Invader en el Palacio Episcopal, sí; grafiteros locales en el Soho, no

Los grafitis ya han desaparecido del frontal de la calle Vendeja. / J. S. T.

The Place se ve obligado a eliminar los grafitis de una de sus fachadas porque el Ayuntamiento los considera incompatibles con la normativa

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

No ha podido ser. La artillería legal le ha ganado la batalla al arte urbano en el Soho a pesar de ser promocionado con el barrio de las artes. Mientras Invader sigue ‘adornando’ el Palacio Episcopal y numerosas calles del Centro, The Place Soho, la tienda que tenía un mural de grafitis callejeros en su fachada, se ha visto obligada a retirarlos para no enfrentarse a una importante sanción económica. El Ayuntamiento de Málaga ha resuelto que los dibujos que adornaban todo el frontal de la calle Vendeja son «incompatibles con la normativa».

En el documento enviado a los propietarios del negocio argumentan que dichos grafitis «no se integran con la propia composición del edificio» ya que intervienen en los parámetros ciegos y en los huecos «sin atender a las leyes compositivas del edificio». No sólo eso, sino que dudan de su calidad al detallar que las pinturas realizadas dentro del festival MAUS obligaban a presentar un currículo profesional del comisario «en donde constara la experiencia relacionada con el arte urbano, la justificación del prestigio y la idoneidad de la propuesta en relación al entorno social y físico del barrio».

Por contra, sí les permite mantener, previo pago de las tasas correspondientes, los dos grafitis que muestran en la fachada de la calle Córdoba, que son obra del artista internacional Obbey y del español Suso33, ya que «se disponen a modo de decoración sobre los parámetros ciegos del edificio con carácter aislado dejado ver el fondo».

El propietario del negocio, Manuel Criado, se muestra perplejo tras haber recibido este último escrito, ya que en él se duda incluso de la calidad del mural. «Nuestra intención era darle un espacio a los artistas locales en pleno barrio de las artes, pero ya no tengo claro lo que es cultura para el Ayuntamiento», lamenta. En la fachada lateral, que ya ha sido pintada para devolverla a su estado original, había dibujos del artista aragonés Doger y de varios grafiteros locales que también han desarrollado su arte en el el cauce del río Guadalmedina.

Criado, que contaba incluso con la autorización del propietario del edificio, explica que su intención era renovar esos dibujos cada seis meses para darle más realce a la zona, ya que los artistas locales piden espacios en los que poder desarrollar toda su creatividad. «Muchos han pintado en el cauce del río durante los proyectos puestos en marcha por el Ayuntamiento sin ningún problema, aunque parece que en la fachada de mi negocio sí molestaban», apunta.

Sin querer entrar en comparaciones, Criado lamenta que cada vez quedan menos grafitis en el barrio, lo que le lleva a pensar que sólo se dibujaron para lograr vender las propiedades. No obstante dice que todos los días acuden personas buscando los dibujos callejeros y que los extranjeros están todo el tiempo haciéndoles fotos. «Tienen un potencial de atracción muy grande que ahora se está desaprovechando».

A pesar de todo, este empresario no tira la toalla y quiere volver a negociar con el Ayuntamiento. Explica que va a esperar un tiempo para que se archive el expediente y que entonces pedirá autorización para realizar grafitis respetando la fachada que le acusan de haberla modificado. «Desde que los quitamos no paran de venir a pedirme que los vuelva a poner y que lo intente».

El Consistorio sóloles permite mantener los dibujos de Obey y de Suso33

Aunque contra ese último último escrito aún cabe recurso contencioso-administrativo, este empresario ha preferido no seguir adelante por el temor a las sanciones. De esta forma se resuelve un expediente iniciado el año pasado (SUR 13/5/16) en donde incluso se llegaba a afirmar que dichos grafitis eran «publicitarios».

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