La heroína sigue causando estragos entre los más jóvenes

Los 300 adictos internados en los centros de la FEMAD tienen entre 13 y 63 años. :: sur/
Los 300 adictos internados en los centros de la FEMAD tienen entre 13 y 63 años. :: sur

La federación que agrupa a 16 asociaciones locales de drogodependencias alerta de los efectos de otro perfil que mezcla juventud, problemas psicológicos y «consumos compulsivos»

ANA PÉREZ-BRYAN MÁLAGA.

«También para drogarse existen las clases sociales». La frase la enuncia con la contundencia que le da la experiencia del 'pie del cañón' -y de la carne de ídem- el presidente de la Federación Malagueña de Asociaciones de Drogodependencias (FEMAD), José Blanco, cuyo grupo integra a 16 colectivos que trabajan en la provincia con las adicciones y que dibujan un perfil al margen de ese otro que sostiene que el 'nuevo' drogadicto es capaz de llevar una vida normalizada durante años hasta que algún desencadenante lo pone en la senda de la rehabilitación. En efecto, esta 'cara B' de la toxicomanía también existe y es la que afrontan a diario los profesionales de la FEMAD. El escenario es igual de desolador porque el problema de base (la adicción) es idéntico, aunque en este caso el perfil medio del adicto es el de un chaval (casi siempre chico) de entre 15 y 25 años «con problemas de consumo compulsivo de alcohol y mezcla de sustancias, es decir, politoxicómano». Así lo avanzaba Blanco ayer durante la presentación de los datos previos de la memoria de la FEMAD y del congreso que celebrarán este fin de semana en la capital para abordar esta realidad.

En su intervención, el presidente de la federación recordaba un consumo que parecía erradicado en favor de otras sustancias pero que está fuertemente arraigado entre esa población tan joven: «Casi todos los afectados que nosotros atendemos están enganchados a la heroína y al alcohol», certificaba poniendo todo el peso de su reflexión en la palabra 'heroína' y en los efectos devastadores que su consumo sigue teniendo entre los adictos. En este sentido, y junto con el perfil de joven y politoxicómano enganchado a estas dos sustancias, Blanco lanzaba una alerta en torno a los «profundos problema de deterioro mental» que arrastran los afectados por esta lacra y que hace décadas no se percibían de manera tan intensa: «Esos cuadros de depresión, ansiedad y problemas de comportamiento son los que nos desbordan, porque los pacientes de hoy en día son muy indisciplinados para las terapias y no atienden ni aceptan las normas», lamentaba el presidente de la FEMAD, quien contraponía esta nueva realidad con la de hace décadas, «cuando en los heroinómanos sí se apreciaba más esta disciplina a la hora de desengancharse».

Y además el alcohol

La adicción a más de una sustancia y el concurso del alcohol en estos cuadros adictivos tan severos están detrás de esos problemas mentales que en demasiadas ocasiones lastran las posibilidades de éxito de los tratamientos. De hecho, la FEMAD confirma que a día de hoy sólo el 15% de los pacientes que acuden a sus programas reciben el alta terapéutica. Es decir, desengancharse. «Es desolador, pero hemos tenido épocas con un porcentaje aún más bajo porque vivimos en una sociedad que estimula el consumo; y los afectados son muy vulnerables», añadía Blanco tras dibujar ese escenario oscuro en el que queda el otro 85%: «vuelven a prisión, a la calle, a recaer...».

Y añade para poner freno a esa sensación creciente de que se puede compatibilizar el consumo con una vida 'normalizada': «Es verdad que el consumo de cocaína está más asociado a una clase con más recursos económicos, que socialmente está mejor visto y que los efectos de la adicción son menos visibles, pero esto no quiere decir en absoluto que existan drogas 'buenas' y 'malas', porque es casi imposible que una persona que desarrolla una adicción sea capaz de ponerse límites». «Desde luego, los afectados que nosotros tratamos no pueden llevar una vida normal en absoluto», añadía Blanco con todo el énfasis puesto en el 'en absoluto'.

En cifras, la federación provincial atendió el pasado año a 3.700 personas, aunque el grueso de este dato se refiere a jóvenes que han participado de una manera u otra en sus actividades de prevención, como las mesas informativas que instala la FEMAD en puntos 'calientes' de botellón o de ocio juvenil y en el que invitan a los consumidores a conocer a través de un test sencillo «qué es lo que lleva lo que están a punto de meterse». «Y luego allá cada uno con su libertad», añadía Blanco aportando otro dato que da que pensar: «El año pasado, un total de 700 chavales fueron informados, y de esos, 365 se sometieron a ese control. Una vez conocidos los efectos de esa adicción, más de 60 de esos jóvenes vieron la necesidad de trasladarse a un centro para desintoxicarse», en palabras del presidente de la FEMAD.

En ese grupo amplio de más de 3.000 personas 'atendidas' en 2017 en la provincia destaca el de los 300 pacientes de entre 13 y 63 años en régimen de internamiento que reciben tratamiento en algunos de los tres centros con los que cuenta la FEMAD en la provincia, y cuyo coste asumen las familias en el caso de que la plaza no sea concertada. «Los precios de los tratamientos, al mes, oscilan entre los 600 y los 800 euros, pero las familias sólo suelen pagar el primer mes para quitarse el 'paquete' de encima, luego son los directores de los centros los que tienen que buscarse la vida para que el enfermo siga la terapia», lamentaba Blanco para terminar de dibujar un panorama que tiende al oscuro y que da la medida de la dificultad que representa el afrontar un proceso de desintoxicación.

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