Arrabal a través de otros compatriotas y no se lo pensó dos veces. De eso han pasado cuatro años y varios cursos de entrenamiento para reciclarse y poder optar a otros trabajos: la primera oportunidad, de limpieza en el metro de Málaga, «duró sólo una semana»; pero enseguida llegaría la definitiva. «A los 20 días me llamaron para decirme que necesitaban a una persona para labores de pintura en el centro Inacua», recuerda Julio, quien encadenó un contrato de tres meses con otro de seis «y así durante dos años». Cuando la empresa agotó ese margen legal para los contratos temporales, Julio se temió lo peor, pero la suerte le sonrió y le hicieron indefinido. «¡Imagínate después de todo lo que he pasado, poder decir que soy indefinido!», celebra este argentino que lleva tres años trabajando en el equipo de mantenimiento de Inacua y del Centro de Raqueta y que además ahora ayuda, desde Arrabal, a otros que como él luchan por encontrar su camino.

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