¿Por qué el Hospital Noble se llama así?

Fotografía antigua del Hospital Noble, que fue construido en el año 1867. :: sur
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Fotografía antigua del Hospital Noble, que fue construido en el año 1867. :: sur

Su nombre se le debe al doctor inglés José Guillermo Noble, que viajó a Málaga para recuperarse de su débil estado de salud pero que murió aquí víctima del cólera Lejos de lo que pudiera pensarse, el edificio no fue concebido para atender a los nobles ni hoy en día dispensa asistencia sanitaria

ANA PÉREZ-BRYAN MÁLAGA

Puede que aún para muchos su nombre se preste a la confusión por llevar adherida la etiqueta de 'Noble', pero en realidad este edificio emblemático de la zona de Málaga Este que se alza entre la plaza del General Torrijos y la plaza de toros de La Malagueta ni atendía a los nobles ni es hoy en día un hospital. Hay que echar la vista muchos años atrás para conocer las raíces de su historia, porque en efecto esta construcción neogótica levantada en 1867 estuvo dedicada en su origen a la asistencia hospitalaria y el nombre le vino dado por su mentor y no por la condición de los enfermos que allí se atendían: el edificio fue impulsado por los herederos del doctor José Guillermo Noble, un médico inglés y parlamentario por el condado de Leicester que cruzó su camino con el de Málaga cuando se instaló en la ciudad para recuperarse de su delicado estado de salud. La mala fortuna quiso sin embargo que el doctor Noble muriera a causa de la epidemia de cólera que asoló la capital a principios de 1861, cuando fue a atender a un huésped afectado por esta dolencia en la fonda de la Alameda donde ambos se hospedaban y cayera víctima de un contagio fulminante.

Ahí está el germen de la historia que dejaría para siempre ligado los destinos del médico inglés y de la ciudad, porque tal y como recoge la historiadora y ex archivera municipal Mari Pepa Lara en un extenso artículo publicado en la revista 'Isla de Arriarán', sus herederos quisieron que la capital contara con un hospital auxiliar en el que se atendiera no sólo a los vecinos, sino también a los marineros extranjeros que por una u otra razón necesitaran de asistencia médica urgente. Una de las condiciones que se añadía a esta donación gratuita del edificio a la ciudad de Málaga a partir de estos terrenos cedidos por el Ayuntamiento era que tuviera una finalidad benéfica, pero también otras líneas 'rojas' curiosas: de ninguna manera podía albergar un manicomio o casa de locos, una escuela ni una casa de corrección. Además, en el caso de que el edificio «se dejase arruinar o se aplicase a cualquier finalidad no benéfica» la propiedad del inmueble y el terreno volverían a manos de los herederos del doctor Noble.

Con estas condiciones sobre la mesa, que reportarían a la ciudad la generosa aportación de la familia en forma de hospital tras un desembolso de 20.000 a 25.000 duros de la época, el cabildo del Ayuntamiento acordó la cesión de este solar en el corazón de La Malagueta. Las alineaciones previas al comienzo de las obras corrieron a cargo del arquitecto municipal Cirilo Salinas, la aprobación de las obras fue firmada por el arquitecto provincial Juan Nepomuceno y la dirección de los trabajos recayó en el contratista José Frápolli bajo la supervisión del cónsul inglés, encargado de velar por las peticiones de la familia del doctor Noble.

El Hospital Noble quedó distribuido en torno a tres naves: el cuerpo central daba paso a las diferentes dependencias, la parte de la izquierda quedó reservada a la Casa de Socorro del distrito de la Alameda y el derecho a la capilla, a pesar que con el paso de los años algunas de ellas cambiaron su uso. La gestión de la zona hospitalaria también sufrió cambios con el devenir de los acontecimientos, pero las crónicas de la época recogen que en el año 1884 se formalizó la entrega del hospital a una Junta de Damas, con las que colaboraban las Hijas de la Caridad.

Como curiosidad, el Noble abrió a los pocos días de aquella cesión una consulta pública para los pobres de la ciudad que prestaba servicios de las ocho a las diez de la mañana, pero quizás el acontecimiento histórico que más marcó la historia de esta infraestructura hospitalaria fue el naufragio, frente a la costa malagueña, del buque alemán Gneissenau, que tuvo lugar el 16 de diciembre de 1900. Aquella tragedia no sólo puso a prueba la capacidad del Hospital Noble, que llegó a ingresar a cientos de marineros afectados por el accidente, sino que además permitió que el centro cumpliera con creces uno de los mandatos para el que fue creado: la atención a marineros extranjeros que necesitaran atención médica. Casualidades del destino, la historia también quiso que los marineros alemanes fallecidos compartieran descanso eterno con el propio doctor Noble, ya que a todos ellos están enterrados en el cercano Cementerio Inglés.

Aquella gesta de la ciudad de Málaga por ayudar a los náufragos alemanes quedó plasmada en la donación del gobierno alemán del conocido como Puente de los Alemanes: esta es una anécdota conocida por una gran mayoría de los malagueños que se fraguó con motivo de la riada que asoló la capital en 1907, pero lo que quizás muchos desconocen es que unos años antes, precisamente con motivo del naufragio, los dirigentes alemanes ya hicieron una primera donación al Hospital Noble de la ciudad. A saber, y según recoge la propia Lara en su artículo, 16 camas con colchones, 16 mesitas de noche, un aparto para levantar las camas, un aparato para enrollar vendajes o un armario con instrumental sanitario, entre otros enseres.

El paso de los años mantuvo casi intacto ese carácter asistencial con el que nació el hospital, a pesar de que los acontecimientos históricos generaran algunos cambios desde el punto de vista de la gestión: en el año 1923 el edificio se entregó a al Junta de Damas de la Cruz Roja, durante la dictadura de Primo de Rivera la dirección corrió a cargo del doctor José Gálvez Ginachero (que también fue alcalde de Málaga) y en la II República se le cambió hasta el nombre: pasó a llamarse Hospital Municipal, el doctor Gálvez fue destituido y las hermanas religiosas, que se encargaban del cuidado de los enfermos las 24 horas del día, apartadas. Tras la Guerra Civil, sus instalaciones recuperaron la normalidad y siguió atendiendo a los enfermos de la beneficencia.

Su ampliación llegó en la década de los 60 y las obras se prolongaron casi 10 años: allí se incorporaron servicios como el laboratorio químico municipal e incluso la farmacia municipal, que comenzó a prestar sus servicios en la sede central del Ayuntamiento y que tras la mudanza por unos años a un edificio de la calle Pedro de Toledo por otras obras en la Casona encontró acomodo definitivo en el Hospital Noble.

Precisamente la historia de la farmacia municipal, que tuvo carácter benéfico, fue objeto de una apreciable revisión (y rescate) entre los años 2009 y 2010: en primer lugar porque desde la concejalía de Medio Ambiente, dirigida en aquellos años por Araceli González, se restauraron y recuperaron muchas de las fórmulas, mobiliario e instrumental de la botica que permanecían 'enterrados' en los sótanos del Hospital Noble; y después porque al año siguiente se editó el libro 'La farmacia municipal de Málaga', escrito por la propia Mari Pepa Lara y con todos los detalles de la historia de este servicio. A la pericia y profesionalidad de la ex archivera municipal, incansable en el rescate de la memoria de la ciudad, se sumaba en este caso un 'plus' emocional, ya que sus padres se conocieron y trabajaron juntos en la farmacia municipal durante varias décadas e incluso ella prestó allí sus servicios al principio de su carrera.

A pesar de que la botica prestó atención farmacéutica en el Hospital Noble hasta 1992, la función hospitalaria del edificio ya había comenzado a decaer y a perder importancia en los años 80. A cambio, el Ayuntamiento comenzó a trasladar allí algunas de sus dependencias y oficinas municipales como Bienestar Social, Medio Ambiente, Comercio, Vía Pública o Emasa (la empresa municipal de aguas). En la actualidad, todos estos servicios se han trasladado a otros edificios municipales salvo Emasa, que mantiene allí su sede.

Una vez que el Hospital Noble perdió el uso para el que fue construido, fueron muchas las voces que protestaron por la pérdida de esta infraestructura asistencial para la ciudad y que recordaban que los herederos del doctor Noble habían dejado estipulado que en ese caso el edificio tenía que pasar de nuevo a manos de la familia, sin embargo esa polémica que surgió a finales de los 80 quedó zanjada cuando se promulgó la nueva Ley General de Sanidad: el texto anulaba la competencia municipal que había existido hasta el momento en materia de asistencia hospitalaria y beneficencia, de modo que se asumió, y así lo confirmaba un informe del Área de Medio Ambiente, que «la imposibilidad sobrevenida de la prestación extingue la obligación y el deudor (en este caso sería el Ayuntamiento) queda liberado cuando no es responsable de aquélla». Además, los herederos de la familia Noble no exigieron que se cumpliera la voluntad del testador y el plazo para la reclamación expiró a los cuatro años; quedando para siempre en manos de la ciudad el hospital al que dio nombre el ilustres doctor Noble. Y con él, su historia.

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