«La imagen que se tiene de los gitanos ha mejorado en estos últimos años»

El centro María de la O de Los Asperones tiene un mural en la puerta con estrellas que representan a los alumnos que se han graduado. :: fernando gonzález/
El centro María de la O de Los Asperones tiene un mural en la puerta con estrellas que representan a los alumnos que se han graduado. :: fernando gonzález

El Colegio María de la O de Los Asperones entrega las 'estrellas' a los graduados después de que este año comenzara la universidad el primer alumno del centro

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Maricarmen y Francisco Juan tienen una diferencia de edad de casi 20 años. Uno es soltero, no tiene novia ni hijos («ni ganas»), mientras que la otra tiene ya tres vástagos con varias edades. En principio, parecen tener en común simplemente que son del mismo barrio y que ambos son gitanos. Sin embargo, hay algo más importante aún que les une: los dos se han sacado el graduado escolar el curso pasado en el centro escolar de María de la O, en Los Asperones.

Precisamente ayer, día de la Comunidad Gitana en Andalucía, fue la fecha escogida para que su director, Patxi Velasco, organizara el evento más importante del año para ellos, la concesión de las estrellas a los nuevos graduados de un centro que este año cumple 30 desde que se pusiera en funcionamiento. El reconocimiento, la música y sobre todo el optimismo y la reivindicación protagonizaron una jornada en la que todos los egresados aprovecharon para relatar algunos de sus planes de futuro. Francisco Juan, por su parte, tiene claro que de momento quiere seguir formándose. «Si no hubiera sido por los profesores y por mis padres, que insistían, yo habría dejado de estudiar. Me alegro de no haberlo hecho, porque ahora se me abre un futuro con muchas más opciones», cuenta.

El caso de Maricarmen es distinto, aunque quizá el esfuerzo haya sido mayor, ya que además de trabajar y sacar adelante a su familia, ha tenido la fuerza de voluntad de estudiar. «Lo había intentado varias veces, pero siempre lo fui dejando. Finalmente me puse con toda la fuerza del mundo y ahora estoy orgullosa de tener el título», apunta. «Ahora seguiré haciendo mi vida, trabajando, pero no voy a dejar de formarme».

Además de la situación de exclusión que se vive en un barrio que supera el 92 por ciento de desempleo, ellos también deben convivir con la triste realidad del racismo por ser de raza gitana. Pese a ello, ambos son optimistas: «Antes nos miraban mal por la calle, no se fiaban y no nos daban trabajo, pero la imagen que se tiene de los gitanos ha mejorado en estos últimos años», dice Maricarmen. Ahora, coinciden también, toca que las administraciones se preocupen un poco más del barrio de Los Asperones, de manera que cada día haya más estrellas en su mural.

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