El sueño americano de la 'generación Nokia'

Ingenieros de Tupl, en Seattle. /Sur
Ingenieros de Tupl, en Seattle. / Sur

Pablo Tapia vuelve a casa con Tupl, un proyecto en expansión de inteligencia artificial con 47 empleos entre Seattle y Málaga

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Su empresa, Tupl, es singular por muchos motivos, incluido su origen ‘made in USA’, unos fundadores malagueños, una tecnología en eclosión y un rápido crecimiento que la ha colocado en primera división mundial en inteligencia artificial para gestionar grandes volúmenes de datos en empresas de servicios. A Pablo Tapia, un ingeniero malagueño de 42 años, los retos le acompañan desde sus comienzos en Málaga en el laboratorio de Nokia. Se marchó a EEUU y ahora vuelve con su familia y un bagaje de esfuerzo y éxito para lanzar Tupl a mayor escala y que le anima también a medio plazo a atraer talento y negocio desde EEUU a su empresa y a una ciudad bien colocada en el mapa de la innovación.

El teleco forjado en el antiguo centro de I+D dela firma quiere también atraer talento y negocio de EEUU, donde vivió 12 años

Esta semana irá a su tercer World Mobile Congress de Barcelona, donde Tupl aterriza dentro de la delegación estado de Washington, pero esta vez como invitado platinum. Antes de crear Tupl, Tapia, que tiene la doble nacionalidad, trabajó 12 años en T-Mobile, el gigante en el que ha sido responsable de estrategia. Desde hace dos es el primer ejecutivo técnico (CTO) de Tupl, la ‘startup’ que creó en 2014 junto a otros cinco compañeros malagueños –Juan José Escobar, Ricardo Ferrer , Héctor Montes, Rafael Sánchez y Rafael Guerrero– todos también ‘cosecha Nokia’, todos telecos promoción 1994-2000 y todos migrados a EEUU en busca de nuevos horizontes.

Tartessos fue el salvavidas local que tomó el testigo al centro de I+D+i de Nokia cuando la multinacional finlandesa decidió cerrarlo a los tres años. Luego llegó la fusión con Optimi y en 2011 la compra por parte de Ericcson, cien millones de dólares por aquel cúmulo de talento local liderado por Juan Manuel Melero. Tapia, que anota en su haber el montaje del centro de I+D de Nokia en China, no estaba en el club patanegra de los 12 fundadores y el pelotazo, además, le cogió ya en EEUU. No se lamenta de la salida antes de que Ericsson llegara con su abultado cheque. «Si no, no estaría donde estoy», sonríe al destino. Pablo volvió el pasado diciembre a su tierra, donde dos años antes ya desembarcó Tupl Spain. Los 15 ingenieros de 2016 en Málaga son hoy 25 y 47 sumados los de EEUU, donde conviven 11 nacionalidades «El potencial humano es aquí muy fuerte. Nuestros ingenieros son muy buenos y eso se nos reconoce fuera. Pagando un sueldo decente, un excelente ingeniero aquí me sigue costando la mitad que en Seattle», explica una de las razones por las que decidió que la empresa también tendría aquí sede, además de las de Seattle, Dallas y Atlanta.

Actualmente trabajan 25 personas en El Rayo Verde, el edificio con el que el PTA y la Universidad quieren acortar distancias entre emprendedores y los negocios tecnológicos. En ellos anda desde Málaga Tapia junto a dos de los fundadores, mientras que otros tres operan desde Seattle. Tiene claro que la escala es global para las aplicaciones punteras de la inteligencia artificial. «Todo el mundo habla de la revolución industrial que está ocurriendo y que tendrá un impacto muy fuerte en la sociedad, en cómo cambiará la inteligencia artificial la forma de trabajar de las empresas, algo que todas en un momento u otro se tienen que meter.

Pablo Tapia, sentado en el centro, junto a parte de sus compañeros de Málaga en la sede del Rayo Verde.
Pablo Tapia, sentado en el centro, junto a parte de sus compañeros de Málaga en la sede del Rayo Verde. / Fernando González

Nosotros hemos desarrollado muchas utilidades para facilitar la implantación de la inteligencia artificial», explica quien tiene mucho que ver en las 15 patentes que tiene registradas Tupl, un de ellas ACCR –Automatic Customer Care Resolution– comprada por T-Mobile tras un año de ensayos y que permite agilizar el tiempo y la calidad de respuesta a problemas de los abonados. «Ahora esperan menos de una hora una respuesta técnica a su incidencia cuando antes esperan 45 horas», resume Tapia. Es la idea que les ha permitido el gran salto en el negocio. Nuestro principal producto no es éste sino una plataforma de automatización que permite esa y otras aplicaciones. «Se parece a lo que hizo Apple con el IOs. Hemos creado un sistema operativo que permite innovar sobre las redes de telecomunicación, y ya nos están evaluando otras aplicaciones en EEUU porque las utilidades van más allá de las empresas de telecomunicaciones. Exploramos colaborar con empresas de agua, eléctricas…Un sistema operativo que incorpora inteligencia artificial para resolver problemas cotidianos de ingeniería», explica.

Rentabilidad

Tras dos rondas para captar dinero –una primera de 1,5 millones de dólares en la que hubo presencia malagueña– y otra, de 7 millones, Tupl irá a una tercera ronda tras entrar en rentabilidad con una facturación que Tapia prefiere no revelar. «Varios millones», concede a la insistencia. «Tenemos crecimiento orgánico, pero el mercado se está poniendo al rojo vivo», asegura. El malagueño no sólo ha aprendido y desplegado tecnología en esa meca de la inteligencia artificial que es Seattle, sino que la búsqueda de financiación le ha hecho también un experto que mira también a Málaga más allá de los planes de su empresa. Aportar diversidad tecnológica y enriquecer el ecosistema local está en la mente de los fundadores de Tupl en el largo plazo. «Llevar tantos años en EE UU me ha abierto los ojos a cómo se hace una empresa. Hay que soñar, trabajar mucho, y sobre todo, buscar la manera de financiarse para avanzar más rápido que los demás», resume un modelo que en España no las tiene todas consigo. «A veces una buena idea se queda en el camino y aquí, desgraciadamente, el dinero sigue mirando demasiado al banco o a la vivienda», se lamenta.

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