¿Qué hacemos con las cotorras?

Un ejemplar de cotorra, comiendo higos en Málaga. /Antonio Román
Un ejemplar de cotorra, comiendo higos en Málaga. / Antonio Román

La solución más eficaz es cazarlas con balines, pero no se hace por el rechazo social

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Ya existe un consenso general, tanto institucional como científico, en que las cotorras son una especie invasora que está provocando problemas diversos. En cambio, entre los ciudadanos el tema no está tan claro. Si se le pregunta a los que sufren a diario los ruidos y la suciedad, caso de los vecinos de la Alameda de Colón, la respuesta es muy diferente de la que dan los que no están directamente afectados, y que los ven como una atracción exótica y colorista. Lo que es indudable es que el avance es peligroso, puesto que los estudios científicos dicen que la población se doblará en el plazo de sólo cuatro años. Si ahora son 3.670 (con un margen de error de ±830) según el estudio técnico encargado por el Ayuntamiento de la capital, serán más de 8.000 en 2022. Además, a la argentina se están sumando también la de Kramer y otras especies, como amenazas añadidas.

Y, ante esta situación, ¿qué hacemos con las cotorras en Málaga? La respuesta no es fácil. Si se hace caso a los expertos, la mejor solución es cazarlas con balines, según se expone en el plan de acción que encargó el Ayuntamiento de Sevilla para la cotorra de Kramer. En la ciudad de Zaragoza desde 2015 se ha utilizado este método y se ha reducido la población de 1.500 ejemplares a sólo una decena. En Baleares también se ha hecho del mismo modo. En cambio, este informe pone de relieve que los restantes métodos se han demostrado ineficaces en la erradicación y poco eficaces en el control. Algunos de ellos incluso tienen efectos secundarios negativos que empeoran la situación.

Sobre el papel está claro, pero la realidad es que Sevilla intentó esta medida el año pasado, y retiró poco después la licitación del concurso para contratar a los cazadores, tras las presiones y las amenazas de denuncias de más de 40 colectivos animalistas, ecologistas y sociales.

Oposición social

El Área de Medio Ambiente hizo una consulta al grupo local de SEO BirdLife, que también se mostró contraria a este tratamiento, aunque por razones diferentes a las esgrimidas en el caso hispalense: «Aunque está demostrada la efectividad de la eliminación directa de aves mediante balines, pensamos que la fuerte oposición social que supone este método es suficiente para no usarlo, pues podría suponer la paralización de todas las actuaciones, como ya ha pasado en otras ciudades, y por tanto, no poder dar solución al problema».

Las cifras

3.670
cotorras argentinas viven en Málaga, con un margen de error de 830 arriba o abajo.
8.000
ejemplares de esta especie podrían habitar en la capital en el plazo de sólo cuatro años.

Antonio Román Muñoz, profesor e investigador de la Facultad de Biología de la Universidad de Málaga (UMA), además de experto en estas aves, reconoce que la medida más efectiva para controlar la población es el disparo, pero pone el acento en la percepción social. A su juicio, lo primero es hacer una fuerte campaña de información y de divulgación sobre los riesgos que suponen: «Muchos ciudadanos que ahora lo ven como algo amable, cuando se les explique lo van a entender; y el que no quiera entenderlo se va a oponer siempre».

En el caso de la argentina, aboga por sentar a todos los sectores implicados: administraciones (ayuntamientos y Junta); vecinos afectados y defensores, así como colectivos conservacionistas, y llegar a acuerdos. «El Ayuntamiento tiene miedo a actuar por el rechazo social». Sobre la de Kramer, considera que es controlable ahora, que todavía no es abundante, «pero en diez años podemos tener una situación parecida a la de Sevilla. Es el momento de actuar, igual que hace 12 o 15 años fue el de haberlo hecho con la argentina, y ahora es un problema muy grave en la ciudad». Román no pierde de vista la situación en puntos del Valle del Guadalhorce, como Álora, donde ahora hay núcleos pequeños, pero si se dejan llegarán a causar daños económicos sobre los cultivos. La clave es la prevención, y destaca que se empiece a percibir esta plaga como un problema.

¿Quitar los nidos?

Lo cierto es que, de momento, la única medida de control en la que hay acuerdo entre el Ayuntamiento y la Junta, y que se está aplicando, es la retirada de los nidos que suponen riesgo para la población en el caso de caída. En los últimos cuatro años se han desmontado más de 600. En 2017 fueron 71, aunque el récord se produjo el año anterior, con 263. A nivel administrativo, lo solicita el Consistorio y lo autoriza, por periodos de un año, elGobierno andaluz.

En cuatro años se han retirado más de 600 nidos por el riesgo de caída en la vía pública, aunque los científicos consideran esta medida contraproducente

Esta medida es necesaria en casos de peligro, sobre todo en los de más peso, pero los biólogos coinciden en que resulta contraproducente: «Las cotorras se tienden a dispersar y de un nido que se quita, si salen cinco parejas, cada una hará un nuevo nido en un radio de 50 metros», explica Antonio Román. Estas tardan de 10 a 12 días en construirlo, y generará futuros problemas. «Ya tenemos bandadas de más de 100 ejemplares en la Laguna de la Barrera, me recuerdan a mis observaciones en su hábitat natural en Argentina».

A nivel institucional, nadie se atreve a ponerle el cascabel... a la cotorra. La Delegación de Medio Ambiente del Gobierno andaluz insiste en que cuando la plaga ocurre en la ciudad es una competencia exclusivamente municipal, y se muestra abierta a estudiar y autorizar las propuestas que hagan sus gestores.

En cambio, desde el Área de Medio Ambiente piden a la Consejería del ramo que convoque un grupo de trabajo con los ayuntamientos afectados y la Diputación, de manera que se puedan consensuar las mejores soluciones técnicas y políticas. «No hurtamos nuestra responsabilidad pero hay que afrontarlo de forma conjunta, porque el problema es global. Cuando la gente proteste, la Junta ¿se pondrá de perfil?», se preguntan las citadas fuentes municipales.

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