Un hogar estable para Kevin

Cristina Gil, junto a sus hijos, Alexia, de 7 años, y Kevin, de 3, junto a las máquinas que éste utiliza a diario para mantenerse con vida. /SUR
Cristina Gil, junto a sus hijos, Alexia, de 7 años, y Kevin, de 3, junto a las máquinas que éste utiliza a diario para mantenerse con vida. / SUR

Una madre pide ayuda para un alquiler social en la capital cerca del Hospital Materno que le permita afrontar los tratamientos de su hijo, que padece una varicela congénita

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

La vida de Cristina Gil López cambió por completo el 18 de julio de 2014, cuando nació su segundo hijo, Kevin. Durante el embarazo contrajo la varicela, por lo que el pequeño nació con graves secuelas, que le ocasionan un 90% de discapacidad. Está permanentemente conectado a una máquina para respirar y precisa de otros siete aparatos para sobrevivir. Apenas una semana después de nacer, esta joven de Humilladero se tuvo que trasladar a la capital malagueña a vivir, junto a su otra hija, Alexia, que tiene 7 años, ya que todos los tratamientos médicos que requiere el pequeño los recibe en el Hospital Materno Infantil.

Durante un año y medio estuvo viviendo en la casa que tiene la Fundación Ronald McDonald cerca del centro sanitario malagueño para acoger a niños enfermos, pero decidió irse a una vivienda «porque mi hijo lo que tiene es crónico, para toda la vida», confiesa entre lágrimas la joven, que no puede trabajar porque tiene que dedicar las 24 horas del día a estar pendiente de su hijo. «El padre vive en Humilladero, me ayuda con lo que puede, pero él también está en el paro», dice Gil, de 27 años.

El pequeño tiene un 90% de discapacidad y está conectado a una máquina para respirar

Actualmente es la Fundación Andrés Olivares la que le está ayudando con el alquiler del piso situado en la avenida Blas de Lezo, la cuarta vivienda en la que está desde 2014. «Lo que pido es un alquiler social, para poder salir adelante, y si puede ser cerca del Materno mejor, porque tengo que ir constantemente a Urgencias», asegura emocionada la joven malagueña, quien destaca que la enfermedad de su hijo le ha cambiado por completo la vida, pero al mismo tiempo le ha hecho «más fuerte y feliz». «Verlo sonreír, cuando vamos al parque, y ve a los otros niños, significa mucho para mí y para su hermana, que está pasando unos momentos muy duros, porque ha estado ya en tres colegios», sostiene Gil López. «Ella ha visto como el hermano se quedaba sin respiración, medio muerto, y lo han reanimado», asegura esta madre.

Apenas 400 euros de pensión

La joven ha decidido pedir ayuda a través de las redes sociales y en los últimos meses no deja de compartir mensajes, fotos y vídeos de su pequeño «superhéroe». «La gente se está comportando magníficamente, me están enviando algo de dinero, ropa, comida, lo que pueden», afirma Gil. Con los apenas 400 euros que recibe como ayuda por la Ley de Dependencia tiene que pagar la luz del piso, que llega a alcanzar los 300 euros mensuales, además de alimentar a sus dos hijos. «Podría asumir un alquiler social de unos 250 euros al mes. He presentado ya cinco escritos tanto en el Ayuntamiento como en la Junta de Andalucía y no me han contestado», se queja esta auténtica madre coraje.

Un grupo de voluntarios está trabajando para organizar una gala musical benéfica para recaudar fondos, para la que ya se han ofrecido varios artistas. Cristina se encuentra muy sola en la capital malagueña, ya que su familia vive en Gerona, de donde ella es natural. «Mis padres están mayores y enfermos y apenas pueden venir a verme», admite. Sin embargo, no pierde la esperanza y sabe que con mucho esfuerzo, ilusión y una mentalidad positiva saldrá adelante. «Ya estoy comprobando que hay gente solidaria y con un gran corazón, que se está volcando conmigo para ayudarme a salir adelante», asevera.

Así, Cristina Gil López explica que «un hombre se ofreció a pagarle al niño el fisiorespirador uno o dos meses». «Con las donaciones he podido comprarle un reanimador», añade. Además, un fisioterapia de atención temprana acude tres veces por semana a casa de Kevin, que también recibe clases de una profesora al no poder acudir al colegio Ciudad de Mobile en el que está matriculado.

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